El Presidente cuestionó duramente el funcionamiento de Naciones Unidas, acusó al organismo de no hacer cumplir sus propias resoluciones y ratificó que la Argentina no esperará pasivamente frente al avance del proyecto petrolero Sea Lion. Javier Milei también reivindicó su alineamiento con Occidente y presentó al país como plataforma para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Javier Milei llegó a la Asamblea General de las Naciones Unidas con un mensaje que tuvo un destinatario central: la propia organización que lo escuchaba. Desde la tribuna internacional, el Presidente argentino cuestionó el funcionamiento del organismo, denunció lo que considera una brecha entre sus declaraciones y sus acciones y colocó la cuestión Malvinas como uno de los principales ejemplos de esa contradicción.
“Malvinas es para nosotros una causa nacional”, afirmó Milei ante la Asamblea General, antes de lanzar una de las advertencias más contundentes de su exposición: “La Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato, y va a tomar cartas en el asunto”.
La intervención, realizada este miércoles 23 de septiembre ante la 81ª Asamblea General, estuvo atravesada por una idea que Milei repitió desde distintos ángulos: para su Gobierno, las instituciones internacionales perdieron capacidad para hacer cumplir las reglas que ellas mismas establecen. La crítica no quedó circunscripta a la disputa por las islas. El Presidente extendió su cuestionamiento al funcionamiento general de Naciones Unidas y a buena parte de su agenda.
Malvinas como prueba
El punto de mayor desarrollo fue el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
Milei recordó que, según su exposición, hace 50 años la Asamblea había aprobado una resolución que instaba a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras permaneciera abierta la disputa. En ese contexto cuestionó el avance del proyecto Sea Lion para la explotación petrolera en la plataforma continental argentina mediante licencias británicas que el Gobierno argentino considera ilegales e ilegítimas.
“¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos, pero impotente frente a la realidad?”, planteó.
Discurso del Presidente Javier Milei ante la 81.ª sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. pic.twitter.com/mERY8Cyh5a
— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) September 23, 2026
La pregunta condensó buena parte de su argumento. Para Milei, el problema no es la ausencia de declaraciones sino la falta de consecuencias. “No faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias”, sostuvo, al considerar que una institución que no logra hacer pesar sus decisiones sobre los hechos termina perdiendo autoridad.
En esa línea, el mandatario aseguró que su Gobierno abandonó lo que definió como una histórica “defensa discursiva” de la soberanía y enumeró las medidas adoptadas frente a la explotación de recursos en el área en disputa: notas de desaliento, utilización de herramientas jurídicas, sanciones a empresas y proveedores y el envío al Congreso de una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
Al Reino Unido le reclamó nuevamente la reanudación de las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa y pidió también avanzar en conversaciones sobre la explotación de los recursos naturales.
Pero el mensaje tuvo además un componente económico. Milei aprovechó la tribuna para invitar al sector energético internacional a invertir en Vaca Muerta.
“Vengan. Inviertan. Desarróllenla. Háganlo con nosotros”, dijo, antes de marcar el límite que, según su Gobierno, tendrá esa apertura: “No seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal”.
Milei: de la crítica a la ONU al alineamiento internacional
El segundo gran capítulo de la exposición fue directamente contra Naciones Unidas.
Milei sostuvo que la organización se apartó de su propósito original y la definió como “una organización inútil que sólo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bien intencionados”.
A partir de allí enumeró una serie de cuestionamientos: terrorismo internacional, derechos humanos, dictaduras, la situación de Israel, las agendas de género y ambientales, la inmigración y la regulación económica.
También apuntó contra la Agenda 2030 y anticipó su rechazo a la Agenda 2045, sobre la que aseguró que “va a fracasar”.

El presidente Milei, durante su discurso.
Uno de los pasajes más duros estuvo dedicado a la pandemia de COVID-19. Milei sostuvo que, donde otros observan errores de política sanitaria, su Gobierno ve “un experimento global de control social disfrazado de ciencia”. Incluso utilizó el término “genocidio” para referirse a las consecuencias de determinadas políticas sanitarias.
El discurso avanzó entonces hacia su definición geopolítica. “También hicimos una elección geopolítica: nos alineamos sin ambigüedades con Occidente”, afirmó. En particular, reivindicó la relación estratégica con Estados Unidos e Israel y cuestionó los ataques del régimen iraní contra Israel. También recordó los atentados ocurridos en la Argentina en 1992 y 1994 y sostuvo que su Gobierno continúa buscando justicia.
La otra apuesta: inteligencia artificial
Después de confrontar con la ONU y plantear la cuestión Malvinas, Milei cambió el foco hacia uno de los grandes ejes de su agenda económica y tecnológica: la inteligencia artificial.
El Presidente presentó a la IA no como una amenaza sino como una oportunidad para multiplicar la productividad y sostuvo que la Argentina pretende ubicarse “en la vanguardia de la libertad”.
La propuesta fue acompañada por una invitación concreta a empresas y desarrolladores: convertirse en uno de los lugares más competitivos del mundo para desarrollar inteligencia artificial, con un marco jurídico favorable, ausencia de regulación preventiva, responsabilidad limitada para empresas que trabajen con agentes de IA y beneficios fiscales.
Para Milei, el desarrollo tecnológico también tiene una dimensión geopolítica. “Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología”, sostuvo, vinculando esa conducción con valores como la vida, la libertad, la propiedad privada y la dignidad humana.
El cierre volvió sobre una de las palabras que atravesó toda la exposición: libertad.
“Seguiremos formando parte de los foros multilaterales, de buena fe, porque hay problemas que requieren trabajo conjunto. Pero no confundimos cooperación con subordinación”, afirmó.
Y completó: “Queremos una Argentina próspera, influyente y poderosa. No para someter a otras, sino para ser libres”.
Así terminó un discurso que combinó reclamo territorial, crítica institucional, alineamiento geopolítico, defensa del libre mercado y una apuesta tecnológica. Pero que tuvo en Malvinas su principal punto de anclaje: frente a la Asamblea que cuestionó, Milei buscó dejar en claro que, según su Gobierno, la Argentina ya no pretende limitarse a esperar que las resoluciones internacionales se cumplan.
