El abogado Carlos Broitman, defensor de Konstantin Rudnev, sostuvo que no hay pruebas en la causa de la llamada Secta rusa que sostengan la acusación por trata de personas contra su defendido y aseguró que el proceso judicial se apoya en información “importada de Rusia sin sustento”. Además, advirtió sobre el grave deterioro de la salud del acusado y defendió el otorgamiento de la prisión domiciliaria.
El abogado Carlos Broitman, defensor de Konstantin Rudnev, el ciudadano ruso detenido en Bariloche y acusado de liderar una supuesta organización criminal transnacional, afirmó que la causa judicial “no tiene sustento probatorio” y que la acusación impulsada por la fiscalía “está técnicamente destruida”.
“La causa de fondo está destruida, la hipótesis fiscal está destruida, así se los digo”, sostuvo Broitman en diálogo con Noticiero 6, de San Carlos de Bariloche, al referirse al expediente que mantiene a su defendido arrestado desde marzo de 2025.
Según explicó, la acusación se apoya en elementos que no guardan relación con los hechos investigados. “Han acompañado información que venía de Rusia que no tiene nada que ver con nada”, señaló, y vinculó esa documentación con el pasado de Rudnev en su país de origen. “Rudnev estuvo 11 años preso en Siberia, en una cárcel de máxima seguridad, con todo lo que eso implica para la salud de una persona”, afirmó.
En ese sentido, el abogado planteó que la persecución judicial contra Rudnev se explica por motivos religiosos y políticos. “Por sus creencias tuvo muchos seguidores en el mundo, personas vinculadas al yoga, a la naturaleza, a una forma de vida distinta. Para el régimen de Putin y para la Iglesia Ortodoxa eso fue visto como un ataque”, sostuvo.
Broitman cuestionó con dureza la calificación del caso como una causa compleja por trata de personas. “Hablaron de un grupo transnacional dedicado a la trata, pero hay una sola presunta víctima que desde el primer día dijo que no era víctima”, remarcó. Y agregó: “Permitieron y consintieron llevar adelante una causa compleja cuando de compleja no tenía absolutamente nada”.
Uno de los puntos centrales de la defensa apunta a las irregularidades en los testimonios iniciales. “Las mismas enfermeras y obstetras reconocieron que mintieron”, afirmó, en referencia a la atención médica de una mujer rusa embarazada. “Le dijeron que no podía sacar a su hijo del hospital si no venía el padre o no presentaba documentación. Eso es falso. En los últimos tres años hubo 23 mil mujeres rusas que tuvieron a sus bebés en Argentina”, explicó.
Cómo se armó la causa contra los ciudadanos rusos
Respecto de las acusaciones formales, Broitman fue categórico: “Armaron una hipótesis de una organización criminal transnacional dedicada a la trata de personas, secuestro de chicos, lavado de dinero, tráfico de estupefacientes. Todo eso se cayó”.
Como ejemplo, mencionó el secuestro de supuestas pastillas de cocaína. “A la postre no eran pastillas de cocaína, eran medicamentos de venta libre”, señaló. También desmintió pedidos de captura internacional: “Dijeron que tenía pedido de captura de Montenegro y Montenegro manifestó que no había nada”.
El abogado sostuvo que la prisión preventiva se mantiene por un supuesto riesgo de fuga, algo que rechazó de plano. “La presunción de inocencia no se rompe. Lo tienen preso porque dicen que tiene capacidad de escaparse, pero lo que él quiere es demostrar su presencia”, afirmó.
En paralelo, Broitman alertó sobre el grave estado de salud de Rudnev y defendió el pedido de prisión domiciliaria concedido por el juez. “En un año esto provocó un detrimento gravísimo en su salud”, explicó. “Perdió 50 kilos desde que ingresó al penal”, detalló Broitman.
Detalló que su defendido presenta “principio de fibrosis pulmonar”, sangrados internos persistentes y un cuadro digestivo severo. “Hace seis meses tiene diarrea con sangre y no pudieron hacerle ni una videocolonoscopía alta ni baja”, denunció. “No tienen los medios para atenderlo dentro del penal”.
Según relató, incluso los peritos del Ministerio Público coincidieron en la necesidad de internación. “El juez dijo que tenía que ir a un lugar que esté dentro de la campana de tiempo para llegar a un centro de alta complejidad. Eso no existe en Chubut ni en Bariloche”, explicó.
Ante ese cuadro, Broitman fue contundente: “Si esta persona se muere, no hay juicio”. Y cuestionó la apelación de la fiscalía: “Yo les pregunté si querían que se muera”.
Finalmente, defendió la viabilidad del control electrónico en el marco de la prisión domiciliaria. “El diagnóstico para ponerle el brazalete es óptimo, es apto”, sostuvo. “El Estado argentino no puede decir que no puede controlar a una persona enferma en un domicilio”.
Ahora, la decisión final sobre la prisión domiciliaria quedará en manos de la Cámara, mientras la defensa insiste en que la causa “se cae por sus propios medios” y que el proceso judicial avanza sin pruebas sólidas.
