Guadalupe Godoy: “la memoria la tenemos que pensar como una genealogía de las luchas”

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Guadalupe Godoy, abogada de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, analizó el juicio a cuatro ex agentes de inteligencia por los crímenes cometidos en la base clandestina conocida como “Pomar”, donde fueron secuestrados militantes del Partido Comunista en 1977. Habló del rol de la SIDE en la represión, de los límites del Poder Judicial y de por qué, a 50 años del golpe, el proceso de memoria y justicia sigue siendo una conquista colectiva sin precedentes.

Hace poco más de un mes comenzó uno de los juicios que todavía están abiertos por los crímenes de la última dictadura cívico-militar: el proceso contra César Casanova Ferro y otros tres ex agentes de inteligencia civil y fuerzas armadas, por los hechos cometidos en lo que hoy se conoce como Automotores Orletti y la Base Pomar.

Guadalupe Godoy, abogada de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (LADH), dialogó con el programa Informe de Pájaros, por Radio Con Aguante, y explicó por qué este juicio tiene características únicas dentro del largo proceso de justicia iniciado en la Argentina.

¿Qué tiene de particular este juicio respecto de otros?

“Lo que lo caracteriza es que se pudo llegar a juicio reconstruyendo e identificando un centro clandestino de detención en los últimos años”, señaló Godoy. “Eso también muestra cómo, 50 años después, todavía seguimos reconstruyendo lo sucedido. Ante la idea de ‘memoria completa’ que circula en algunos discursos, la respuesta es que todavía hay que seguir reconstruyendo”.

Los cuatro acusados no tenían ninguna causa ni condena previa. Pertenecían a una forma de operar que durante décadas pasó desapercibida: los grupos de tareas vinculados a la SIDE y a la inteligencia del Estado.

Guadalupe Godoy: porqué tardó tanto en llegar a la Justicia

“En general ha sido mucho más sencillo llevar adelante juicios que tienen que ver con la estructura represiva tradicional del Estado: integrantes de las fuerzas de seguridad y militares, fundamentalmente”, explicó la abogada.

“Cuando se intentó ampliar las responsabilidades a quienes se enriquecieron o se beneficiaron con el genocidio, las llamadas responsabilidades civiles, o cuando se buscó profundizar en quiénes determinaron los blancos a exterminar, aparece el accionar de las agencias de inteligencia, y ahí todo fue mucho más complejo”.

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Juan Carlos Comínguez, en el reconocimiento que se hizo en 2023 de la Base Pomar, donde estuvo secuestrado.

Godoy identificó dos razones centrales para esa complejidad. Por un lado, la falta de acceso a la documentación de los organismos de inteligencia durante muchos años. Por el otro, las dificultades del Poder Judicial para investigar, que en algunos casos son puramente burocráticas y en otros tienen una carga ideológica profunda.

“No tengo problema en afirmar que hay una suerte de obediencia debida judicial: los jueces en este país han determinado cuáles son los límites del juzgamiento. Los frenos los encontramos justamente en estas responsabilidades no tan sencillas”, afirmó.

El caso de Patricio Finnen, uno de los acusados, quien además ejerció un poder considerable dentro de la SIDE ya entrada la democracia, es para Godoy el más paradigmático de esa relación entre inteligencia y Poder Judicial. “Cuando desapareció Jorge Julio López, al inicio del segundo ciclo de juzgamiento, los propios jueces federales nos decían que quienes mejor investigaban eran los de la SIDE. Y efectivamente investigaban, y bastante bien, por el enorme aparato paralelo que tenía ese organismo. Esa relación bastante espuria entre la inteligencia y el Poder Judicial no es precisamente algo del pasado”.

¿Quiénes son las víctimas de este juicio?

El caso se centra en un grupo de militantes del Partido Comunista que el 20 de mayo de 1977 salían de una reunión en el local del Comité de la avenida Callao 274. Al salir, fueron secuestrados Juan Carlos Comínguez, diputado nacional entre 1973 y 1976, Luis Cervera Novo, Ricardo Isidro Gómez, Carmen Román, Miguel Prado, Miguel Lamota y Juan Arano. Sobrevivieron Comínguez, Lamota y Prado.

Fue justamente Comínguez quien, en 2023, identificó el lugar conocido hoy como base Pomar como sitio de cautiverio. Para reconstruir esa historia fue determinante el trabajo de la periodista Luciana Bertoia y también una nota publicada años atrás por Lila Pastoriza, sobreviviente de la dictadura y la compañera de los últimos días de Rodolfo Walsh, que falleció hace muy pocos días.

“Es atípico pensar en un centro clandestino de detención que funcionó casi exclusivamente para el secuestro de estos militantes comunistas”, señaló Godoy. La banda que los secuestró operaba también en Orletti, el centro clandestino del Plan Cóndor, donde se coordinaban las inteligencias y fuerzas represivas de América Latina.

Balance de 50 años de memoria: ¿qué se logró?

Godoy advirtió sobre el riesgo de hacer un “balance numérico” del proceso de justicia, contar cuántos condenados hay, cuántos siguen presos, sin ver el proceso histórico completo. “Venimos de una etapa en la cual todos los sectores dominantes lograron instalar las leyes de impunidad y el indulto, incluso para los poquitos que habían juzgado. Y rompimos todas esas barreras y seguimos avanzando”.

Reconoció que el contexto actual es complejo: “No podemos soslayar el efecto enorme que tiene un Poder Ejecutivo claramente no solo negacionista, sino que directamente reivindica lo sucedido, y un poder judicial que siempre es muy permeable a esas cuestiones”.

Pero también subrayó que, a pesar de eso, no lograron revertir nada de lo conquistado. “Los juicios siguen, no pudieron impulsar un indulto, no pudieron avanzar siquiera cuando intentaron con el poder legislativo para lograr salidas masivas por razones humanitarias”.

“Cuando escuchaba ayer los testimonios en este juicio”, dijo, “lo que me pasaba era una emoción ambivalente: decir ’50 años después’, pero también pensar qué somos como pueblo, que 50 años después logramos llegar a esto. O pensar que 50 años después hay tipos que están esperando que les toquen el timbre y los vayan a detener, porque las investigaciones siguen y los procesos siguen”.

Para Godoy, eso solo fue posible porque detrás de cada juicio hay una construcción colectiva: organismos de derechos humanos, partidos políticos, organizaciones sociales, el movimiento estudiantil y el movimiento obrero. “La memoria la tenemos que pensar como una memoria activa, que nos genere una genealogía de las luchas y que nos sirva para afrontar este presente”, aseguró.

Informe de Pájaros

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  • Con Pablo Mercau, Solana López, Jorge Kreyness y Luana Haiht.
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