Luis Palomino: “debemos transformar la Justicia, pero desde la experiencia profesional”

Justicia

Luis Palomino encabeza la lista Abogacía por la Libertad, que compite el 20 de octubre por una banca de abogados en el Consejo de la Magistratura. Propone cambiar de raíz el sistema de selección de jueces, medir su desempeño con tecnología e inteligencia artificial y darle más lugar al abogado litigante en la Justicia. Reconoce su compromiso con el Gobierno, pero asegura que no responde a ninguna obediencia partidaria.

El 20 de octubre de 2026, de 9 a 18, los abogados con matrícula federal están convocados a votar a sus representantes en el Consejo de la Magistratura de la Nación para el período 2026-2030. Se cubren cuatro cargos de consejeros titulares: al menos dos deben ser mujeres y al menos dos del interior del país, más uno de CABA. La Federación Argentina de Colegios de Abogados recibió cuatro listas, y el mapa de competidores quedó cerrado el 14 de septiembre.

Una de esas listas es Abogacía por la Libertad, que encabeza Luis Alberto Palomino, de 64 años. Abogado con más de tres décadas de trayectoria, fue secretario de primera instancia en lo Comercial, socio de Baker & McKenzie y fundador de su propio estudio, con litigios y arbitrajes nacionales e internacionales.

También fue docente universitario, rector del Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria y asesor de la Vicepresidencia del Consejo de la Magistratura. En 2023 fue electo concejal de Vicente López por La Libertad Avanza, cargo del que hoy está de licencia.

En la entrevista, Palomino repasó su recorrido, describió una Justicia que a su juicio funciona con lógicas de hace un siglo, explicó cómo cambiaría el sistema de concursos, defendió su militancia en el oficialismo como compatible con una mirada institucional y lanzó un llamado a sus colegas a votar en una elección en la que, lamentó, participan muy pocos.

“Un pasado que me domina”

Palomino cuenta que su vínculo con los tribunales empezó casi con su vida adulta. Apenas terminó el servicio militar, entró a la facultad y, a la vez, a Tribunales. Hizo toda la carrera judicial, fue secretario durante casi diez años y en 1999 dejó el Poder Judicial para sumarse a un estudio jurídico internacional. Desde entonces ejerce la profesión litigando.

—¿Qué lo llevó a postularse al Consejo de la Magistratura?

—Tengo un pasado que de alguna manera me domina. De muy chico, cuando terminé el servicio militar, entré a la facultad y a Tribunales. Hice toda la carrera judicial, fui secretario casi 10 años y en el 99 me fui a trabajar a un estudio jurídico internacional. Ejerzo la profesión litigando desde el 99 a la fecha.

Entonces, el tema justicia para mí siempre fue más un tema del corazón, si querés, porque es lo que uno construye desde chico. Pensá que toda mi carrera en la facultad la hice trabajando en tribunales. Uno le toma mucho cariño y mucho amor a esos trayectos de la vida.

Y después me tocó transitarla desde el otro lado de la mesa de entrada. Es un tema que para mí siempre estuvo presente, siempre lo trabajé y siempre estoy pendiente de eso.

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“La Justicia no funciona”

—Usted dice que conoce la Justicia desde distintos ámbitos. ¿Qué ve hoy, y qué lo convenció de que hay que cambiarla?

—Veo lo que ve todo el mundo: que la Justicia no funciona. La gente lo palpa y lo mide todo el tiempo. Y hablo de la Justicia, si querés, más que del Poder Judicial, porque es algo más complejo: no tiene que ver solamente con el desempeño de los jueces, tiene que ver con un sistema que no funciona, un sistema casi medieval, que hay que transformar.

Lo que vemos desde la profesión es que esto nos perjudica. Lo que mejor querés que ocurra desde tu estudio jurídico es que la Justicia funcione. Y desde lo institucional, es la pregunta que los inversores te hacen todo el tiempo: ¿hay seguridad jurídica en Argentina o no la hay?

Lo que yo personalmente siento y veo es que la Constitución ideó un sistema cuyo resultado tiene que concluir en la designación de buenos jueces, y eso no está pasando. No porque los jueces no sean buenos, sino porque el sistema de selección es malo.

Por eso creemos que hay que cambiar el sistema de selección por uno más objetivo y más transparente. Cada etapa del proceso tiene cosas para corregir.

Estructuras “como hace 100 años”

—¿Alcanza con cubrir las vacantes, o hay que ir más allá?

