Dirigida por Catalina Krasnob y protagonizada por las bisnietas de Tomás Marilef, Cielo Chaina, María del Valle Chaina y Luciana Wiederhold, la obra El alambrado reconstruye el asesinato de un poblador mapuche en 1932 y el despojo de sus tierras en la precordillera rionegrina. A partir de archivos judiciales, memoria oral y dramaturgia colectiva, el Nuevo Teatro Documental se vuelve aquí un acto político: hablar donde durante décadas hubo silencio.
Hay una escena que condensa todo lo que El alambrado. Biodrama de una familia mapuche propone: tres mujeres en escena citan, con precisión quirúrgica, los datos del Censo Nacional 2022. Cada una dice cuántos habitantes tiene su comuna en la Ciudad de Buenos Aires, cuántos se reconocen indígenas o descendientes de pueblos originarios, y cierra con una afirmación en primera persona. “Yo soy una de ellos”.
No es un gesto retórico. Es una declaración de existencia. Y en ese acto de nombrar, de nombrarse, late el nervio central de la obra que dirige Catalina Krasnob: la palabra como forma de ocupación de un territorio que durante décadas fue negado.
Porque si hay algo que El alambrado pone en escena con rigor y emoción, es la historia de lo que se silenció. Y también la de quienes decidieron, finalmente, hablar.
El alambrado, un crimen de 1932 y sus huellas en el presente
En un campo de precordillera cercano a Bariloche, en 1932, fue asesinado Tomás Marilef. Poblador mapuche, ocupante de un predio fértil de 17.000 hectáreas junto a otras cinco familias, su muerte respondió a la lógica brutal de los despojos de tierras que definieron, y aún definen, la relación del Estado argentino con las comunidades indígenas.
Lo que distingue a este caso de tantos otros sumergidos en el olvido es la existencia de un juicio en 1939, cuyos antecedentes se conservan en el Archivo Histórico de la Provincia de Río Negro. Esos documentos, actas judiciales, registros policiales, declaraciones, fueron rescatados por la investigación académica de Patricia Chaina, periodista de Página/12, docente e investigadora de la UBA, y también bisnieta de Tomás Marilef.
Ese hallazgo fue el punto de partida. Luciana Wiederhold, prima de Patricia y una de las tres intérpretes de la obra, acercó ese material al proceso creativo y, en palabras de la directora, “cambió la escala del paisaje”. No era solo la historia de un hombre asesinado. Era la prueba de que Tomás Marilef no fue un sujeto pasivo ante el despojo: había litigado, había pedido por sus tierras y por su vida.
“Me apuñaló en mi propio racismo, dice Cielo Chaina, otra de las intérpretes, porque muestra que no era un indio sometido, sino que hizo todo lo posible para pelearla.”
Esa frase importa porque desafía el estereotipo colonial de la víctima silenciosa. Y al hacerlo, actualiza el gesto de Tomás: sus bisnietas también hacen todo lo posible. También pelean. Con el cuerpo, con la voz, con la escena.

El Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 incorporó el autorreconocimiento indígena o el ser descendiente de pueblos originarios. En “El alambrado”, sus protagonistas rescatan el dato según sus lugares de residencia, y concluyen:
-Valle: “En la comuna 13, de los 262.330 habitantes censados, 3.393 se reconocen indígenas o descendientes. Yo soy una de ellos. Me reconozco mapuche, no hablo la lengua, aunque me gustaría”.
-Luciana: “Comuna 15, de los 195.265 habitantes censados, 4.417 se reconocen indígenas o descendientes. Yo soy una de ellos. Soy descendiente mapuche, solo aprendí unas malas palabras en la lengua”.
-Cielo: “Comuna 10, 171.896 habitantes censados, 4.066 indígenas o descendientes. Yo soy una de ellos. Soy mapuche. Y lo primero que aprendí en la lengua fue una canción de cuna”.
Biodrama y teatro documental: la vida como materia escénica
El alambrado pertenece al Nuevo Teatro Documental, una tradición que en la Argentina tiene referentes potentes y que, en este caso, se cruza con el biodrama: ese género donde la experiencia biográfica de los propios intérpretes es a la vez material y método.
