Estudiantes de entre 16 y 18 años de 21 barrios y localidades del Área Metropolitana participaron de la jornada “Potenciá tu futuro”, organizada por Fundación Cimientos. Durante seis horas realizaron simulacros de entrevistas laborales, mejoraron sus CV y perfiles de LinkedIn, conocieron plataformas de empleo y dialogaron con universidades sobre las posibilidades de continuar sus estudios.
Una semana después de que se conocieran los resultados del informe nacional PISA 2025, 350 estudiantes secundarios del Área Metropolitana de Buenos Aires se encontraron en la Ciudad Cultural Konex con una pregunta que las estadísticas educativas no siempre alcanzan a responder: ¿qué pasa después de la escuela?
Durante seis horas, jóvenes de entre 16 y 18 años que cursan los últimos años del secundario dejaron por un día las aulas para trabajar sobre sus propios proyectos de vida. Hubo entrevistas laborales simuladas, revisión de currículums, perfiles de LinkedIn, plataformas de búsqueda de empleo, charlas con profesionales y conversaciones con representantes de universidades.
La jornada, denominada “Potenciá tu futuro”, fue organizada por la Fundación Cimientos y reunió este jueves 17 de septiembre a estudiantes de cuarto, quinto y sexto año que forman parte del Programa Futuros Egresados, destinado a acompañar la permanencia y el egreso de la escuela media. El encuentro tuvo lugar en Sarmiento 3131, Ciudad de Buenos Aires, de 10 a 16.
La actividad se produjo, además, en un momento particular del calendario educativo: a una semana de la publicación del informe PISA 2025, que volvió a señalar al nivel socioeconómico como un “condicionante estructural” de los resultados educativos. Pero el mismo estudio contiene otro dato que, según Cimientos, recibió menos atención: existen dimensiones sobre las que es posible intervenir para evitar que las condiciones de origen se conviertan en un destino.

En el capítulo 3 del informe aparecen los llamados “estudiantes resilientes”: aquellos que pertenecen al cuartil más pobre de su país y, aun así, se ubican entre los estudiantes de mejor desempeño a nivel global. En Argentina representan el 13,2% en Matemática, el 14,6% en Lectura y el 14,2% en Ciencias, las proporciones más altas de América Latina.
Leído en detalle, el informe PISA plantea que el origen social “no debe leerse como un techo insalvable” y señala algunas dimensiones sobre las cuales es posible intervenir para mejorar los aprendizajes: el apoyo del entorno, el acompañamiento sostenido, la curiosidad y las actitudes hacia el aprendizaje.
Es precisamente allí donde Cimientos ubica su trabajo.
Del dato estadístico a las historias
La Fundación trabaja desde hace 29 años con estudiantes en situación de vulnerabilidad en distintos puntos del país. Su propuesta combina tutorías personalizadas con un enfoque en habilidades socioemocionales como la autonomía, la organización del tiempo, la toma de decisiones y el aprender a aprender.
A cada estudiante secundario acompañado se le asigna un tutor —entre ellos psicopedagogos, trabajadores sociales y psicólogos— que trabaja individualmente con el joven. El objetivo es fortalecer la curiosidad por el aprendizaje y las actitudes vinculadas con la vida escolar, incluyendo lo que la organización denomina “el oficio de ser estudiante”: asistir a clases, responsabilizarse por las tareas y desarrollar herramientas para organizar el propio recorrido educativo.
El acompañamiento también alcanza a las familias, consideradas por Cimientos como un potenciador de la intervención educativa.
En 2025, el Programa Futuros Egresados alcanzó a 2.649 estudiantes de 91 escuelas secundarias del país. Cada joven recibe tutorías para trabajar habilidades socioemocionales concretas y un apoyo económico mensual, además de participar de instancias destinadas a vincularlo con las posibilidades que aparecen una vez terminado el secundario.


