El punto, el documental que reconstruye la vida y el pensamiento del sacerdote jesuita y filósofo Ismael Quiles, impulsor de la Universidad del Salvador y pionero del diálogo entre Oriente y Occidente, se estrena el jueves 13 de agosto. Dirigida por Martín Serra y escrita junto a Rodolfo Martínez Mendoza y Esteban Rial, la película cierra una trilogía documental sobre personajes que persiguieron ideales inalcanzables, después de Maradona, médico de la selva (2012) y La cuarta corbata (2016), sobre Guillermo Roux. Serra y Martínez Mendoza repasan, en esta charla, cómo nació el proyecto, cómo se escribe el guion de una vida filosófica y qué es, para cada uno, “el punto”.
El origen de la película no estuvo en una búsqueda deliberada de Serra, sino en la vecindad. Todo empezó, cuenta el director, en una charla de ascensor:
“El proyecto en sí nace medio por casualidad porque yo conocía a quienes, en ese momento, te hablo de 2013 por ahí, era el rector de la Universidad del Salvador, era vecino mío. Hablando así, en charlas de vecinos, me propuso una vez hacer un taller en la universidad, de cine documental más específicamente”.
Serra le respondió que la idea le interesaba, pero que convenía trabajar sobre un tema puntual. Cuando llegó a la reunión pactada, la universidad le ofreció dos posibles proyectos:
“Me esperaron con dos proyectos: uno era sobre Bergoglio, que recién había sido electo Papa, que también es de El Salvador, y el otro era Quiles. Y me quedé con Quiles. Ya te digo, no lo conocía demasiado, pero solo por el hecho de que no iba a estar tan demandado como Bergoglio a partir de que fuera Papa”.
Lo que empezó como una elección casi pragmática, “vi como el camino más despejado para trabajar más tranquilo”, derivó en un enganche real con el personaje. El taller original nunca se hizo, pero Serra pidió quedarse con el proyecto: “me había entusiasmado muchísimo”. Así arrancó a trabajarlo junto a Martínez Mendoza (Fito) y Esteban Rial, los tres a cargo de la investigación y el guión.
Escribir un documental: “Dios es el director”
Rodolfo Martínez Mendoza, docente de guión en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), y compositor de la película, además de coguionista, y Martín Serra llevan casi treinta años trabajando juntos. Sobre el método de escritura de un documental, Martínez Mendoza recurre a una frase de Hitchcock:
“Hay una frase de Alfred Hitchcock que es muy interesante: en ficción, el director es Dios. Y en los documentales, Dios es el director”.
La explicación tiene que ver con cómo se construyen los personajes: no se inventan, se descubren. Y en el caso de esta película, el descubrimiento incluyó una coincidencia que a los propios realizadores les llamó la atención: el Día del Médico Rural, fecha vinculada al documental sobre Esteban Maradona, es el 4 de julio, el mismo día del cumpleaños de Ismael Quiles.
Esa clase de hallazgos, dice Serra, terminó revelando algo más profundo: que los tres documentales de la trilogía, Maradona, Roux y Quiles, comparten un mismo eje narrativo.
“Son personajes que en definitiva [tienen como] tema la búsqueda de utopías, como ir a algo más profundo, como ir hacia uno mismo. Terminamos trabajando con personajes que buscan ideales, que buscan utopías”.
En términos de oficio, el guion se construyó por secuencias y objetivos, en escaletas que Rial multiplicó “por días”, hasta armar lo que Martínez Mendoza compara con un rompecabezas: “la película tiene mucho trabajo de montaje, y ese rompecabezas se fue armando”.

Lo inalcanzable: cuatro vidas en una
Serra ya había definido, en notas previas, a sus personajes como buscadores de “ideales inalcanzables”. Consultado sobre qué era, puntualmente, lo inalcanzable en Quiles, el director arma un perfil de una persona que nunca se conformó con una sola vocación:
“Él se ordena ya de chico, ya lo mandaron al seminario para prepararse para ser sacerdote. Él no se queda con eso y sigue buscando e investigando más allá de la formación que tiene como sacerdote católico. Es como que busca trascender y nunca está conforme con eso. Entonces él después va a la filosofía y después va a Oriente”.
