Mientras el Gobierno celebra una recuperación económica equiparable a un milagro, los datos revelan una Argentina partida en dos: los sectores exportadores avanzan, el mercado interno se hunde y más de medio millón de personas perdieron su empleo desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
Hay dos economías argentinas en 2026. Una es la que describe el Gobierno: 400.000 empleos creados, apenas 2.417 empresas cerradas, un PBI que creció el 10%. La otra es la que miden los datos: más de 500.000 puestos de trabajo destruidos, 22.600 empresas desaparecidas, y una economía que, comparada con una base metodológicamente robusta, creció apenas 1,8%.
Esa brecha no es menor ni accidental. Según el informe mensual del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), la estrategia discursiva del oficialismo combina negacionismo y manipulación de datos para construir un escenario alternativo al que reflejan los indicadores de la economía real.
El ejemplo más ilustrativo es el PBI. El número del 10% que esgrimen los ministros del oficialismo se obtiene comparando la actividad de enero de 2026 con la de diciembre de 2023, un punto de partida deliberadamente elegido para ocultar la fuerte caída intermensual de ese primer mes de gobierno, en parte producto de la devaluación que la propia administración implementó.
Si además se considera que ese piso de comparación ya era bajo, afectado por la crisis económica y la magra cosecha de 2023, el resultado se infla artificialmente. Al utilizar como referencia el promedio de 2022, la economía muestra al cuarto trimestre de 2025 un alza de apenas 1,8%.

El país de las dos velocidades
Que la economía argentina haya crecido algo no significa que todos crecieron. El informe del CESO traza con precisión la fractura sectorial que define al modelo actual: los ganadores están afuera, los perdedores adentro.
Al comparar el promedio de los dos primeros años de la gestión Milei con los últimos dos del gobierno anterior, los sectores de mayor expansión son la agricultura, caza y ganadería (+17,6%), la explotación de minas y canteras, es decir, el petróleo y el gas de Vaca Muerta (+16,2%), y hoteles y restaurantes (+12,3%). En el otro extremo, los más perjudicados son la construcción (-15,4%), la industria manufacturera (-9,4%) y el comercio mayorista, minorista y reparaciones (-5,3%).
La lógica del modelo es clara: los sectores que lideran el crecimiento están orientados al mercado externo y tienen baja capacidad para generar empleo. Los que caen son precisamente los más intensivos en mano de obra y los más vinculados al mercado interno.
El resultado, advierte el CESO, es “un patrón de crecimiento que tiende a excluir trabajadores, aun cuando algunos indicadores agregados puedan mostrar mejoras parciales”.
Esta lógica también atraviesa al entramado empresarial. Desde diciembre de 2023 desaparecieron 22.600 empresas. El golpe fue generalizado para todos los tamaños, pero cayó con especial dureza sobre las microempresas, de 1 a 5 empleados, que concentran cerca del 70% del total de unidades productivas del país y registraron una caída del 5,5%.
Los sectores más afectados en términos de cantidad de firmas fueron el transporte y almacenamiento (-14%), los servicios de organizaciones (-12,7%) y los servicios inmobiliarios (-11%).
Sin milagro, el trabajo que no aparece
El mercado laboral es el ámbito donde la distancia entre relato oficial y realidad se vuelve más difícil de sostener. La tasa de desocupación cerró el cuarto trimestre de 2025 en 7,5%, el nivel más alto para ese período desde la pandemia.
La tasa de actividad se mantuvo estancada en torno al 48%, lo que implica que el aumento del desempleo responde directamente a una caída en la tasa de empleo: hay menos gente trabajando, no más gente buscando trabajo.
Frente a esas cifras, la respuesta del oficialismo apunta a una explicación técnica: la baja en el empleo se explicaría casi enteramente por la reducción del monotributo social. El CESO desmonta ese argumento con números. Si bien ese segmento cayó en 381.000 personas, fue parcialmente compensado por un aumento de 170.000 monotributistas comunes y autónomos, en muchos casos, trabajadores que pasaron de esquemas más protegidos a formas más precarias de autoempleo.

La destrucción neta de empleo se concentra en el trabajo asalariado: el sector privado perdió 201.000 puestos y el Estado, 70.000.
En total, considerando todas las modalidades laborales, el CESO estima que desde noviembre de 2023 más de 500.000 personas perdieron su ocupación. La industria manufacturera y la construcción concentran 121.000 de esas pérdidas solo en el empleo registrado privado, en línea directa con el derrumbe de esos sectores.
A ese panorama se suma una informalidad que crece lenta pero persistentemente: hoy alcanza al 43% de la población económicamente activa. El fenómeno tiene dos caras simultáneas: por un lado, la “uberización” del empleo, personas expulsadas del mercado formal que se reconvierten en trabajadores por cuenta propia; por otro, la incapacidad de ese tipo de actividades para absorber la destrucción de empleo en los sectores tradicionales.
Quiénes pierden poder de compra
Si la situación del empleo es preocupante, la de los ingresos no lo es menos. Los datos de salarios reales a febrero de 2026 comparados con noviembre de 2023 muestran que casi ningún sector logró mantener su poder adquisitivo.
Los jubilados que cobran la mínima con bono son los más castigados: perdieron el 18% de su capacidad de compra. Los empleados públicos cayeron un 9% y los trabajadores privados registrados, un 2%. En el desglose por gremio, solo hoteleros y gastronómicos (+5,7%) y los trabajadores de la alimentación (+3,7%) lograron quedar en terreno positivo. Los más golpeados fueron los trabajadores de la sanidad (-15,1%), los de la construcción (-10,2%) y los docentes (-6,6%).
La única categoría que aparece con una mejora es la de los trabajadores no registrados, cuyo ingreso habría subido un 28%. Sin embargo, el CESO advierte que ese dato debe leerse con cautela: los ingresos de ese segmento se publican con un rezago de cinco meses, y desde fines de 2023 la Encuesta Permanente de Hogares introdujo cambios metodológicos que incorporan transferencias sociales antes no contabilizadas, lo que genera un quiebre en la serie y tiende a sobreestimar la recuperación informal respecto de los salarios registrados.
Una economía fragmentada, con miles de empresas cerradas
El cuadro que traza el CESO en su informe de abril es el de una economía en la que el crecimiento existe pero no alcanza a la mayoría. Los sectores que más avanzan generan pocos empleos; los que generan empleo son los que más retroceden. Las empresas cierran, sobre todo las más chicas, los salarios pierden contra la inflación y la desocupación llega a su peor nivel desde la pandemia para un cuarto trimestre.
El informe concluye que la configuración sectorial actual no solo limita la creación de empleo, sino que además genera efectos multiplicadores recesivos sobre el conjunto de la economía. El crecimiento existe en los gráficos del Gobierno. Para el mercado interno argentino, todavía no llegó.

