La ofensiva de Javier Milei contra Paolo Rocca no fue un exabrupto aislado ni un cruce retórico más en la saga presidencial contra el “establishment”. Detrás del apodo “Don Chatarrín”, de las acusaciones de conspiración política y de los señalamientos sobre “sobres” a periodistas y economistas, se despliega una disputa más profunda: el choque entre el nuevo esquema energético que impulsa el Gobierno y uno de los grupos industriales que durante décadas jugó de local en ese tablero.
El punto de quiebre fue una licitación privada para la provisión de caños de un gasoducto clave para el proyecto de exportación de Gas Natural Licuado (GNL), que conectará Vaca Muerta con la costa de Río Negro. Por primera vez, Techint perdió.
“Este es el tercer paso que quiere dar Argentina, que es exportar el gas a los mercados globales. Para eso no se hace por gasoducto, sino por barco. Pero previamente hay que licuarlo”, explicó Juan José Carbajales, ex subsecretario de Hidrocarburos de la Nación, en diálogo con Radio 750. “Esta licitación es para construir un gasoducto que vaya de Vaca Muerta a la costa de Río Negro”.
La novedad no fue solo técnica. Fue política y simbólica. “La licitación es para construir un gasoducto, pero en este caso era para la provisión de los caños. Y en este caso Techint perdió. Ahí está la novedad. Porque siempre ganaba”, señaló Carbajales. La empresa de Paolo Rocca había sido proveedora histórica: en 2022, en el Gasoducto Néstor Kirchner y también en el oleoducto actualmente en ejecución con YPF.
Esta vez, al tratarse de una licitación bajo derecho privado, el juego fue distinto. Se abrió a empresas extranjeras, que llegaron con precios considerablemente más bajos. “Fue una licitación internacional: vinieron empresas de China, de la India y Techint”, detalló el exfuncionario. “Techint sabía que estaba compitiendo con otras, que son con las que compite internacionalmente en otros mercados. De hecho, con la empresa de la India suelen competir en India y en Estados Unidos”.
La derrota dolió más porque ocurrió en su “pago chico”. “Acá jugaba de local. Y la oferta resultó mucho más onerosa”, resumió Carbajales. Hubo intentos de mejorar el número, una baja posterior del precio, pero no alcanzó. La adjudicación quedó en manos de la firma india y, con ella, comenzaron los escarceos públicos sobre el impacto en la industria nacional.
Antecedentes entre Milei y Rocca
Ahí aparece el segundo eje del conflicto: la Ley Bases y el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). “Antes eran licitaciones que hacía el Estado nacional a través de sus empresas públicas y nacionales. No se abría a jugadores internacionales. Esto parece simple, pero era producto de muchas pujas”, recordó Carbajales. Ese esquema se terminó. Sin obra pública y con proyectos liderados por privados, el criterio es uno solo: el precio.
“La licitación es bajo derecho privado y se busca el precio más económico”, insistió. Y fue más allá: “En parte, tu competitividad como oferente depende de tus costos. Y para que este proyecto se viabilice es clave el RIGI. Porque no sólo da estabilidad regulatoria, sino que no se pagan derechos de exportación”.
Ese detalle es central. “Que pueda venir chapa de India es gracias a que no pagan arancel. Esa novedad está en el RIGI”, explicó. Para Carbajales, el mensaje es claro: “El Gobierno lo está haciendo con la economía. Ese es un objetivo del Gobierno. Y con estas intervenciones del Presidente lo ratifica”.
La discusión, entonces, deja de ser técnica y pasa a ser ideológica. Milei no solo defendió la adjudicación: la usó como bandera. En La Derecha Fest habló de empresarios que “hacen negocios turbios con el Estado” y sentenció que “si el capitalista tiene productos más caros y de peor calidad, no es digno del favor del mercado y debe ir a la quiebra”.
El tercer elemento es el político. “Cuando el Gobierno interviene, una vez que termina todo, públicamente jugando partido por la exclusión de Techint bajo el argumento de que si tiene costos más altos no van a permitir que se traslade a precios locales”, analizó Carbajales. Pero advirtió una inconsistencia: “Este gasoducto es para exportación. No se va a vincular con el mercado interno. Y si la empresa que lleva adelante la licitación adjudica a Techint, no perjudica a los consumidores argentinos”.
La pregunta incómoda quedó planteada: “Lo llamativo no es que haya sido una oferta alta, sino que después ofreció igualarla. Entonces eso también fue como un llamado de atención. ¿Cómo podés bajar 40 por ciento tu oferta?”.
La escalada presidencial terminó de romper el vínculo. Milei acusó al grupo Techint de financiar críticas mediáticas y políticas, habló de “sobres” y redobló la provocación al llamar a Rocca “Don Chatarrín de los Tubitos Caros”. El ataque sorprendió incluso dentro del oficialismo, porque la relación había sido fluida en el inicio del mandato.
No es un dato menor: el CEO de YPF, Horacio Marín, trabajó durante 35 años en el Grupo Techint y llegó a la petrolera estatal con el aval del propio Rocca. A fines de 2024, el Gobierno incluso miró para otro lado cuando el consorcio liderado por YPF adjudicó a Techint el oleoducto Vaca Muerta Sur, un negocio de USD 2.500 millones, pese a que había una oferta estadounidense más barata.
Hoy, ese equilibrio se rompió. La pelea deja a Marín en una posición incómoda, tironeado entre su historia empresarial y el alineamiento político que exige la Casa Rosada. Y expone algo más profundo: en la Argentina de Milei, ni siquiera los jugadores históricos tienen garantizado seguir jugando de local.