A esas tres búsquedas, la vida sacerdotal, la filosofía y el viaje hacia el pensamiento oriental, se suma una cuarta, menos conocida: la vocación científica que Quiles nunca pudo concretar. “Él dijo querer estudiar [ciencias exactas] siempre, inclusive antes de meterse en el ámbito religioso. Nunca lo pudo concretar”, explica Serra, y remata: “la combinación de esas cuatro cosas da un tipo muy inquieto”.
Sobre esa idea del encorsetamiento contemporáneo, la mirada “con anteojera”, reducida a una pantalla vertical, Serra encuentra en Quiles un contrapunto que tiene que ver, sobre todo, con el tiempo:
“Él dedicó toda su vida a hacer eso, y quizás hoy miramos cosas tan efímeras que me parece que ahí está también el punto de lo valioso del legado de Quiles”.
Martínez Mendoza retoma la idea del “espíritu inquieto” y la conecta directamente con el título de la película:
“Él quería difundir su propia experiencia del encuentro con… ese lugar que es el punto, que es el título de la película, donde él dice que hay un punto interno, que es el encuentro con uno mismo y con Dios”.
Serra completa el origen de esa búsqueda con una anécdota de infancia que atraviesa todo el documental: la de un primo que le “demuestra la existencia de Dios” y con la que Quiles queda enganchado para siempre, no ya para comprobar si Dios existe, “él ya siente que Dios existe”, sino para seguir profundizando esa certeza durante toda su vida.
El rompecabezas del archivo
Buena parte de la película se construyó a partir de material de archivo inédito, y su búsqueda fue casi tan azarosa como el origen del proyecto. El hallazgo central llegó por una pista familiar: Serra localizó en Santa Fe al hijo de Mario Platini, un fotógrafo santafesino que había filmado a Quiles.
“El hijo tiene todo el archivo. Lo localizamos por gente conocida en Santa Fe, llegamos a él [y] nos lo dio todo para hacer la película”.
A eso se sumaron los programas internos de entrevistas que Quiles grababa en la propia Universidad del Salvador; el archivo fotográfico reunido en un viaje a España, al pueblo natal de Quiles, Pedralba, cerca de Valencia, donde el equipo registró también a la familia que aún vive allí; y el archivo de Di Chiara, con imágenes, sin sonido, que se había perdido, de una vuelta al mundo emitida por Canal 13 y Canal 11 en los años 70.
Con todo ese material, más de cincuenta entrevistados, “si los contás en el documental hay más de 50 personas hablando”, elegidos entre el ámbito familiar, el científico y el de conocidos, el guion se fue reescribiendo sobre la marcha. Martínez Mendoza describe ese proceso como una escritura en tiempo real, muy distinta a la de la ficción:
“Cuando uno escribe ficción es como un partido de ajedrez uno contra uno, y cuando estás haciendo documentales es como partidas múltiples. Se te despliega mucho a la vez y tenés que estar atento hacia dónde va el documental. Uno tiene que tener la cabeza abierta, [aunque] vaya en contra de lo que tres, cuatro meses atrás pensó que podía ir”.
Del actor que no fue a la animación que sí fue
Uno de los recursos más singulares de la película, sus animaciones, nació, en realidad, de un plan B. El equipo había pensado en pequeñas ficciones dramatizadas, con un actor interpretando a Quiles de niño y de grande, para intercalar entre la información documental. El plan se frustró por presupuesto. La solución surgió de manera casi doméstica: el hijo de Martínez Mendoza, Lisandro, estaba empezando la carrera de animación.
“A Martín se le ocurre y dice: ‘Che, Lisandro, ¿se atreve a armar animaciones?’ Y le dimos otro vuelo, le encontramos un vuelo más poético”.
