Marina Gushenets, psicóloga y médica rusa imputada en el expediente por presunta trata en Bariloche, aseguró en una entrevista exclusiva que fue inducida a declararse víctima, negó todo vínculo previo con el acusado Konstantin Rudnev y cuestionó duramente el accionar de la Justicia argentina, en una causa cada vez más atravesada por denuncias de arbitrariedad y violación de derechos.
La causa judicial conocida mediáticamente como la “Secta rusa” sumó en los últimos días una nueva voz que tensiona la hipótesis central de la Fiscalía Federal. Se trata de Marina Gushenets, psicóloga y médica rusa, pensionada, imputada en el expediente, quien brindó una entrevista exclusiva en la que relató las circunstancias de su detención y cuestionó con dureza el accionar judicial. Llegó a la Argentina como turista el 27 de marzo de 2025 y permaneció sola en el país durante algunos días. Su plan de viaje incluía luego reunirse con una pareja de amigos en Brasil.
La detención se produjo en un aeropuerto, cuando Marina intentaba continuar su viaje tras haber estado en Bariloche. Según su testimonio, la policía no le explicó los motivos ni le exhibió documentación alguna en el momento del arresto. “No me mostraron nada ni me dijeron nada”, afirmó. Recién con el correr de las horas entendió que “estaban poniendo a muchos rusos en la cárcel”, una situación que, dijo, la confrontó con una experiencia que creía superada: “Hasta ese momento había olvidado lo que es la discriminación”.
Durante su contacto con el sistema judicial argentino, Gushenets aseguró que fue inducida a asumirse como víctima del presunto líder de la organización, Konstantin Rudnev. “Las defensoras públicas me querían hacer declarar que era víctima de Rudnev”, relató. Sin embargo, negó de manera categórica haber tenido vínculo previo alguno con él. “Recién lo vi en la pantalla, en la audiencia”, sostuvo, descartando cualquier contacto anterior.
Desde su formación profesional, describió con inquietud las estrategias que percibió durante los interrogatorios. “Conozco la forma en que las personas pueden hablarte”, explicó, y dijo sentirse sorprendida por la manera en que las preguntas abordaban el tema “desde diferentes ángulos”.
A su entender, las autoridades judiciales ya tenían una versión construida de los hechos. “Tenía la sensación de que ya tenían una idea propia y que estaban recogiendo pruebas para comprobarla”, afirmó, comparando la experiencia con un “bosque salvaje” que se extendió también a las audiencias.

Las acusaciones de la Fiscalía por la supuesta Secta rusa
Consultada sobre las acusaciones concretas en su contra, Gushenets fue tajante. “En concreto, de nada: me preguntaron el nombre, se lo contesté y no hablamos más”, relató. Según su versión, el juez se limitó a leer un texto previamente elaborado. “Para mí esto está siendo un juego muy feo”, resumió, visiblemente afectada por un proceso que considera arbitrario.
Marina Gushenets también denunció situaciones que calificó como humillantes durante su detención. “Yo soy una mujer que ya tengo una cierta edad, me humillaron, me quitaron todas las ropas”, afirmó. En las audiencias, señaló haber percibido una lógica de construcción de un relato forzado, apoyándose en un dicho ruso que, explicó, refiere a “intentar agarrar la mentira por las orejas”. A su juicio, la causa se sostiene sobre interpretaciones sesgadas más que sobre hechos verificables.
Para graficar su postura, la psicóloga recurrió a un experimento clásico de su disciplina. Relató cómo una misma fotografía puede generar percepciones completamente distintas según el relato previo que se ofrezca sobre la persona retratada. “Si dicen que es un científico, lo ven inteligente; si dicen que es un bandido, lo ven negativo; y si dicen que es un ciudadano normal, lo ven bueno”, explicó. Esa lógica, afirmó, es la que observó en el accionar de los fiscales respecto de Rudnev: “Pusieron una imagen y ahora agrupan toda la información para probarla”.
Las declaraciones de Marina Gushenets se inscriben en un contexto judicial cada vez más cuestionado. La causa involucra a 21 personas imputadas por presunta trata de personas con fines de explotación sexual y reducción a la servidumbre, pero no registra denuncias directas de víctimas en Argentina. Incluso Elena Makarova, señalada inicialmente como la víctima central, negó bajo juramento serlo y presentó una querella contra los fiscales por abuso de autoridad y violencia institucional. Su testimonio es uno de los ejes que hoy ponen en crisis la investigación.
En ese escenario, expresó una profunda desilusión con el país que había elegido conocer. “Había escuchado mucho sobre la Argentina, la patria del tango, y me gusta mucho”, dijo, pero aseguró que su experiencia modificó radicalmente esa imagen. “Es un gobierno totalmente sin derechos”, afirmó, y se mostró especialmente preocupada por la situación de mujeres y niños. “Las personas aquí están muy desprotegidas, yo misma me siento en esa condición”, agregó.
Las consecuencias personales del proceso judicial también atraviesan su relato. Marina Gushenets contó que no puede salir del país, que no le devuelven el pasaporte y que no recibió explicaciones formales sobre su situación. Incluso mencionó problemas de salud básicos que no puede atender. “Ni siquiera puedo ir a un dentista”, lamentó, convencida de que “acá no va a venir la justicia”, mientras advirtió que la Argentina “está perdiendo su reputación” ante los organismos internacionales.