Krasnob venía investigando esa zona de frontera, entre el documento y la vivencia, entre el archivo y el cuerpo, cuando Cielo, Valle y Luciana la convocaron en 2021, en plena pandemia, en la Plaza Los Andes. “Lo paradójico es que, pese a años de amistad, Luciana jamás me había hablado de sus orígenes”, recuerda la directora.
Ese silencio previo es, en sí mismo, un dato dramatúrgico. Lo que no se nombra también forma parte del relato. Y el proceso creativo consistió, en buena medida, en desandar ese silencio: a cada ensayo, las tres mujeres llegaban con materiales heterogéneos: poemas, fotos familiares, joyería, canciones olvidadas, palabras en mapuzungun esbozadas tímidamente, que la directora fue convirtiendo en dramaturgia colectiva.

Cielo Chaina (1985)
Licenciada en Actuación por la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Es Diplomada en proyectos culturales y producción cultural por el Centro Cultural Paco Urondo (FFyL, UBA). Se formó en dramaturgia con Mauricio Kartún, Ignacio Apolo, Mariela Asensio, Sol Rodríguez Seoane, Mariana Mazover y Lorena Vega. Fue con la escritura que comenzó su investigación sobre sus orígenes Mapuche, trabajando su historia familiar desde lo biográfico.
Participó de diversos espectáculos como actriz, algunos de los cuales obtuvieron menciones de interés cultural en CABA y en la Prov. de San Juan, así como en obras nominadas a los premios ACE. También participó de festivales internacionales de teatro como el del Teatro Universitario de la ciudad de Blumenau (Brasil) y en la última edición del FIBA, cuando fue especialmente convocada como actriz de origen Mapuche, obra con sede en el Centro Cultural Recoleta, dentro del ciclo Teatro Bombón Gesell. A su vez, trabaja como docente en las materias: “Población aborigen de América y Argentina” -cátedra Kusch- del Departamento de Folklore (UNA), y de “Teatro para abogados” en la carrera de Derecho en la Universidad Torcuato di Tella (UTDT).
“Los materiales me emocionaban y trabajamos con respeto y cuidado, y con miedo también por contar esta historia desde la ciudad”, admite Krasnob.
La estructura que emergió de ese proceso articula tres líneas de tiempo: el relato de infancia, donde cada intérprete rememora el momento en que emergió la pregunta por los orígenes; el tiempo pasado, inscripto en los archivos judiciales de la época; y un tiempo presente de encuentro, donde las tres primas hilvanan el tejido de la familia Marilef-Paillalef.
La dramaturgia no jerarquiza esas capas: las superpone, las deja resonar entre sí, como si el pasado y el presente no fueran tiempos separados sino dimensiones de un mismo cuerpo.

Catalina Krasnov (1978)
Actriz, directora, gestora cultural y docente de Artes con mención en Teatro por la Universidad Nacional de las Artes (UNA), egresada de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). Sus maestros fueron Rubén Szuchmacher, Augusto Fernándes, Alberto Segado, Fernando Piernas y Beatriz Spelcini. Actualmente, se desempeña como docente y como Directora de Vinculación Institucional del Área Trandepartamental de Formación Docente de la UNA. Investiga el biodrama y teatro documental.
Trabajó como actriz y directora en diferentes obras como “Pasillo” (2018) de Phillippe Minyana con Gabi Mayaru, “Iván y Los Perros” (2014) de Hattie Naylor con Mariano Stolkiner y Gustavo García Mendy, “Dramas Breves II” (2010) de Phillippe Minyana y “La Soledad de las Estrellas Fugaces” de Carlos Diviesti que realizó tres temporadas en Teatro Payró y Teatro El Kafka, y participó de Festivales Nacionales y del Catálogo INT 2019-2020.
La palabra como ocupación: hablar donde antes había silencio
El eje dramatúrgico más poderoso de El alambrado es, precisamente, el que conecta con una de las claves de la cosmovisión mapuche: el valor de la palabra, del diálogo, de la construcción con el otro. “En la cosmovisión mapuche tiene valor la palabra, el diálogo, la construcción con el otro, dice Cielo, y yo busco eso, un mundo donde convivir con el otro sea posible, incluso desde mi lugar como teatrista”.
