María Jaunarena: “el artista siempre se coloca en un lugar externo, sirve como espejo”

María Jaunarena

La directora ejecutiva de Juventus Lyrica habla de su formación entre la economía y la filosofía, de por qué adapta óperas para chicos. María Jaunarena también analiza el rol cívico del teatro frente a la era de la inteligencia artificial y deja abierta la invitación para las dos últimas funciones de “El barbero de Sevilla” en su versión infantil, el 5 y el 12 de julio en el Kónex.

María Jaunarena creció escuchando ópera antes de entender de qué era este género. Su cruce con la lírica viene de su madre, directora de escena, y de la familia de ella: inmigrantes italianos que tenían la música puesta todo el tiempo en la casa.

De ahí en más, la suya fue una vida tironeada entre dos mundos: el de la formación artística, danza, flamenco, mimo, teatro, dibujo y pintura, y el de una carrera universitaria que no eligió del todo sola.

“Yo siempre quise estudiar teatro de manera más formal, pero mi viejo no me dejó. Fue así de simple”, cuenta. No fue una prohibición seca: su padre le puso una condición. “Vos tenés que tener una carrera universitaria”.

De ahí nació un raid académico que la llevó del ciclo básico de Psicología al de Filosofía, hasta aterrizar en Economía, carrera que hoy agradece aunque en su momento le costó horrores elegirla.

“Me pareció como una desacralización total del pensamiento”, dice sobre la economía, y admite que la filosofía le quedó pendiente: ahora está terminando una maestría en esa disciplina, algo que describe como volver a un primer amor trunco.

María Jaunarena, de la economía a la gestión cultural

Lejos de ser un desvío, esa formación “más formal” terminó siendo la llave que le abrió la puerta a lo artístico. “Agradezco la carrera de grado porque si no la hubiera tenido, creo que no me hubiera podido ir a estudiar afuera”, explica. Fue así como cursó una maestría en gestión cultural en Londres, becada, un período que marcó su manera de pensar la relación entre el arte y el público.

Un recuerdo de esos años quedó grabado: en Inglaterra no había subsidios del Arts Council destinados a programas educativos de nivel artístico. Esa ausencia se convirtió, con el tiempo, en una obsesión personal: llevar a los chicos al teatro desde la escuela.

“Es una de las óperas más queridas de la historia, ahora en un lenguaje que los chicos pueden comprender y con contacto directo con una de las grandes partituras que nos acompañan”.

Por qué los chicos tienen que ir al teatro

Para Jaunarena, la experiencia teatral trasciende lo estético. “Hay una formación cívica detrás que tiene que ver con conocer las grandes obras que le dieron sentido a la humanidad“, dice, y describe el dispositivo escénico, esa “caja negra” donde el espectador se sumerge, como un túnel de introspección que dispara la imaginación e invita a ponerse en el lugar del otro.

“No es posible empatizar o conocer los estigmas sociales si uno no puede vivir, desde algún punto de vista, la posición estigmatizada. Y eso lo permite la imaginación, lo permite el teatro, lo permite la mediación del actor”, reflexiona.

Esa convicción tomó forma concreta en 2008, cuando Juventus Lyrica abrió preestrenos para colegios secundarios. La apuesta funcionó mejor de lo esperado: “La ópera no es un género fácil, y los chicos hacen silencio. A pesar de la velocidad de atención cada vez más limitada, igual se enganchan, igual siguen viniendo”.

Con el tiempo se generó, dice, un círculo virtuoso: egresados que hoy son maestros piden que sus propios alumnos vengan también.

En 2016 el proyecto dio un salto: empezaron a adaptar óperas completas para chicos.

Adaptar sin traicionar

Ahí apareció el primer límite duro: la atención infantil. “En la teoría es una hora quince. Para mí, una hora. A la hora los empezás a perder”, resume. Ese límite obligó a repensar de raíz las grandes óperas del repertorio, sin resignar calidad.

“Yo creo que nosotros no somos originales en nada. Todo lo que se nos ocurre, a alguien ya se le ocurrió, y probablemente mejor”, dice, casi como manifiesto. “¿Qué mejor que volver a estas obras que son genialidades y bajarlas al lenguaje y al nivel con el que los chicos puedan tejer un anzuelo?”.

El ejemplo más claro es “El barbero de Sevilla”. En el original, el dinero atraviesa toda la trama: el personaje de Basilio es sistemáticamente sobornado con oro. Jaunarena lo tradujo a algo que un chico entiende de entrada: chocolates. “Es algo que todos podemos comprender. El chocolate tienta como le tienta a los grandes la guita”, dice, entre risas.

El humor, asegura María Jaunarena, es la clave de toda adaptación infantil: “No solamente tenés que conquistar la atención del chico, sino también del hermano más grande y del padre. El humor para mí es siempre el anzuelo”. Con Gogol y Rossini de base, dice sobre otro de sus proyectos, el trabajo del adaptador es casi de sastre fino: “Es poco lo que tiene que hacer uno. Solamente dejarse llevar por ese textazo y esa música”.


María Jaunarena

“A pesar de la velocidad de atención cada vez más limitada, igual se enganchan, igual siguen viniendo”.

María Jaunarena.


