A 34 años del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires, el abogado y periodista Horacio Lutzky trazó un panorama sin concesiones. Analizó el estado de una causa paralizada, un encubrimiento multicapa, las conexiones con los atentados en la AMIA, la voladura de Río Tercero y una geopolítica que nadie quiso poner en el expediente.
Era martes.
Eran las 14:50 del 17 de marzo de 1992. En la esquina de Arroyo y Suipacha, en pleno centro de Buenos Aires, una explosión destruyó la sede de la Embajada de Israel en la Argentina. El saldo fue de 22 muertos y más de 200 heridos.
Treinta y cuatro años después, la causa duerme en la Corte Suprema de Justicia, el organismo que, por tratarse de una representación diplomática de un Estado extranjero, tiene a su cargo la investigación, sin avances sustanciales.
Para hablar del tema, en Informe de Pájaros convocaron a Horacio Lutzky, abogado, periodista y coautor junto a Miriam Lewin del libro Iosi, que dio origen a la exitosa serie Iosi, el espía arrepentido, disponible en Prime Video, y autor además de Brindando sobre los escombros y La explosión, dos trabajos dedicados específicamente a reconstruir los atentados a la Embajada y a la AMIA.
Un contexto que nadie quiso contar
Lutzky recordó que aquel martes él estaba en su oficina, en el centro porteño, con la posibilidad concreta de haber estado en el edificio horas antes, donde se había realizado un encuentro de prensa con enviados llegados para hablar sobre tratativas de paz.
“Esas cosas del destino”, reflexionó.
Y agregó que la magnitud del ataque no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones: “Fue hecho a plena luz del día, con la intención de matar a la mayor cantidad de gente”.

Pero el atentado no surgió de la nada. Lutzky fue categórico al situar el hecho en su marco histórico: “Entre los años 91 y 95, el gobierno de Carlos Menem nos puso en un escenario sumamente peligroso con juegos geopolíticos clandestinos, lo que se conoció como el contrabando de armas a los Balcanes, con socios sirios, con socios croatas”.
A eso se sumó, según el periodista, un factor que suele omitirse: la forma en que Menem llegó al poder. “No se puede prescindir de cómo Carlos Menem llega al gobierno recaudando fondos de factores del Medio Oriente que estaban en enfrentamiento bélico con Israel, a cambio de promesas absolutamente irresponsables, que después incumplió porque dio un giro de 180 grados hacia lo que se conoció como la política de relaciones carnales con Estados Unidos”.
Esa traición, para Lutzky, “sonó como una declaración de guerra” y trajo el conflicto a estas latitudes.
El espía, la comunidad y los sótanos de la democracia
El libro Iosi nació cuando un agente de los servicios secretos de la Policía Federal contactó a Lutzky y a Miriam Lewin. Lo que contaron en ese trabajo marcó, en sus propias palabras, “una divisoria de aguas”: “Hay un antes y un después”.
El agente, conocido como Iosi, había sido infiltrado en la comunidad judía durante plena democracia. Pero el caso no era una excepción: “Había otros colegas de él que estaban en organizaciones sindicales, sociales, religiosas, étnicas. Esto con incluso el desconocimiento de las autoridades, del gobierno de Alfonsín, y se siguió prolongando”.
La conclusión más grave que extrajo Lutzky de ese trabajo es contundente: “La certeza de que el Estado espiaba a la AMIA, una organización civil argentina, y lo hacía minuciosamente, y que toda esa información claramente no se usó para proteger, sino todo lo contrario. Él está convencido de que esa información se usó para cometer los atentados”.
Y agregó que no es solo su lectura: “Lo ha dicho la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, lo ha dicho la Corte Interamericana: agentes estatales se dedicaron a desviar la investigación”.
Todo conectado: armas, Irán y Río Tercero
Al ser consultado sobre el contexto internacional, Lutzky fue todavía más lejos y trazó una red de conexiones que va mucho más allá de lo que figura en los expedientes judiciales.
Explicó que el contrabando de armas a Croacia incluyó también un lote destinado a Bosnia musulmana, cuyo pago corría por cuenta de Irán. “Irán mandó sus agentes en esos años a Buenos Aires y fueron hospedados por enviados del gobierno de Menem, eran socios en ese momento”.
Los servicios de inteligencia locales, la SIDE, los monitoreaban, pero miraban hacia otro lado: “El chofer de uno de los sospechosos era un agente de la SIDE. Está probado que los teléfonos estaban pinchados antes de los atentados desde mucho antes. Todas esas pruebas se eliminaron porque era inconfesable que eran socios en ese operativo”.
En ese cuadro se inscribe también la voladura de la fábrica militar de Río Tercero, en Córdoba: “Está indudablemente conectada, y hasta hay figuras que aparecen en la Embajada, en la AMIA, en el contrabando y en la voladura de Río Tercero. Personal de Fabricaciones Militares, cara pintada”, señaló.
Sin embargo, nada de eso llegó a los expedientes. “En las causas de los atentados no hay nada de esto. Hay solamente informes de inteligencia que acusan a los que están a decenas de miles de kilómetros. Nada han dejado sobre la participación local, porque esto obviamente no se hizo a control remoto, se hizo con gente de acá”.
La serie que no movió el amperímetro
Uno de los puntos más paradójicos que señaló Lutzky tiene que ver con el impacto, o la ausencia de él, de la serie Iosi en el mundo judicial. “Lo paradójico es que todo lo que tenía para contar Iosi, que evidentemente todavía tiene, no ha suscitado el interés de aquellos que aún hoy tienen que investigar. No ha movido el amperímetro del mundo real de la investigación, que sigue en un canal paralelo, con funcionarios que dicen que la causa ya se esclareció, con juicios en ausencia”.
Hay, concluyó, “dos dimensiones paralelas que no se tocan, y esto es de lamentar”.
El verdadero encubrimiento por parte del Estado, fuera de agenda
Lutzky también apuntó contra lo que considera una operación de sustitución de la verdad: el episodio del Memorándum, el acuerdo con Irán impulsado durante el kirchnerismo, logró desplazar del debate público el encubrimiento original, que arranca en los primeros años de la investigación.
“El Estado, con fondos reservados, le pagó más de 400.000 pesos a un preso, Carlos Telleldín, para comprarle una declaración y desviar la causa durante 10 años. Esto solo es una cosa de no creer, y no fue un episodio único”. Sin embargo, cuando la mayoría de la gente piensa en el encubrimiento de la AMIA, asocia el concepto casi exclusivamente al Memorándum.
Para el periodista, esa confusión no es inocente: “Con ese episodio se sacó de agenda la cuestión del verdadero encubrimiento. Y ahora esto derivará en una condena contra el kirchnerismo, asociándolo al terrorismo. Con la pata mediática y la pata judicial, los familiares de las víctimas y el pueblo en general siguen sin saber qué pasó realmente”.
Horacio Lutzky es abogado, periodista y autor de los libros Iosi, junto a Miriam Lewin, base de la serie homónima, Brindando sobre los escombros y La explosión.
Dialogó con Luana Haiht y Pablo Mercau en el programa Informe de Pájaros, por Radio Con Aguante.
- Martes | 20 a 22 en Radio con Aguante
- Con Pablo Mercau, Solana López, Jorge Kreyness y Luana Haiht.