—Es complejo, porque es discutir siempre sobre lo mismo. Que se cubran las vacantes de jueces es una obligación institucional que hay que cumplir sí o sí. Pero yo soy de los que creen que al sistema hay que cambiarlo de raíz. Hoy tenés estructuras y procesos que funcionan como hace 100 años.

Yo vuelvo a lo que era mi juzgado, del que me fui hace 26 años, y está exactamente igual. Nada cambió. Nosotros, en los estudios, tenemos inteligencia artificial y tecnología; las fotocopiadoras ya no son fotocopiadoras, sino que escanean. En los juzgados quizás todavía tienen fax. Me parece que el cambio tiene que ser mucho más profundo.

La discusión que tenemos que dar es que realmente hay que transformar el sistema, y el sistema lo integramos los abogados, los jueces, el Consejo, el pobre Ejecutivo; son muchos factores. Hay que adecuarlo a lo que la gente necesita hoy. A veces se mira la Justicia solo desde la política o desde Comodoro Py.

Nosotros vemos el otro lado, el lado B de la Justicia, que es el de la justicia de la gente: el que se tiene que divorciar y no encuentra solución, el juicio laboral que dura cinco años, el juez que tiene dos años para dictar una sentencia, el que quiere desalojar a un intruso y no puede. Eso es lo que llamamos la justicia de la gente, y es lo que nos parece que tiene que transformarse definitivamente.

La modernización llega también a la tarea cotidiana del litigante. Palomino ilustra el atraso con su propio escritorio: trabaja con tres monitores porque el sistema que se usa para el seguimiento de las causas obliga a abrir un documento y luego otro. “La cosa es mala, hay que cambiarla; la Justicia se tiene que modernizar”, resume.

Concursos: “lo que te mide el Consejo son tus antecedentes”

—¿Qué falla en cómo el Consejo organiza los concursos para elegir jueces?

—El proceso que hoy tiene el Consejo de la Magistratura, como órgano responsable de organizar los concursos, no mide lo que importa. Lo que te mide el Consejo son tus antecedentes: tus diplomas, tu posgrado, tu doctorado, los artículos que escribiste, si sos docente. Pero en ningún momento del proceso se evalúa si todos esos antecedentes te convierten en un buen juez.

Vos me das el pasado, pero nunca me das si este juez va a ser un buen juez, y tampoco le hacés seguimiento. El método básico que aplica cualquiera en su empresa o en su oficina es planificar, ejecutar, evaluar y corregir, y es un proceso constante. Eso no pasa en la Justicia: yo te nombré juez y nunca más, en 20 o 30 años, y no sé si dictás las sentencias en término.

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—¿Cómo se evalúa a un juez sin afectar su independencia?

—Los jueces, por supuesto, resisten esto, porque aparece la independencia judicial y todo eso. Pero la independencia judicial se limita y se agota en que puedas dictar una sentencia sin presiones. Eso es ser independiente. Todo lo demás tiene que ver con la buena gestión de una oficina que presta un servicio, y eso tenés que poder medirlo.

Lo tenés que medir a todos de la misma manera, para que no sea una cuestión de que estoy auditando al juez que no me cae bien. Si lo hacés estandarizado, como cualquier proceso de auditoría o seguimiento en una pyme o en una empresa grande, se ve: este juez, ¿cómo despacha? ¿Despacha al día? ¿Tarda 10 días en agregar una cédula? ¿Las audiencias las toma personalmente? Si es un juez de familia, ¿qué nivel de conciliación tiene? ¿Las sentencias son revocadas por el superior, y por qué: por diferencia de fundamentos o porque es arbitrario y no aplica bien la ley? ¿Dicta las sentencias en término? ¿Cómo trata al personal? ¿Cómo gestiona la oficina? Todo eso hace que un jurista, un experto en derecho, sea un buen juez.

Puede ser un excelente abogado, un excelente jurista, y ser un mal juez. Palomino lo compara con los concursos docentes en la facultad: unos días antes te dan el tema, lo preparás y exponés ante un jurado que mide si explicás bien, si tenés lenguaje claro, si usaste bien el tiempo, si usaste herramientas de soporte para la educación. “Lo que se está evaluando no es si sabés derecho, sino si sos un buen docente”, sostiene. “Acá es algo parecido, y es algo que hoy no está.”

—¿Qué perfil de juez necesita la Argentina para los próximos 30 años?

