OPINION: Sergio Candelo, COO de Snoop Consulting, analiza la decisión de la empresa FATE, fabricante nacional de neumáticos, de cerrar su planta en San Fernando.

En diciembre señalé que la nueva tensión en la Argentina ya no era esencialmente política sino microeconómica. Advertí que en 2026 comenzarían a verse cierres industriales como consecuencia de una dinámica fiscal y productiva que venía acumulando inconsistencias. Lo que entonces planteé como hipótesis hoy encuentra un caso emblemático.
El 18 de febrero de 2026 FATE anunció el cierre de su planta. Son 920 empleos directos y ocho décadas de trayectoria industrial que se interrumpen. Más allá del impacto social inmediato, el episodio invita a una reflexión más amplia sobre el modo en que interactúan los distintos niveles del Estado y el sector privado en el actual proceso de apertura económica.
En términos de teoría de juegos, la situación puede describirse como un equilibrio de Nash poco virtuoso. Cada actor preserva su posición esperando que otro asuma el costo inicial de la corrección. Nación prioriza la estabilización macroeconómica y la normalización del comercio exterior.
Provincias y municipios resguardan su estructura de ingresos, fuertemente dependiente de tributos como Ingresos Brutos y tasas locales.
Los gremios sostienen condiciones laborales conquistadas en años anteriores.
Las empresas, por su parte, procuran mantener márgenes en un contexto de costos estructurales elevados.
El problema es que, cuando ninguno modifica su estrategia de manera coordinada, el ajuste termina materializándose en la variable más sensible: la continuidad productiva.
Entre 2023 y 2025 las importaciones de neumáticos crecieron de manera significativa. La apertura buscó introducir mayor competencia y disciplinar precios internos. Sin embargo, la velocidad de ese proceso no estuvo acompañada por una reducción simultánea de impuestos distorsivos ni por una mejora sustancial en los costos logísticos, laborales y financieros que enfrentan las firmas industriales.
Ingresos Brutos continúa siendo uno de los pilares de la recaudación provincial. Las tasas municipales mantienen un peso relevante sobre la actividad formal. En paralelo, la conflictividad laboral en sectores específicos agregó incertidumbre en un mercado ya contraído. En ese contexto, empresas que operaban con baja utilización de capacidad instalada encontraron cada vez menos margen para absorber pérdidas transitorias.
FATE no es un caso aislado ni producto de una única decisión coyuntural. La compañía atravesó procesos de reestructuración desde comienzos de siglo y sobrevivió durante años bajo esquemas de protección que hoy ya no existen. La transición hacia un entorno más competitivo requiere tiempo, capital y previsibilidad. Cuando alguno de esos elementos falta, la reconversión se vuelve inviable.
El episodio también refleja una dualidad creciente en la economía argentina. Sectores vinculados a exportaciones o beneficiados por regímenes de incentivo logran adaptarse con mayor rapidez. Otros, más expuestos al mercado interno y a cargas tributarias acumuladas en distintos niveles, enfrentan mayores dificultades para competir frente al producto importado.
La cuestión de fondo no radica en asignar responsabilidades individuales, sino en comprender que la coordinación es condición necesaria para evitar que el ajuste se traduzca en cierres en lugar de en mejoras de productividad. Una apertura sin transición puede generar costos sociales elevados. Una estructura tributaria rígida en un entorno más competitivo también.
El desafío es avanzar hacia un esquema de reformas simultáneas y previsibles. La reducción gradual y coordinada de impuestos distorsivos, la simplificación normativa y la generación de incentivos a la inversión productiva resultan claves para que la estabilización macroeconómica no derive en una contracción industrial mayor a la esperada.
El cierre de FATE funciona como una señal de advertencia. No invalida la necesidad de ordenar las cuentas públicas ni de integrar la economía al mundo, pero sí subraya que la velocidad y la secuencia de las reformas importan. Cuando los distintos actores se mantienen en posiciones defensivas, el resultado puede ser estable en términos estratégicos, pero ineficiente en términos productivos.
La Argentina enfrenta ahora el desafío de transformar ese equilibrio inmóvil en un proceso coordinado de transición. De lo contrario, 2026 podría quedar registrado no solo como el año de la consolidación macroeconómica, sino también como un punto de inflexión para parte de su entramado industrial.

Sergio Candelo, COO de Snoop Consulting
