Nadezhda Beliakova, conocida como Angelina, se encuentra en el centro de una controversia judicial en Argentina, acusada de formar parte de una red de trata de personas en el marco del caso de la “Secta Rusa”.
Sin embargo, su testimonio es el de una mujer que se siente víctima de un sistema que la ha atrapado en una “tortura psicológica”, lejos de su país y sin entender las razones de su detención.
“Estoy en shock por la acusación”, reitera Beliakova, quien insiste en su inocencia y en que nunca en su vida ha violado la ley. “Siempre viví como una mujer común, una persona normal que nunca violó la ley. Toda mi vida trabajé y estudié, y nunca tuve ningún problema con la justicia”, afirma.
Su pasado como deportista profesional, donde obtuvo el título de maestra en gimnasia deportiva, sus dos títulos universitarios (uno en economía), y una trayectoria laboral en estética, cuidado personal y confección de ropa de manera independiente, contrastan fuertemente con la imagen de criminal que se le imputa.
Su viaje a Argentina, planeado como unas vacaciones solitarias para descansar, se transformó en una misión de ayuda a R.T., la hija de una amiga, quien enfrentaba un embarazo en condiciones difíciles en Rusia, con una relación conflictiva y un padre del bebé con problemas de alcohol.
“La madre quería proteger a su hija”, explica Angelina, destacando la búsqueda de un lugar seguro para el parto, eligiendo Argentina por su buen sistema de salud y el respeto a las mujeres embarazadas.
La vida en Bariloche, según su relato, era tranquila y normal. “Era una vida completamente normal”, asegura Beliakova. R.T. tenía total libertad, hablaba con su madre, amigos y familia por teléfono constantemente, y se dedicaba a preparar la llegada de su bebé: “Pasaba mucho tiempo preparándose para la llegada de su hijo: tejía ropa para el bebé, dibujaba y caminaba por la naturaleza. Estaba tranquila y concentrada en su embarazo”.
Beliakova la acompañaba como apoyo, dada la avanzada etapa del embarazo (octavo o noveno mes) y la barrera del idioma.
Ambas se sostenían con sus propios recursos, sin depender de terceros: “Vivíamos con nuestro propio dinero. Yo tenía mis ahorros y ella también tenía dinero propio. No dependíamos de nadie más. Era simplemente un viaje y una estadía temporal mientras esperaba el nacimiento de su hijo.”
Sin embargo, la situación dio un giro inesperado en el hospital, donde una enfermera insistió de manera “extraña y sospechosa” en la obligatoriedad de incluir el nombre del padre del bebé en los documentos.

“No lo decía solo una vez, lo repetía con insistencia. Incluso dijo que si el padre no aparecía en los documentos no podrían dejar que se llevara al bebé del hospital. Eso nos resultó muy extraño”, detalla Beliakova. Este episodio, que generó temor en R.T., fue el preámbulo de la detención.
“Claro que se asustó. Me preguntaba qué debía hacer en esa situación y cómo podía resolverlo. Yo intenté ayudarla porque ella estaba preocupada por el nacimiento del bebé y por la posibilidad de viajar después con su hijo. Mi intención siempre fue ayudarla para que pudiera resolver esa situación”, explica Angelina.
El momento de la detención es descripto por Beliakova como una experiencia traumática. Ocurrió el mismo día del parto de R.T., el 21 de marzo de 2025. El bebé era grande y R.T. estaba muy delgada, por lo que los médicos decidieron llevarla al quirófano.
Beliakova estaba esperando en el pasillo cuando le entregaron al bebé por un momento. Luego, se lo llevaron a R.T. a la habitación. En ese momento, “entraron varias personas y comenzaron a sacarme del lugar sin explicaciones. Yo no hablaba español y no entendía lo que estaba pasando. Fue una situación muy dura, casi como una tortura psicológica”, afirma.
El traslado a la comisaría, esposada y fotografiada “como si fuéramos criminales peligrosas”, marcó el inicio de una pesadilla que se extiende por nueve meses. “Yo solo había venido a Argentina para descansar y ayudar a la hija de una amiga. Sin embargo, llevo ya nueve meses en una situación muy difícil, acusada de algo que no tiene ningún fundamento”, lamenta.
Sin conexión con la llamada Secta Rusa
Angelina niega rotundamente cualquier vínculo con Konstantin Rudnev y su grupo: “No. Yo no tenía ningún contacto con Konstantin Rudnev. No hablaba con él por teléfono ni tenía relación con personas cercanas a él. No existía ningún vínculo de ese tipo”.
Además, subraya que la propia R.T. ha declarado ante la fiscalía que no es una víctima. Su situación actual es crítica: lleva nueve meses en Argentina “sin documentos y sin residencia. No puedo trabajar legalmente ni viajar a otras ciudades. Incluso para tomar un autobús piden documentos que yo no tengo. Es una situación muy complicada.” Sus ahorros se agotan y la ayuda de su familia en Rusia es limitada debido a las barreras burocráticas. “Para enviar dinero se necesitan documentos y cuentas que yo no tengo aquí. Sin pasaporte no puedo recibir transferencias ni abrir cuentas. Por eso el apoyo desde Rusia es muy limitado”, explica.
A pesar de haber declarado más de una vez ante los fiscales, explicando su versión de los hechos, Beliakova siente que sus palabras no han sido consideradas. “Pero siento que esas declaraciones no fueron tenidas en cuenta. La investigación sigue basada en una hipótesis que, en mi opinión, no tiene pruebas. Hasta ahora no existe ninguna evidencia que demuestre mi culpabilidad”, afirma.
Su pedido a la justicia es claro: un “análisis serio y honesto” del caso. Beliakova considera que su situación es una “violación gravísima de los derechos humanos” y clama por objetividad y profesionalismo para que la verdad finalmente salga a la luz.
“Solo pido que el caso sea estudiado con objetividad y profesionalismo. Espero que finalmente se reconozca la verdad”, concluye, esperando el fin de su calvario en Argentina.