—Es una discusión muy interesante para tener: ¿cuál es el perfil de juez que necesita la Argentina? ¿El viejo, el antiguo, que se encerraba en su despacho, no recibía a nadie y no tenía interacción con nadie, o alguien más presente, más empático, que entienda la problemática de la realidad social? Eso lo tiene que definir, en definitiva, la sociedad a través de sus representantes.

La integración del Consejo

—Tras el fallo de la Corte y la discusión sobre la reforma del Consejo, ¿cambiaría su composición?

—El Consejo volvió a la integración original después de que se declaró la inconstitucionalidad de la reforma. La Corte le dijo al Congreso que dicte una nueva ley, cosa que no ocurrió, y sería interesante evaluar si hace falta una nueva ley, pero no para modificar las integraciones ni los estamentos ni para que la política tenga un rol más importante.

Me parece que los estamentos están bien, están proporcionados, por lo menos en su funcionamiento. Alguno discute si el presidente de la Corte debe o no presidir el Consejo. Es un debate válido, porque los jueces ya tienen su representación aparte. Pero como el Consejo administra los recursos del Poder Judicial, no está mal que esté el presidente de la Corte. Quizás podría ser uno de los cuatro jueces, en vez de que sea una figura fija, como cuando antes se rotaba entre los estamentos. Son temas para discutir en el Congreso.

Transparentar: antecedentes, casos y entrevistas

Para Palomino, lo más importante es otra cosa, y gran parte puede resolverse por vía reglamentaria, sin tocar la ley: transparentar los concursos. Eso empieza por los antecedentes.

Significa, explica, que valgan siempre lo mismo, que el mismo doctorado no tenga un puntaje en un concurso y otro distinto en el siguiente. “Estas cosas tienen que cambiar”, dice. Ahí ve un primer lugar para la inteligencia artificial: estandarizar el valor de cada antecedente, de modo que el postulante llegue al concurso con ese puntaje ya reconocido, sin tener que validarlo de nuevo.

—¿Y en las otras etapas del concurso?

—La resolución del caso tiene varias críticas. Primero, tiene una cuota de subjetividad: si yo soy el jurado y vos resolviste el caso como lo hubiera resuelto yo, no es lo mismo que si lo resolviste de otra manera, aunque yo pueda ser objetivo y ético y decir “bueno, no lo resolvió como a mí me hubiera gustado, pero lo resolvió de otra manera”.

Los abogados siempre decimos que la mitad de la biblioteca te da la razón y la otra mitad no. En ese terreno de la subjetividad, a veces un puntito te puede acercar 10 lugares. Ahí también se puede usar inteligencia artificial, en la formulación de los casos y en su evaluación.

Y después viene la entrevista personal, que es la otra etapa del proceso, y que directamente es una arbitrariedad absoluta. Ahí se te pone el puntaje, y ahí los acomodados y los desacomodados salen beneficiados o perjudicados: del lugar dos al 20, o del 20 al dos. Eso tiene que cambiar.

La entrevista tiene que tener una matriz profesional donde pongas las habilidades que querés evaluar y las vayas viendo. Eso es profesional: los especialistas en recursos humanos lo hacen cada vez que entrevistan para un rol importante en una empresa.

Te sentás con una plantilla que dice “estas son las habilidades que requiero para este puesto” y la persona las cumple o no las cumple.

Un juez, insiste, no es solamente un erudito o un experto en derecho, sino alguien que debe reunir otras condiciones que hoy no se evalúan adecuadamente. En el proceso de designación hay un tramo de alta discrecionalidad, cuando el Poder Ejecutivo elige a su gusto dentro de una terna, y después interviene el Senado, que es la política.

Por eso, concluye, el Consejo tiene que ser lo más profesional, objetivo y transparente posible, para que la terna que eleve sea resultado de un parámetro bien objetivo y concreto, del que después no se puedan alejar.

Política, partidos y “la rosca judicial”

El dato que más preguntas genera sobre su candidatura es su pertenencia a La Libertad Avanza. Palomino lo encara de frente.

—Usted fue electo concejal por La Libertad Avanza. ¿Cómo garantiza que representaría a los abogados y no a una línea partidaria?

—Primero, yo soy un gran defensor de que los cambios en el país los hace la política, no los hace otra cosa, en su sentido más puro. Y cuando se habla de la política y el Consejo, hay una gran hipocresía. Por eso decidimos jugar, porque nos encontrábamos con dos grupos políticos de poder fuerte: por un lado, Olmos y La Cámpora, y por otro, Angelici y lo que queda del PRO. Esa es la política de los últimos 25 años que maneja el Consejo.

