La Patagonia austral sumó una nueva herramienta científica para comprender uno de sus fenómenos naturales más silenciosos y, al mismo tiempo, más extraordinarios: la migración de aves playeras. La Asociación Ambiente Sur instaló en la costa de Río Grande, en Tierra del Fuego, la segunda antena de la Red Motus en el extremo sur argentino, un dispositivo que permitirá rastrear movimientos, rutas y tiempos de permanencia de distintas especies migratorias.
La iniciativa se integra al sistema internacional Motus Wildlife Tracking System, una red colaborativa de radiotelemetría automatizada que opera en distintos continentes. El funcionamiento es preciso y silencioso: pequeñas etiquetas transmisoras, colocadas en aves, y también en murciélagos e insectos, emiten señales de radio que son captadas por estaciones receptoras ubicadas estratégicamente.
Cada antena puede detectar esos registros a distancias de hasta 20 kilómetros, lo que permite reconstruir trayectorias de vuelo, movimientos locales, uso de hábitat y estrategias migratorias.
La nueva estación de la Red Motus fue emplazada en un punto clave del litoral fueguino, en las inmediaciones de la Reserva Costa Atlántica, considerada uno de los sitios no reproductivos más importantes del hemisferio occidental para aves playeras migratorias. Cada temporada, miles de ejemplares llegan a estas costas tras recorrer distancias continentales, en viajes que conectan el Ártico con el sur de América.
Según explicó Germán Montero, director ejecutivo de Ambiente Sur, uno de los principales problemas que enfrenta la conservación en la región es la falta de datos específicos sobre cómo y cuánto tiempo permanecen las aves en distintos puntos de la Patagonia. “Contar con información científica sobre cómo se mueven entre diferentes sitios nos permite planificar mejor acciones de conservación y aportar evidencia a quienes deben tomar decisiones vinculadas a obras de infraestructura urbana o energética”, señaló.

La instalación de la antena se realizó en el marco de una capacitación técnica organizada junto a Manomet Conservation Sciences y la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras. De la actividad participaron autoridades provinciales, organizaciones ambientales y especialistas internacionales, en un esquema de trabajo colaborativo que apunta a fortalecer la red en el sur del continente.
Ambiente Sur ya había dado el primer paso en 2024, cuando instaló la primera antena de la red en el estuario del río Gallegos. Con esta segunda estación, la Patagonia austral comienza a tejer su propio entramado de monitoreo científico, aunque los desafíos persisten: ampliar la cantidad de antenas, garantizar financiamiento sostenido y lograr que esta tecnología se incorpore a los planes nacionales y provinciales de conservación.
En una región atravesada por proyectos energéticos, expansión urbana y transformaciones productivas, la información se vuelve un recurso estratégico. Cada señal captada por la antena no es solo un dato técnico: es el rastro de un viaje que une hemisferios y que, ahora, podrá seguirse con mayor precisión desde el confín austral del país.
