El sociólogo italiano Massimo Introvigne, experto en nuevos movimientos religiosos, sostuvo que la detención de Konstantin Rudnev en Argentina se sostiene más en un “relato” replicado internacionalmente que en evidencia comprobable. En su análisis, cuestionó el rol de traducciones improvisadas, la expansión de hipótesis sin sustento y la persistencia mediática de la etiqueta de “líder de secta”.
El sociólogo italiano Massimo Introvigne, fundador y director del Centro de Estudios sobre Nuevas Religiones (CESNUR), planteó que la detención en Argentina del ruso Konstantin Rudnev se apoya en una narrativa que se impuso sobre la verificación judicial. Según su análisis, el caso es un ejemplo de cómo el estigma circula y se recicla más rápido que los hechos. “No encontramos pruebas; encontraron un relato”, afirmó al reconstruir el origen del escrutinio que se activó primero en Montenegro. Para Introvigne, esa imagen del “líder de secta” opera como una etiqueta transnacional que se exporta sin chequear contexto. Y advirtió que esa construcción termina condicionando decisiones institucionales.
El sociólogo sostuvo que, tras salir del sistema penitenciario ruso en 2021, Rudnev dejó de hablar en público y de enseñar, y buscó una vida de retiro. En su texto lo describe como un hombre deteriorado por el encierro, a quien se le prohibieron rutinas básicas como estiramientos y caminatas. “Simplemente quería volver a estar cerca de la naturaleza: caminar por los bosques, respirar aire de montaña”, escribió. En esa búsqueda, afirmó, Montenegro fue elegido por sus paisajes y su posibilidad de aislamiento. Sin embargo, el pasado lo alcanzó incluso allí, no por hechos nuevos sino por reputación previa. En esa línea, Introvigne sostuvo que las autoridades “recurrieron a Internet” y se encontraron con titulares antiguos convertidos en verdad automática.
En Montenegro, según el sociólogo, se disparó una lógica que luego reaparecería en Argentina: una investigación impulsada más por la historia previa que por evidencia actual. “No hubo cargos, no hubo pruebas, no hubo víctimas”, sostuvo sobre el episodio en el que Rudnev fue interrogado y detenido brevemente. Pero el punto clave, remarcó, fue la reproducción mediática: “los titulares reaparecieron… copiados casi palabra por palabra de fuentes rusas”, incluso con imágenes antiguas. Para Introvigne, ese mecanismo prueba que el estigma se volvió “portátil”, capaz de reactivarse en distintos países. Así explicó que Rudnev abandonó Montenegro voluntariamente, sin restricciones formales. Y concluyó que esa experiencia confirmó que la narrativa ya circulaba con vida propia.
Argentina, en esa reconstrucción, aparece como el lugar elegido para volver a una rutina silenciosa y sin estructura. Introvigne señaló que Rudnev eligió Bariloche por razones similares a Durmitor: montañas, bosques y lagos.
En defensa de Rudnev
El sociólogo insistió en que no organizó actividades, no formó grupos y no enseñó. “No enseñaba, no organizaba, no formaba ningún grupo”, escribió, al describir una vida centrada en caminatas, meditación y descanso. En paralelo, introdujo un elemento contextual: una comunidad rusa en expansión y el atractivo de la ciudadanía por nacimiento. Pero subrayó que el hecho que disparó el caso no estuvo ligado a Rudnev sino a una mujer identificada como E., embarazada y en situación de vulnerabilidad.
El sociólogo sostuvo que la investigación se montó a partir de malentendidos en el hospital, amplificados por barreras idiomáticas y traducciones precarias. “La comunicación… dependió de herramientas de traducción improvisadas e intérpretes ad hoc”, señaló, y advirtió que eso instaló un “riesgo estructural” de distorsión. En ese marco, describió una escalada interpretativa donde suposiciones se transforman en certezas judiciales. “En ese contexto, las conjeturas se soportaron y pasaron a convertirse en ‘pruebas’”, afirmó.
En la misma línea, cuestionó la manera en que episodios burocráticos se reformularon como maniobras criminales. También enfatizó que el expediente original fue desestimado rápidamente por falta de delito y que, lejos de cerrarse, luego se expandió bajo nuevas autoridades. Para el sociólogo, allí se consolida un patrón: la causa crece aunque los hechos no.
Introvigne afirmó que el operativo de detenciones masivas de abril de 2025 alimentó una narrativa mediática contundente, aunque los vínculos reales fueran endebles o inexistentes. “En realidad, habían detenido a un grupo de turistas”, sostuvo, y aseguró que la mayoría no se conocía entre sí y ni siquiera había oído el nombre de Rudnev.
El texto sostiene que varias detenidas denunciaron presiones para “confirmar” que eran víctimas e incriminar a terceros. En este punto, Introvigne introduce una lectura más amplia: la etiqueta “secta” como habilitación informal para prácticas excepcionales. Y cita testimonios que describen requisas humillantes, incomunicación, falta de intérpretes y condiciones degradantes.
Finalmente, el sociólogo dedicó un tramo central a la situación de Rudnev en custodia y al deterioro de su salud. Describió aislamiento, audiencias extensas en idioma incomprensible y una traducción fragmentaria. “En nueve meses perdió alrededor de 30 kilos”.
También afirmó que el caso comenzó a desmoronarse: la supuesta víctima negó conocerlo, las pastillas atribuidas a cocaína eran somníferos de venta libre, y varias hipótesis se debilitaron. Sin embargo, dijo, el ruso permaneció detenido por una narrativa que sobrevivió a la caída de imputaciones. “Permanece encarcelado… a causa de una mitología importada: un relato forjado en Rusia, replicado en Montenegro y absorbido… en Argentina”, concluyó. Y cerró con una advertencia: el expediente avanza “menos por la fuerza de las pruebas que por la resistencia del sistema a admitir un error”.