Nosotros no jugamos en ninguno de esos dos espacios, porque tenemos una mirada distinta. El Consejo de la Magistratura es un órgano de la política; lo que creemos es que tiene que estar alejado de las preferencias partidarias.

Yo no tengo ninguna responsabilidad ni obligación con ninguna obediencia partidaria ni nada que se le parezca. Tengo 64 años, tengo un recorrido profesional, estas son mis ideas y son las que voy a llevar al Consejo, desde un espacio que defiende, por supuesto, la transformación que está llevando a cabo la Argentina. Creemos que esa transformación tiene que llegar a la Justicia.

—Dice que “no está en lo corporativo”. ¿Qué le critica a los espacios que hoy representan a la abogacía? ¿Quiénes integran su lista?

—Nuestra lista, como vos bien decías, está integrada por un espacio liberal y mucho abogado independiente. Lo que estamos viendo al recorrer el país es que se nos suman los que no participaban, los independientes, que nos dicen: “Ustedes son el perfil de gente que dijo ‘vamos a cambiar’, después se comprometieron con el cambio y lo llevaron adelante, y si no, fue porque no pudieron, no porque no lo intentaron”. No para mantener el statu quo de la rosca, como se le dice, la rosca judicial de los acuerdos en el Consejo.

Nosotros queremos romper eso. Queremos que la Justicia sea independiente de verdad. Como decía Sarmiento, sin una justicia independiente en la República no hay país, y estamos apostando a que el país salga adelante: sin justicia independiente no va a haber inversiones. Esa es una mirada institucional; lo nuestro no es una mirada partidaria, y se ve en la integración de las listas.

Palomino enumera perfiles: hay abogados que fueron presidentes de colegios de abogados, como el del Colegio de San Rafael, el doctor Martín Buscemi. “Si ves el recorrido profesional de todos nuestros integrantes, somos todos abogados que vivimos de nuestros estudios”, dice.

En su caso, el estudio tiene más de 15 abogados. “No vivimos de la política. Yo no vivo de la política, como te decía hace un rato: tengo 64 años y hago política desde los 61”. Siempre cubrió roles técnicos, desde lugares donde pensaba que podía aportar al país, sin un perfil o posicionamiento político.

—Entonces, ¿tiene un compromiso político con el Gobierno?

—Ahora, en este caso, sí: tengo un claro compromiso con el Gobierno y con las ideas que el presidente está llevando adelante, y eso no obstaculiza; al contrario, una de las ideas principales que tiene el presidente es pelear por una justicia independiente.

—El Gobierno ya designó una gran cantidad de jueces con el sistema actual. ¿No es contradictorio con lo que usted cuestiona?

—Lo hace, fijate, nombrando 300 jueces que surgen de un proceso en el que nosotros no tuvimos nada que ver; lo heredamos. Y sin embargo, ¿qué se hizo? Se eligió, dentro de las ternas, a los que consideramos los mejores candidatos. Y salvo dos o tres ruidos, nadie cuestiona nada. Lo que creemos es que ese proceso puede mejorar, y eso es lo que apostamos nosotros.

El abogado litigante: “el trato es totalmente desigual”

—Propone un mayor protagonismo del abogado litigante. ¿Qué implicaría en la práctica?

—Yo estoy profundamente convencido de que un abogado que litigó 20 o 30 años puede ser muy útil al sistema si se incorpora al Poder Judicial. Hoy la dinámica del Consejo no lo permite. El trato es totalmente desigual.

Si venís como abogado con 30 años de profesión, valés mucho menos que un funcionario judicial que lo único que hizo fue que alguien lo nombrara, porque no concursó el cargo, y que solo con eso ya tiene más puntaje, por el recorrido.

Al abogado le cuesta mucho; de hecho, los porcentajes son de menos del 10%. Y esto creemos que tiene que cambiar, pero no por una cuestión sectorial o gremial, sino porque estoy convencido de que mejora el sistema. Cuando un abogado con 30 años de ejercicio profesional entra al sistema, lo cambia: los jueces que quizás no salieron de su escritorio empiezan a tener un intercambio, ni qué hablar si es un tribunal colegiado. Empezás a tener otra mirada, totalmente distinta.