Pero esa palabra no llega fácil. En la obra se trabaja sobre la vergüenza, sobre el mandato de invisibilización que atravesó generaciones. Luciana recuerda a su madre diciéndole “qué suerte que seas rubia, para que no se te note el hecho de ser india”.
La frase condensa una política cultural de largo aliento: la asimilación como supervivencia, el blanqueamiento como estrategia de protección. Y también la marca que eso deja: lo indígena como algo que “se nota”, que se debe disimular, que carga.
La obra no elude esa herida. La trabaja desde adentro, con humor, con ternura y con la valentía de exponerse. “Reírnos de los estereotipos nos divierte, dice Luciana. Me río de mí y de mis prejuicios, y esa risa ayuda. Sin humor no podríamos hacer esta obra”.
El humor no es aquí un recurso de distancia sino de cercanía: permite que el espectador entre sin sentirse acusado, sin que la obra lo interpele desde un lugar moralizante.
María del Valle Chaina, psicóloga y socióloga de formación con reciente experiencia escénica, lo formula con precisión: “Pudimos ponerle voz a lo que estaba silenciado y permitir que esto pasara por el propio cuerpo. Porque se callaba, por dolor y como protección también”.
Hablar, entonces, no es solo un acto comunicativo. Es un acto de recuperación. De soberanía sobre la propia historia.
En ese sentido, la palabra en El alambrado funciona como el alambrado en la historia de Tomás Marilef: traza un límite. Pero en este caso el límite no excluye, sino que delimita un territorio propio. Un espacio de enunciación que antes no existía, o que existía en voz baja, en el ámbito familiar, sin forma pública. La obra le da forma pública a ese murmullo.

Valle Chaina (1976)
Licenciada en Sociología y Psicología por la Universidad de Buenos Aires). Se formó como psicoanalista con los maestros Isidoro Vegh y Alba Flesler. En la actualidad trabaja como psicoanalista y coordina un centro de salud mental en la zona sur de la provincia de Buenos Aires. A su vez, continúa su formación en psicoanálisis con niños.
En el año 2021 realiza su primer acercamiento a la experiencia teatral en el marco del Programa Incubadoras, donde comienza a gestarse un proyecto de biodrama referido a su familia de origen mapuche. Este acercamiento le permite observar la similitud que tiene el teatro de autoficción -o biodrama- con el quehacer psicoanalítico ya que este género teatral permite trabajar con la propia historia y ficcionalizarla, convirtiéndose en una herramienta que permite hablar de aquello que muchas veces no se puede decir.
Tres mujeres, tres registros, una gramática común
Uno de los mayores desafíos que Krasnob describe en una reciente nota en Infobae es el de articular tres registros actorales radicalmente distintos: Cielo Chaina es licenciada en actuación por la UNA; Luciana Wiederhold tiene formación en clown y experiencia docente; Valle Chaina es psicoanalista, sin formación teatral. La directora trabajó para encontrar una gramática común donde esas diferencias se potenciaran en lugar de anularse.
El resultado es visible en escena: cada una habita el espacio desde su propio saber. Valle aporta una presencia reflexiva y una capacidad de escucha que viene de otro lugar que el oficio actoral; Luciana trae el cuerpo desinhibido y la ligereza del clown; Cielo, la técnica y la conciencia dramatúrgica.
Lejos de generar fricciones, esa heterogeneidad produce una textura rica, verosímil, que refuerza el carácter documental de la pieza: estas son personas reales contando su historia real, y eso se percibe.
El espacio escénico, diseñado por Merlina Molina Castaño, propone una estética minimalista y envolvente que la directora llama “sinfín patagónico”: un horizonte visual donde se proyectan fotos familiares, imágenes de la cordillera y texturas que anclan el relato en una geografía concreta.
La música en vivo de Pablo Salzman y Paula Pomeraniec, que entreteje instrumentos autóctonos con texturas contemporáneas, completa una atmósfera inmersiva que no ilustra la historia sino que la amplía, la abre hacia lo sensorial.

