El dólar arranca el año bajo nuevas bandas, con la inflación y la deuda como telón de fondo

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Comenzó a regir un nuevo esquema cambiario que vuelve a colocar al dólar en el centro de la escena económica. Desde ahora la cotización de la moneda estadounidense estará atada a la inflación de 2 meses atrás.

A pocos días de vencimientos de deuda por más de 4.200 millones de dólares, el Gobierno activará un sistema de bandas de flotación cuyo piso y techo se actualizarán automáticamente por inflación pasada, una decisión que busca dar previsibilidad al mercado pero que también expone las fragilidades del programa económico.

El mecanismo, anunciado por el Ministerio de Economía y el Banco Central, ajustará las bandas en función del índice de precios de dos meses atrás: en este primer tramo, el 2,5% correspondiente a noviembre. En los hechos, el esquema reconoce que la inflación no solo condiciona la política monetaria, sino que ahora también marcará el ritmo de la cotización del dólar oficial.

Durante enero, el piso de la banda descenderá de manera gradual desde los $915 hasta ubicarse cerca de los $894 hacia fin de mes, mientras que el techo se moverá en sentido contrario, pasando de $1.529 a valores próximos a los $1.563. La ampliación del rango habilita una mayor volatilidad y alimenta expectativas de suba del tipo de cambio, un factor históricamente sensible para la formación de precios en la economía argentina.

Al permitir que el techo de la banda se mueva al ritmo de la inflación, el Banco Central envía una señal clara a los formadores de precios: el dólar de referencia seguirá subiendo.

En paralelo, el Banco Central anticipó que buscará acelerar la compra de divisas, una exigencia clave del Fondo Monetario Internacional en el marco del acuerdo vigente. La dificultad para acumular reservas es, justamente, uno de los puntos más débiles del esquema económico actual y uno de los riesgos centrales de esta nueva etapa cambiaria.

Analistas advierten que el sostenimiento de las bandas dependerá, en buena medida, del ingreso efectivo de dólares. Sin ese respaldo, el esquema podría tensionarse rápidamente y trasladar presiones al mercado de precios.

Para contener ese riesgo, el Central apuesta a mantener tasas de interés lo suficientemente altas como para incentivar la permanencia de inversiones en pesos, al menos mientras la inflación local siga superando a la internacional.

Las incógnitas en torno al dólar y la deuda

Sin embargo, las dudas persisten. El mercado observa con atención cómo hará la autoridad monetaria para cumplir la meta de acumulación de reservas comprometida con el FMI, hoy todavía lejos de los niveles proyectados.

A eso se suma el interrogante sobre la velocidad y profundidad de una eventual liberación del cepo cambiario, que el propio Banco Central condiciona a un “fortalecimiento del equilibrio cambiario” y a un acceso más fluido del Tesoro a los mercados externos.

El calendario financiero agrega presión. El próximo 9 de enero vencen más de 4.200 millones de dólares en pagos a bonistas privados, un compromiso que tiende a recalentar la demanda de divisas.

La promesa de mantener tasas de interés atractivas para las inversiones en pesos se vuelve un paliativo débil frente a la expectativa de devaluación constante.

Aunque el gobierno de Javier Milei asegura que los pagos se realizarán sin inconvenientes, todavía no está claro de qué manera se cubrirá al menos la mitad de esos vencimientos.

Con inflación alta, reservas escasas y deuda en el horizonte inmediato, el debut del nuevo esquema cambiario se produce en un contexto cargado de tensiones.

La actualización de las bandas por inflación, lejos de disipar incertidumbres, vuelve a dejar en evidencia que cualquier movimiento del dólar sigue siendo una variable clave, y riesgosa, para la estabilidad de los precios y el rumbo de la economía.


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