La estética elegida, trazo de tinta china, referencias visuales japonesas, terminó funcionando como una síntesis visual del propio tema de la película: el diálogo entre Oriente y Occidente. Para las voces de esas animaciones, el equipo fue a buscar actores valencianos, en lugar de imitar el acento español desde Buenos Aires: “tiene que ser original, porque si no va a quedar muy impostado”, explica Serra.
El silencio en medio del ruido
Ante tanto material, más de cincuenta testimonios, archivo fílmico, fotográfico y animado, surge una pregunta casi paradójica: ¿cómo convive esa acumulación con la idea del “silencio interior” que propone Quiles y que el propio material de prensa de la película reivindica para una época sobre estimulada? Para Serra, la respuesta está en el concepto central del filósofo:
“El silencio interior va por otro lado, él da la clave, que es ese punto, en algún momento uno puede llegar a abstraerse y concentrarse en ese punto, y el silencio interior está ahí, más allá del ruido que nos rodea todo el tiempo”.
Ese silencio, aclara, no es espontáneo sino entrenable: “también es una práctica que tiene mucho de entrenamiento”. Por eso la película no se queda en el registro biográfico: desde la primera entrevista de archivo irrumpe una invitación a meditar, “vamos a hacer juntos una meditación con el padre”, y ese gesto se repite a lo largo del filme, incluso en una de las animaciones, pensada expresamente como un espacio de silencio acompañado por la música. El propio Gabriel De Ortúzar, uno de los entrevistados, explica en la película las tres partes de la meditación de Quiles.
El desafío narrativo, dice Serra, fue doble: contar una vida y, al mismo tiempo, hacer entendible una filosofía, el insistencialismo, sin perder al espectador. “Hay una pequeña clase de cómo hacer el viaje hacia dentro“, resume.
Un documental sin antagonista
Consultados sobre la dificultad de narrar a alguien unánimemente querido y respetado, a diferencia de otros documentales sobre figuras controvertidas, Serra admite que buscaron activamente algún costado más oscuro de Quiles, y no lo encontraron:
“Hemos investigado muchísimo y no encontramos gente que nos hablara en términos… mal de eso. […] Uno dijo que tenía muchas cosas para decir y después no quiso hablar, pero eso no está en la película”.
Esa ausencia de un antagonista clásico obligó a repensar la estructura dramática. En Maradona, médico de la selva apareció, sobre el final de la investigación, alguien crítico de la figura del médico rural, aunque terminó teniendo poco peso en el corte final. En La cuarta corbata, el antagonista era el propio Roux, con sus trabas internas para completar el mural. Con Quiles, en cambio, no hubo ni siquiera eso:
“Con Quiles nunca encontramos a nadie, porque todo el mundo dice: ‘él iba hacia adelante’. Nadie le hizo fuerza en lo que era su objetivo, su necesidad dramática, que era la comprobación de la existencia de Dios”.
La resolución fue, según Serra, tan técnica como consciente: abandonar la fórmula clásica de protagonista-antagonista y sostener la película solo desde el crecimiento interior del personaje.
“El punto es donde todo confluye”
Sobre el final de la charla, la pregunta obligada: ¿cuál es, para cada uno, el punto que le da título a la película? Serra cuenta primero que el nombre no estuvo desde el inicio. La primera opción giraba en torno a la idea de utopía,”ese lugar no existe”, hasta que, de tanto escuchar a Quiles hablar de eso, el título terminó imponiéndose solo:
“Un día dijimos: ‘che, esto se llama El Punto porque es donde todo se concentra’. Y yo creo que es eso: es donde todo decanta y donde todo se concentra ahora, para mí. Es como una especie de fuente y comunicador, es un tema filosófico que prefiero, como decía él, dejar que cada uno lo exponga a su manera”.
Martínez Mendoza coincide y agrega una lectura sobre la dificultad práctica de esa búsqueda:
“Es la búsqueda interior, en encontrarse y en reflexionar uno mismo con uno mismo en su propia búsqueda, Quiles lo explica muy sencillo, uno lo entiende muy sencillo, y es muy complejo de llevar adelante porque hay que tener una disciplina que se va adquiriendo. La película te deja en la puerta de: bueno, ahora sos vos el que tiene que hacer esto”.