Luciana Wiederhold (1977)
Actriz, clown y docente de teatro (UNA). Estudió Teatro y clown con Francisca Ure, Marcelo Katz y Gabriel Chamé Buendia. Estudió canto y música, y Dramaturgia con Mariana Mazover. Es profesora de teatro en colegios primarios. Fue adscripta en la Cátedra de Actuación aplicada a la Enseñanza I y II en la UNA.
Fue miembro de la Compañía Clun dirigida por Marcelo Katz, “Clowns No Perecederos” dirigido por Cristina Martí. Fue Payasa fundadora de la ONG “Alegría Intensiva”, que visita Hospitales Pediátricos y produjo el espectáculo “Un cuento para no dormir” dirigido por Mariana Briski.
Realizó diversos espectáculos para el Programa de la secretaría de Planeamiento que se realizó en Tecnópolis y diferentes provincias del país. Programa Nacional ESI del Ministerio de Educación, Paseo de la infancia (CCK) dirigido por Magdalena Fleitas. Fundó la Asociación Civil “Epa” payasos de hospital.
Una historia del país contada desde adentro
“De hecho creo que estamos contando la historia del país, sin proponernos eso de entrada”, dice Luciana. Y tiene razón. El alambrado no es solo el relato de una familia mapuche en el Buenos Aires del siglo XXI: es también una radiografía del racismo estructural argentino, de las políticas de invisibilización que operaron sobre las comunidades indígenas desde la consolidación del Estado-nación, de la educación como dispositivo de homogeneización cultural, de la Iglesia como agente de asimilación.
Todos esos elementos aparecen en la obra, no como tesis sino como experiencia vivida, como memoria que se activa en escena.
El Censo 2022 que las intérpretes citan no es un detalle anecdótico: es un gesto político. Significa que en la Argentina contemporánea hay decenas de miles de personas que se reconocen indígenas o descendientes, que viven en la ciudad, que pagan impuestos, que votan, que hacen teatro. Y que, durante décadas, aprendieron a no decirlo.
La obra llegó a El Galpón de Guevara después de ser seleccionada entre 300 propuestas para el festival VIVA, como Proyecto Invitado. La residencia artística le permitió al grupo contar con una plataforma de 64 metros cuadrados y ensayar los últimos meses directamente en el escenario del estreno, una condición de trabajo inusual en el teatro independiente porteño.
“Ahora no solo lo hablamos, sino que hacemos una obra de teatro. Eso para mí ya es un pequeño mundo mejor”, dice Cielo. Y en esa afirmación está todo: la palabra que ocupa el silencio, la escena que restituye lo que el Estado borró, el teatro como forma menor, y por eso mismo, vital, de justicia.
El alambrado. Biodrama de una familia mapuche se presentó en El Galpón de Guevara (Guevara 326, CABA), los sábados de marzo y abril.
Queda una función, la del sábado 11 de abril a las 19:30 y la esperanza de la reposición, porque es necesario que la palabra circule y traiga los vientos de la historia silenciada.
Ficha técnica:

- Dramaturgia: Cielo Chaina, Valle Chaina, Catalina Krasnob, Luciana Wiederhold
- Actúan: Cielo Chaina, Valle Chaina, Luciana Wiederhold
- Composición de música original: Pablo Salzman
- Intérpretes musicales: Pablo Salzman y Paula Pomeraniec
- Diseño de escenografía y vestuario: Merlina Molina Castaño
- Realización escenográfica: Merlina Molina Castaño y Jorge Sesán
- Realización de vestuario: Candela Mac Lennan
- Diseño de iluminación: Lucas Orchessi
- Diseños visuales: Moreno Pereyra
- Diseño gráfico: Nicolás Boron
- Fotografía: Gustavo Jaiyes
- Operación de sonido: Tomás Pol
- Asesoramiento histórico: Cristian Gonzalo Quiroga
- Prensa: Prensópolis
- Producción: Cielo Chaina, Catalina Krasnob, Luna Zaballa
- Asistencia de dirección: Luna Zaballa
- Dirección: Catalina Krasnob

