Mercado Pago no es un banco, pero presta dinero: la letra chica detrás de sus créditos y sus tasas

Mercado Pago

La propia empresa reconoce que no está autorizada por el Banco Central para operar como entidad financiera. Sin embargo, MercadoLibre figura en los registros oficiales como proveedor no financiero de crédito y como emisor de tarjetas. La discusión ya no pasa por si Mercado Pago puede prestar, sino por cuánto cobra y hasta dónde llega el control sobre esas tasas.

Hay una frase que aparece en la letra chica de Mercado Pago y que suele pasar inadvertida entre botones, promociones y operaciones cotidianas: “Mercado Pago ofrece servicios de pago y no está autorizado por el Banco Central a operar como entidad financiera”.

La aclaración no es menor. Tampoco es una formulación escondida por la empresa: forma parte de sus propias condiciones de uso.

La misma advertencia agrega que los fondos depositados en las cuentas de pago no constituyen depósitos en una entidad financiera y no están alcanzados por las garantías previstas para los depósitos bancarios.

Hasta ahí, Mercado Pago no está haciendo nada clandestino. El Banco Central reconoce la existencia de los Proveedores de Servicios de Pago (PSP): empresas que no son entidades financieras y que ofrecen cuentas de pago dentro del sistema regulado.

Pero hay una segunda parte de la historia.

Mercado Pago
Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre y Mercado Pago.

No es un banco: pero sí presta dinero

Mercado Pago no es una entidad financiera y la propia empresa se encarga de dejarlo claro. Sin embargo, Mercado Libre S.R.L., la sociedad detrás de la plataforma, figura en los registros del Banco Central como proveedor no financiero de crédito.

Es una categoría que contempla precisamente a empresas que, sin ser bancos, ofrecen crédito al público y otorgan financiaciones de manera habitual.

No se trata, entonces, de una empresa que haya quedado accidentalmente afuera del sistema.

Es una empresa deliberadamente ubicada en otro casillero del sistema financiero.

Y ese casillero le permite desarrollar una actividad que durante décadas estuvo asociada principalmente a bancos y financieras: prestar dinero a consumidores.

Mercado Libre también figura como empresa no financiera emisora de tarjetas de crédito, entre ellas la tarjeta MercadoPago. La diferencia jurídica importa. Pero también importa lo que ocurre del otro lado de la pantalla.

Para el usuario que solicita dinero, la distinción entre un banco y una fintech puede ser prácticamente invisible. Hay una aplicación, un límite de crédito, una cuota, una tasa y una deuda.

Del pago al crédito

La transformación de Mercado Pago es parte de un fenómeno más amplio. Las billeteras digitales dejaron de ser solamente herramientas para transferir dinero, pagar servicios o realizar compras. También se convirtieron en plataformas capaces de ofrecer financiamiento en pocos segundos.

La ventaja para el usuario es evidente: no necesita concurrir a una sucursal, presentar una carpeta de documentación ni atravesar buena parte de los trámites tradicionales de un crédito bancario.

El préstamo aparece en la pantalla y la aceptación también. Y el dinero puede estar disponible prácticamente de inmediato. Pero esa facilidad tiene un reverso: el costo del financiamiento.

Cuando el crédito llega con un par de clics, la tasa puede quedar relegada frente a la urgencia de quien necesita dinero. Ahí es donde aparece la discusión.

La pregunta incómoda: ¿cuánto cuesta realmente?

El problema ya no pasa por determinar si Mercado Pago puede prestar dinero. Puede hacerlo bajo el régimen que alcanza a los proveedores no financieros de crédito. ¿Pero cuánto termina pagando el usuario por ese dinero?

Las tasas que cobran los proveedores no financieros de crédito se encuentran entre las más elevadas del mercado. Y el propio Banco Central viene siguiendo el crecimiento de este segmento, que adquirió una dimensión cada vez más importante dentro del sistema crediticio argentino.

El fenómeno tiene una explicación. Las fintech encontraron un espacio que los bancos tradicionales no siempre cubren: consumidores que necesitan financiamiento inmediato, personas sin acceso sencillo al crédito bancario tradicional o usuarios que ya tienen incorporada la billetera digital como principal herramienta para manejar su dinero.

La tecnología simplificó el acceso. Pero simplificar el acceso no necesariamente significa abaratarlo. Y ahí aparece una de las principales tensiones del modelo.

La letra chica de Mercado Pago que dice mucho

Hay otro dato que surge directamente de las condiciones de Mercado Pago. La empresa aclara que los fondos acreditados en sus cuentas de pago no constituyen depósitos en una entidad financiera ni están garantizados como los depósitos bancarios.

También advierte que las inversiones realizadas a través de Mercado Fondo no constituyen depósitos bancarios y que no existe garantía sobre el resultado de la inversión. Son aclaraciones jurídicamente importantes.

Mercado Pago

Pero para millones de usuarios, la experiencia cotidiana puede ser muy diferente. La interfaz tiene el aspecto de una cuenta bancaria. El dinero aparece en una pantalla. Se puede pagar, transferir, invertir y pedir un préstamo desde el mismo lugar.

La frontera entre una billetera digital y un banco puede resultar, para el consumidor, cada vez más difícil de percibir. Sin embargo, jurídicamente esa frontera sigue existiendo. Y puede tener consecuencias cuando algo sale mal.

Una regulación que llegó detrás de la transformación

El crecimiento de las fintech obligó al Estado a crear categorías regulatorias diferentes a las tradicionales.

Por eso existen los Proveedores de Servicios de Pago y, por separado, los Proveedores No Financieros de Crédito.

La arquitectura regulatoria reconoce así una realidad que el mercado ya había creado: las empresas tecnológicas comenzaron a ocupar espacios que históricamente pertenecían al sistema financiero tradicional.

Mercado Pago es uno de los casos más visibles.

La discusión, entonces, no debería plantearse en términos de si una empresa es o no un banco. Pero, definitivamente, Mercado Pago no lo es.

La cuestión verdaderamente relevante es qué sucede cuando una compañía que no es una entidad financiera se convierte, al mismo tiempo, en una plataforma de pagos, una herramienta de inversión, una emisora de tarjetas y un actor de peso en el mercado de crédito.

Y, sobre todo, qué protección tiene el usuario cuando necesita dinero y acepta una financiación cuyo costo puede terminar multiplicando varias veces el monto originalmente recibido.

El nuevo banco que no es banco

Mercado Pago representa, en definitiva, una de las transformaciones más profundas del sistema financiero argentino. No necesitó convertirse en un banco para ocupar una parte del negocio bancario.

La tecnología le permitió construir otra cosa: una plataforma desde la cual millones de personas pueden mover dinero, pagar, invertir y endeudarse sin ingresar formalmente a una entidad financiera tradicional.

La propia empresa lo explica en su letra chica: no es una entidad financiera y los fondos de sus cuentas de pago no son depósitos bancarios.

Pero también existe la otra cara de esa historia: MercadoLibre está registrado ante el Banco Central como proveedor no financiero de crédito y como emisor de tarjetas.

Por eso, el debate ya no pasa por afirmar que Mercado Pago opera ilegalmente por no ser un banco. El verdadero interrogante es mucho más incómodo: ¿hasta dónde puede llegar una empresa que no es un banco en el negocio del crédito y qué límites existen para el costo que puede cobrarle a quien necesita dinero?

Porque detrás de la comodidad de pedir un préstamo desde el teléfono hay una operación financiera. Y detrás de cada cuota, una pregunta que muchas veces aparece demasiado tarde: ¿cuánto voy a terminar pagando por el dinero que hoy necesito?


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