Therians: la moda más rara de internet… y el síntoma más claro de lo que viene

therians

De acuerdo a lo que sostiene Alfredo Fredhy Perotti, especialista en comunicación digital, el fenómeno de los “therians” no es una simple excentricidad juvenil sino un síntoma de cómo los algoritmos están moldeando la identidad y la necesidad de pertenencia en las nuevas generaciones.

Por Alfredo Fredhy Perotti | Liga de Prensa | Especialista en comunicación digital.

Estos días me crucé con algo que, al principio, pensé que era un chiste. Pibes y pibas que se presentan como therians: dicen que se identifican con un animal, que sienten una conexión real con un lobo, un zorro, un gato, un ciervo. Algunos lo viven como algo espiritual, otros como algo emocional, y muchos como una estética, un personaje, una forma de pertenecer.

Y sí, es raro. Muy raro.

Pero si nos quedamos solo con la risa, perdemos lo importante. Porque el fenómeno therian no es simplemente “una moda absurda”. Es una señal. Un síntoma. Una muestra brutal de lo que está haciendo el algoritmo con la identidad.

En los 90 y 2000 también existían tribus urbanas: emos, floggers, punks, góticos, rolingas, skaters. En su momento también parecían ridículas. La diferencia es que esas identidades se construían en la calle, en la plaza, en la escuela, en el mundo real. Había contacto humano, había límites, había fricción social.

Hoy la identidad se arma en TikTok, y TikTok no tiene límites: tiene métricas.

El algoritmo no premia al que piensa, premia al que retiene atención. No te pregunta si algo te hace bien, te pregunta si genera reacción. Y en ese sistema, ser “normal” es perder. Para existir, hay que ser llamativo. Distinto. Extraño. Exagerado. Y si encima esa rareza arma comunidad, mejor todavía.

Entonces aparecen identidades como la therian, que son perfectas para la era del contenido: son visuales, provocan debate, generan comentarios, se vuelven meme, se vuelven tendencia. Y el adolescente, que ya de por sí está en una etapa donde necesita pertenecer, cae directo en ese embudo.

Acá viene la parte incómoda: muchos adultos se indignan con los therians… pero les dieron a los chicos un celular con acceso total y los soltaron en la autopista digital sin casco.

Nos pasamos años enseñando “no hables con extraños” y “cruzá en la esquina”, pero cuando les damos internet no les enseñamos lo más básico: cómo funciona la manipulación, la validación social, el algoritmo, el grooming, el contenido tóxico y la presión por pertenecer.

Y después nos sorprendemos cuando un pibe decide que necesita ser un animal para sentirse parte de algo.

Los therians y un futuro construido con likes

El problema no es el therian. El problema es la época. Una época donde la identidad se volvió performance, donde la pertenencia se volvió una necesidad urgente, y donde cada persona compite por ser vista. No por ser mejor, no por aprender, no por construir algo: por ser visible. Y en ese juego, la rareza es moneda.

Por eso, lo que viene no es “más therians”. Lo que viene es peor: más etiquetas, más micro-tribus, más identidades extremas, más choque generacional, más personas creciendo con un yo construido en función de likes. Y cuando ese yo se enfrenta al mundo real, el golpe suele ser duro.

La solución no es prohibir. Prohibir es la respuesta cómoda del adulto que no entiende. La solución es alfabetización digital real, desde jardín, como se enseña educación vial. Con límites, sí. Pero también con acompañamiento, conversación y criterio. Porque la tecnología no es el enemigo: el enemigo es dejar a los chicos solos frente a un sistema diseñado para capturar su atención y moldear su identidad.

Hoy nos reímos de los therians. Está bien. Pero ojo: en realidad nos estamos riendo de la primera señal visible de una generación criada por algoritmos.

Alfredo Perotti


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