Vamos a pelear fuertemente para que el trato sea igualitario y para que los abogados podamos competir en pie de igualdad, porque estoy convencido de que le va a hacer muy bien al sistema. Primero, porque va a aportar una mirada distinta, la de la experiencia. Un juez, y esto lo he vivido, porque tuve muchos jueces en mi paso por el Poder Judicial, vivió en un mundo en el que nunca se puso la mano en el bolsillo para pagar un 931. Nunca entendió lo que es ejercer la profesión desde el otro lado: vos te limitás a resolver sobre dos posturas, y el abogado hace la construcción del caso, la defensa, la estrategia.

Yo siempre digo que aprendí a ser abogado el día que me fui de Tribunales.

Palomino recuerda que era funcionario y tenía una buena carrera judicial; podría haberse quedado. Se fue porque se le presentó un desafío profesional muy importante: incorporarse a un estudio internacional, precisamente para desarrollar el departamento de litigios de un estudio mundial. Tomó el riesgo, y hoy dice darse cuenta de la diferencia que existe entre un lado y otro de la mesa de entrada.

—Me parece que es un círculo virtuoso que esta interacción se produzca. Y hoy lo que yo veo es que el sistema es endogámico: los magistrados solo surgen de los magistrados mismos y entrarle es imposible. Todo es endogámico, todo es microclima, y entonces nada cambia, porque nunca hay una mirada distinta, disruptiva, que diga: “Che, ¿pensaste que tal cosa podría mejorarse así?”. Lo mires por donde lo mires: desde la tecnología, desde los sistemas que usamos para el seguimiento de las causas. Esto es lo que pensamos para la defensa del interés, si querés, de la mirada del abogado en el Consejo. Porque está la mirada de los jueces, la de los legisladores, la del académico, la de todos los estamentos, y la mirada del abogado también es decir “che, esperá, esto no funciona”. Yo soy el cliente del servicio, y yo te digo que no funciona.

Una elección con poca participación

—Es una elección no obligatoria, con cuatro listas. ¿Qué pasa con la participación?

—No es obligatoria. Somos cuatro listas, y es una elección en la que lamentablemente los colegas participan muy poco: uno de cada cinco vota. Nosotros creemos que la participación es muy importante, porque refuerza tu legitimación cuando te sentás ahí.

No es lo mismo: de un padrón de 190.000 colegas, votan menos de 40.000. Son cuatro listas, y el que gana no llega a los 20.000 votos. Te sentás ahí con un padrón de 190.000 y con 20.000 votos, un 10%; es pobre la legitimación. Lo que decimos es: entendamos que hay un cambio que se puede hacer, pero que necesita apoyo. Termina siendo todo una elección como si fuera universitaria, toda de aparato. Nosotros queremos romper eso.

—¿Con quién compiten?

—Somos conscientes de que el desafío es grande: estamos solos. Las otras listas son, por un lado, peronistas, de La Cámpora; por otro lado, los radicales con lo que queda del PRO; y en la otra lista, una mezcla de peronistas y radicales.

Nosotros vamos con nuestro espacio solo, un espacio nuevo, y estamos muy conscientes de cuáles son nuestras dificultades. Pero por otro lado ya formamos parte del Consejo de la Magistratura.

Lo que queremos es darle al colega la posibilidad de escuchar otra voz, que no es solamente académica, sino una voz que se respalda en la gente que nos conoce de nuestro paso por la Justicia, porque los colegas nos conocemos mucho, y también en mi ejercicio profesional.

“Si te interesa nuestra propuesta, votá”

—¿Qué le diría a un abogado que nunca votó en esta elección y no sabe por qué debería hacerlo?

—Le diría que con lo que nos comprometimos en nuestro recorrido, incluso en nuestro paso por la política, hemos cumplido. Que vamos a dar una discusión de cambio, y que si le interesa nuestra propuesta, vote.

Pero es clave que el colega participe, por una cuestión de peso específico. Cuando vas a plantear un tema en el Consejo, te dicen: “Bueno, pero al final a nadie le importa, votaron 30.000”. Son cuatro los lugares, y es muy probable que varias de las listas tengan representación. Que por lo menos puedan tener una base de legitimación más sólida.

La propuesta, en síntesis

Abogacía por la Libertad cuenta con equipos y referentes en distintas provincias, con presencia y trabajo en CABA, Buenos Aires, Rosario, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Jujuy y Corrientes, entre otros distritos.

El espacio plantea que el armado tenga continuidad más allá de la elección y llevar al Consejo una discusión de fondo sobre el funcionamiento de la Justicia, con eje en la eficiencia, un mayor protagonismo del abogado litigante, la incorporación de tecnología y la modificación del sistema de selección para que sea más rápido, transparente y objetivo.


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