En nuevo capítulo de la investigación de la denominada “Secta Rusa” de Bariloche, Irina Makarova, madre de Elena Makarova, la joven señalada por la Fiscalía como presunta víctima de trata, emitió una contundente carta ante la Justicia.
En el documento, Makarova no solo niega rotundamente que su hija haya sido vulnerada por algún grupo delictivo, sino que acusa directamente a las autoridades argentinas de haberle infligido un profundo trauma, llegando a afirmar: “Fue tal el trauma que le ocasiono la intervención de la policía y los fiscales y otras personas del refugio que le decían a Elena constantemente que era una víctima, pero la verdad es que los únicos que la torturaban física y psicológicamente eran ellos”.
La carta de Irina Makarova, presentada ante la Justicia y en la que rechaza las afirmaciones de la Fiscalía de Bariloche, que mantiene su postura de señalar a Elena como la presunta víctima de la “secta”, reconstruye la historia familiar y el contexto que llevó a su hija a viajar a Argentina embarazada.
Lejos de describir una trama de captación o explotación, la mujer asegura que la decisión de Elena de salir de Rusia respondió a una situación de violencia doméstica extrema. “Pedí ayuda para sacar a mi hija de un ambiente de agresión y miedo”, sostuvo Makarova.
Irina inició su declaración con un retrato íntimo de su vida y la de su hija en Rusia, explicando: “Estoy casada con Sergey Makarov, tuvimos dos hijos, Elena y Pavel, y siempre vivimos en Solikamsk”.
Según su relato, Elena se mudó a los 16 años a un departamento familiar en Perm para estudiar, donde inició una relación con un joven llamado Iván. Esta relación, según la madre, se convirtió en el inicio de una historia marcada por la violencia. La madre describió un escenario doméstico atravesado por humillaciones, amenazas y consumo de alcohol, afirmando: “Las condiciones en las que vivían eran de severa violencia familiar”. Agregó que “Iván la amenazaba constantemente, le decía sin mí no eres nadie y la insultaba a los gritos”, una situación que empeoraba cuando el joven bebía con frecuencia.
En medio de este clima de violencia, Elena quedó embarazada en julio de 2024. Sin embargo, esta noticia no trajo alivio, sino más bien tensión, ya que “Iván quería que abortara y le decía que no quería ese bebé”, relató su madre.
La joven estaba enferma, debilitada por una pancreatitis y sumida en una profunda depresión debido a la relación. Fue entonces cuando surgió la idea de enviar a su hija al extranjero. La intermediaria fue una amiga de Irina, Nadezhda Beliakova, conocida como Angelina, quien tenía planeado viajar a Argentina. “Le pedí por favor que me ayudara a sacar a mi hija de Rusia y de la violencia que estaba sufriendo”, explicó la madre, quien aseguró que el viaje representaba una oportunidad de reconstrucción.
La elección del destino no fue casual: “En Rusia todos sabemos que para ir a Argentina no hace falta visa, que la atención médica es gratuita y que es un país tranquilo”. En un contexto marcado por la guerra con Ucrania y la militarización de la sociedad, Irina veía en Argentina una alternativa segura, “un lugar sin guerra, donde mi hija podía tener a su bebé en paz”.
Desde Bariloche, según el relato de Irina, Elena comenzó a recuperar algo de estabilidad. “Hablábamos casi todos los días y la escuchaba mejor”, contó. La joven caminaba por la naturaleza, se alimentaba mejor y su salud parecía mejorar. “Sonaba feliz, como era antes. Me mandaba muchas fotos de las montañas y de los bosques”, recordó su madre.
“Lo que le hicieron a mi hija Elena y a mi nieto Miroslav es imperdonable”
La desconexión con Elena
Pero la historia dio un giro dramático cuando Elena ingresó al hospital para el nacimiento de su hijo. “Un día me llamó llorando y me dijo que en el hospital le habían puesto algo para adelantar el parto sin su consentimiento”, relató su madre. Poco después volvió a comunicarse para decir que estaba de parto, pero luego el contacto se cortó abruptamente.
Durante días, Irina no supo nada de su hija. Cinco días después, llegó una llamada que la dejó en shock.
Elena le contó que había dado a luz a Miroslav, un bebé de más de cuatro kilos, pero que policías habían intervenido inmediatamente después. “Me dijo que le sacaron el teléfono y que la dejaron aislada”, reveló Irina, quien aseguró que la joven estaba sola, sin traducción ni asistencia.

El relato de la madre describe condiciones que califica como degradantes: “Tenía que lavar su ropa y la del bebé en una pequeña pileta con un pedazo de jabón”. También aseguró que debía amamantar bajo la vigilancia de policías, lo que la hacía sentir “humillada y muy asustada”.
La comunicación entre ambas se volvió intermitente y precaria, ya que Elena solo podía llamar algunos minutos desde números desconocidos. En un momento, Elena le dijo que estaba en un refugio en Buenos Aires, pero que no sabía la dirección. “Me pidió que la rescatara”, recordó la madre.
Irina además señaló: “Ella llamo desde Buenos Aires diciendo que estaba en un refugio, pero que no sabía la dirección ya que no se la decían, estaba muy angustiada y con temor. Un día me llamó y me dijo que abrió Google maps y me paso todo lo que veía en el mapa, y yo lo anoté desesperada y me pidió que la rescatara”.
La madre continuó: “Al día siguiente no me volvió llamar. Prácticamente enloquecí y me costaba comprender lo que estaba pasando. Cuando Elena por fin pudo llamarme me dijo llorando que la habían castigado y que le hablan sacado el teléfono y a los gritos le dijeron que no volviera a llamarme porque había abierto el Google maps y eso estaba prohibido”, denunció Irina.
Desesperada, Irina contactó a abogados y conocidos para intentar localizarla. Finalmente, afirma que logró organizar el regreso de su hija a Rusia junto con el bebé. “Solo me quedé tranquila cuando la abracé en Moscú”, escribió, pero aclaró que el impacto psicológico fue profundo.
Según su testimonio, Elena necesitó asistencia psicológica para superar el trauma.
La carta concluyó con un mensaje contundente dirigido a la Justicia argentina. Irina aseguró que está dispuesta a declarar las veces que sea necesario, enfatizando: “Lo que le hicieron a mi hija Elena y a mi nieto Miroslav es imperdonable”. Por último, remató con una frase que resume su indignación: “Estuvieron casi tres meses secuestrados en un lugar que llamaban refugio”.

