Un testimonio desgarrador de una jurista rusa que enfrenta acusaciones infundadas y una detención arbitraria en Argentina, por supuestas vinculaciones con la denominada “secta rusa”, cuyo principal acusado es Konstantin Rudnev.
La historia de Valentina Evdokimova es un eco de la injusticia, un relato que desvela la vulnerabilidad de un individuo frente a un sistema judicial que, según su testimonio, ha actuado con arbitrariedad y sin pruebas.
Esta jurista rusa, que llegó a Argentina en octubre de 2024 con la ilusión de conocer sus paisajes, se encontró, nueve meses después, en el epicentro de una causa judicial que la ha mantenido forzosamente en el país, acusada de delitos que niega rotundamente.
Su detención en marzo de 2025, en el aeropuerto, fue el punto de inflexión. “Fue como una pesadilla”, describe Valentina, un evento que la sumió en un estado de confusión y miedo. Las condiciones de su arresto, según su relato, fueron deplorables: 24 horas sin comida, desnudez forzada, esposas que se clavaban en sus huesos y la ausencia de un traductor, a pesar de sus constantes peticiones.
La presión psicológica para que incriminara a Konstantin Rudnev, a quien ella no conocía, fue constante, basada en lo que ella considera “insinuaciones y mentiras”.
La causa contra Rudnev
Evdokimova se defiende con vehemencia de las acusaciones de pertenecer a una organización de trata de personas o a la llamada “secta rusa de Bariloche”. Su argumento es claro y contundente: “Cuando no hay víctima, cuando no hay a quién acusar, no existe delito”. Para ella, la causa es una “falsificación” y una “construcción basada en una imaginación enfermiza” de los fiscales, quienes, a su juicio, han fabricado una hipótesis sin fundamento real para justificar una investigación.
La jurista insiste en que nunca ha sido interrogada formalmente, a pesar de sus esfuerzos por presentar su versión de los hechos ante la fiscalía y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
La lucha de Valentina por sus derechos fundamentales ha sido una constante desde su detención. Tuvo que batallar incluso para que se le permitiera estar presente en las audiencias de su propia causa, un derecho básico que le era negado.
Atrapada en un país extranjero, sin sus documentos y con su carrera profesional en pausa, Valentina Evdokimova alza su voz para denunciar lo que considera una flagrante violación de sus derechos humanos y un proceso judicial carente de fundamentos y pruebas sólidas.