El punto: un documental sobre Ismael Quiles.
Un hallazgo final: la estructura japonesa
Como cierre casi involuntario de la conversación, aparece un dato que resume el espíritu de toda la película. Investigando estructuras narrativas alternativas a los tradicionales tres actos, Martínez Mendoza encontró el kishotenketsu, una estructura dramática de origen oriental de cuatro partes. Al revisar sus documentales anteriores, ambos descubrieron que, sin saberlo, ya la venían usando:
“Es una estructura similar a esta occidental, pero es oriental, y tiene una parte más. Realmente, en todos nuestros documentales, en estos treinta años, es esa estructura la que usamos, no sabíamos. Que es justamente japonés, oriental: es una mezcla entre Oriente y Occidente. Lo estamos siguiendo a Quiles de alguna manera”.
“El punto” se estrena el jueves 13 de agosto, en el marco de los 70 años de la Universidad del Salvador. La película está dirigida por Martín Serra, con guion de Rodolfo Martínez Mendoza, Martín Serra y Esteban Rial, y producción de Cruz del Sur Cine.
Datos del documental
Productores: Martin Serra / Cruz Del Sur Cine
Productor Ejecutivo: Mario E. Levit
Dirección: Martin Serra
Guion: Rodolfo Martinez Mendoza, Martin Serra, Esteban Rial
Fotografía: Nahuel Raiman
Camara: Nahuel Raiman, Martin Serra
Montaje: Wenceslao Bonelli
Música: Rodolfo Martinez Mendoza
Sonido Directo Y Post: Pablo Irrazabal
Post De Imagen: Fernando Lorenzale
Investigación: Esteban Rial, Martin Serra
Año: 2026
Duración: 98 minutos
Género: Documental
País: Argentina
Algunos entrevistados:
Bernardo Nante, Pablo Gianera, Francisco García Bazán, Julio Bárbaro, Mario Sábato, Carlos Campolongo, Jorge Lugones, Isela Costantini, Isabel Cajide, Dulce María Santiago, Mariano Castex, Gabriel de Ortúzar, Guillermo Lousteau.
- Martín Serra
Nacido en Buenos Aires en 1972, realizó sus estudio primarios y secundarios en el Colegio San Agustín y posteriormente egresó como Director de Fotografía en la Universidad del Cine (FUC), en donde conoció a Rodrlgo Martínez Mendoza. Realizador de documentales, ha dirigido tres largometrajes y varios cortos y mediometrajes.
Sus dos largos anteriores a El punto son Maradona, médico de la selva (2012), sobre la vida y obra del doctor Esteban Maradona, radicado durante 50 años en Formosa, y La cuarta corbata (2016), acerca de la realización por parte de Guillermo Roux del mural “Homenaje a Buenos Aires” en la emblemática Torre Boston del barrio de Catalinas.
Tiene además varios trabajos sobre obras de pintores argentinos como Antonio Berni, Raúl Soldi y Fernando Fader, y una serie de dos mediometrajes sobre Guillermo Roux. Ha obtenido varios premios internacionales, entre los que destaca el Premio a Mejor Película en el Art Film Festival de San Pablo, Brasil, en 2017 por El coral que trajimos de Brasil.
- Rodolfo Martínez Mendoza
Nacido en Buenos Aires en 1968, tras egresar del Colegio Mariano Acosta cursó estudios cinematográficos en la especialidad de guión en la Universidad del Cine y en el Seminario de Estructuras Dramáticas en Guión y Montaje con Miguel Pérez.
Docente desde 2004, es desde 2023 profesor adjunto en la materia Guión de la UNA. Es guionista, asistente de dirección y original score en la productora Rueque Cine. Colaboró con Martín Serra en sus dos largometrajes y en casi todos sus otros cortos y mediometrajes, en calidad de coguionista y musicalizador. Es tecladista de la banda de rock progresivo Pies Humanos.