El silencio obligado, contra el consumo de un segundo

La conversación deriva, inevitablemente, hacia la inteligencia artificial. Jaunarena no la demoniza y dice que “no se puede ir en contra de eso, porque es una tendencia y porque nos facilita la vida”, pero marca un límite claro.

“Lo que sí siento es que nos invita a pensar menos, a estudiar menos, a profundizar menos. Eso es una realidad, porque todo, más sencillo, te lo resuelve en un segundo”, afirma en la entrevista con Puro Contenido.

Compara ese consumo instantáneo con el de las redes: “No sé si lo observaste, pero la atención dura menos de un segundo. Ahí hay un costado en el que es imposible la empatía, es imposible el desarrollo del conocimiento del otro, si uno le presta atención un segundo”.

Frente a eso, defiende algo que hoy suena casi a contracorriente: lo obligatorio. Le gusta que los chicos vayan al teatro en horario escolar. “Porque en el teatro el silencio es obligado. No te queda otra que prestar atención, no te queda otra que escuchar al otro. Y en esa experiencia obligada, de pronto, se despierta el interés”.

Lo compara con cursar materias que uno no habría elegido en la facultad: a veces, ahí aparece una pasión inesperada.

“Estamos en un momento donde el individuo lo es todo, donde tengo que hacer lo que a mí me conviene y no lo que quieren los demás. Llega un punto en que hay que correrse un poco de uno mismo y aceptar lo que otros proponen”, asegura María Jaunarena.

Hacer algo por el otro, dice, hoy casi parece mala palabra. Ella va, conscientemente, a contramano.

Sostener una temporada, post pandemia

En términos más terrenales, Jaunarena describe una estructura que se sostiene con esfuerzo. La pandemia golpeó fuerte a Juventus Lyrica: de hacer tres o cuatro títulos por temporada, hoy hacen dos.

Los auspicios empresariales se resintieron notablemente, así que la compañía depende cada vez más de los abonados, del mecenazgo y de la venta de entradas.

“Es un lujo trabajar con este elenco: la rompen no solo musicalmente, sino también actoralmente”.

María Jaunarena.

El arte como espejo de la sociedad

Para cerrar, una reflexión que enmarca todo lo anterior: “el artista siempre se coloca en un lugar externo, sirve como espejo. Como decía Shakespeare, un espejo a la naturaleza. Miller decía que el teatro era el espacio donde la humanidad se enfrenta a sí misma”.

Jaunarena no cree en la originalidad a toda costa, sino en la reversión inteligente de obras que llevan siglos hablando de los mismos problemas colectivos. “Si uno hace eso, repetir sin más, no consigue público. Lo que tenés que hacer es reversionarlo y recambiarlo para que el público actual lo pueda consumir”.

Cierra con una anécdota que le encanta contar: Napoleón Bonaparte sostenía que la Revolución Francesa no empezó con la toma de la Bastilla, sino con el Fígaro de Beaumarchais, el mismo personaje que después Rossini adaptó y le puso música.

“Fue este Fígaro el que detonó todo el proceso que después fue la Revolución Francesa. El arte tiene un rol político, un rol social: devolverle a la sociedad una imagen, una instantánea de dónde está y hacia dónde va”, cierra María Jaunarena.


María Jaunarena

Domingos 5 y 12 de julio a las 16: las funciones de “El barbero de Sevilla” en el Kónex.


Sobre Asociación Fígaro y Juventus Lyrica

Fígaro es una asociación civil sin fines de lucro que se propone crear propuestas artísticas que enriquezcan la currícula escolar, promuevan la cohesión comunitaria, la integración familiar e indirectamente el desarrollo ciudadano.

Nace convencida del rol social del arte, en particular del teatro y de la música, en la gestación de valores y capacidades en los niños, adolescentes y la comunidad en su conjunto.

De esta manera, se propone contribuir a la construcción de una sociedad democrática e igualitaria, conformando un espacio plural para la reflexión a través de propuestas artísticas que disparen la curiosidad y el pensamiento, estimulen la atención, la escucha, la empatía con el otro, la tolerancia, cimenten ciudadanía y fortalezcan la democracia.

Fígaro nace en el seno de Juventus Lyrica la reconocida asociación de ópera que en 2026 cumple 27 años de trayectoria en Buenos Aires y con una vasta experiencia en la formación de espectadores.

Su programa de formación de audiencia llegó a 18.000 niños y familias con pre-estrenos exclusivos de grandes títulos para colegios secundarios en el Teatro Avenida, adaptaciones especiales de grandes óperas para los más pequeños en Ciudad Cultural KONEX, Tecnópolis y el CCK (actual Palacio Libertad), y también con materiales didácticos para que estudiantes y docentes pudieran ampliar en el aula la experiencia vivida en el teatro.

El impacto de esta actividad dio origen a la gestación de Fígaro como proyecto independiente.

“El Barbero de Sevilla” en las redes sociales

  • IG Juventus Lyrica
  • IG Asociación Fígaro
  • “El barbero de Sevilla” infantil, con Gabriel Carasso, ganador del premio Hugo al mejor actor infantil, tiene sus dos últimas funciones el 5 y el 12 de julio.
  • Una hora, en español, con música de Rossini.

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