Los resultados que presenta la organización muestran que, con ese acompañamiento individualizado, las posibilidades de egresar en tiempo y forma aumentan un 47% respecto de la población comparable. A su vez, el 83% de los egresados del programa estudia, trabaja o hace ambas cosas un año después de terminar la escuela.
El contraste con el contexto general también forma parte de la dimensión que busca poner en discusión Cimientos: en Argentina, según los datos consignados en la gacetilla, solo 3 de cada 10 estudiantes del quintil más pobre terminan la secundaria.
“Estoy convencida de que muchos jóvenes a los que les toca vivir en contextos desfavorables tienen buen desempeño académico, logran salir adelante y construir un proyecto de vida que les permite insertarse en el mundo laboral o seguir estudiando”, sostiene Mercedes Méndez Ribas, directora ejecutiva de Fundación Cimientos.
Según explica, el acompañamiento individualizado y la formación en habilidades socioemocionales permiten que muchos jóvenes puedan sortear lo que parecía un “destino inexorable”. Y encuentra en el propio estudio PISA un dato que, a su criterio, permite mirar más allá de las estadísticas generales.
“PISA dice con números lo que en Cimientos vemos todos los días: el lugar donde nacés pesa mucho, pero también dice que 1 de cada 7 chicos del cuartil más pobre logra resultados que nadie esperaría de él. Nuestro trabajo consiste en que esos chicos sean cada vez más”, afirma por su parte Florencia Gelabert, directora de Programas de la Fundación.
Un día para imaginar el después
En el Konex, esa idea tomó una forma concreta. Los 350 estudiantes llegaron desde 21 barrios y localidades del AMBA: Barracas, Villa Lugano, Villa Soldati, Valentín Alsina, Laferrere, Virrey del Pino, Florencio Varela, Berazategui, Quilmes, Presidente Perón, La Plata, Ensenada, José C. Paz, General Rodríguez, Pilar, Pacheco, Beccar, Santos Lugares, Villa Martelli, Campana y Zárate.
A lo largo de la jornada fueron rotando por diferentes propuestas.
En los paneles, profesionales voluntarios de distintas áreas compartieron sus propias trayectorias: cómo eligieron qué estudiar, qué obstáculos encontraron en el camino y cómo es actualmente su trabajo.
En los simulacros de entrevistas laborales, especialistas en recursos humanos y profesionales con experiencia en perfiles junior entrevistaron a cada estudiante a partir de su propio currículum. Las rondas duraron quince minutos y terminaron con una devolución inmediata. La dinámica buscó que cada joven pudiera enfrentarse a distintos entrevistadores, adquirir práctica y recibir más de un feedback.

También hubo postas laborales, donde los estudiantes recibieron recomendaciones para mejorar sus currículums y sus perfiles de LinkedIn y conocieron las principales plataformas de búsqueda de empleo.
El recorrido se completó con charlas motivacionales y diálogos con universidades, donde referentes y representantes de distintas casas de estudio presentaron carreras y opciones de formación superior.
La intención fue ampliar el horizonte de decisiones posibles. Porque, para Cimientos, el paso de la escuela secundaria hacia el empleo formal o los estudios superiores requiere empezar a construir opciones antes de que termine la escolaridad.
“Muchos de los jóvenes con los que trabajamos son los primeros de su familia en terminar el secundario y en pensar seriamente en un empleo formal o en seguir estudiando”, explica Méndez Ribas. “Están abriendo un camino que nadie recorrió antes por ellos, y para eso necesitan algo muy simple: conocer las opciones, porque nadie elige lo que no conoce”.
La transición que se propone desde la Fundación Cimientos
El mundo que aparece después del secundario puede tomar distintas formas: el primer empleo formal, una carrera universitaria o terciaria, o una combinación de estudio y trabajo. Para Cimientos, esos caminos no se excluyen y requieren decisiones que conviene comenzar a tomar antes de que termine la escuela.
La Megajornada “Potenciá tu futuro” forma parte de una serie de instancias que la organización realiza cada año en diferentes puntos del país para acercar a estudiantes de los últimos años de la secundaria a ese universo post escolar.
La jornada también puso en escena otra dimensión: la participación de más de un centenar de profesionales voluntarios provenientes de empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil. Antes de participar reciben una capacitación y, en muchos casos, cuentan con el respaldo de sus propias organizaciones para poder hacerlo durante el horario laboral.
Para Cimientos, esa articulación entre el sector privado, el ámbito académico y la sociedad civil expresa una definición sobre la responsabilidad compartida frente a las trayectorias educativas de los jóvenes más vulnerables.



“Mejorar los resultados educativos requiere del trabajo conjunto entre el sector privado, el Estado y la sociedad civil. Las personas que acompañan a estos jóvenes a través de Cimientos entienden que su futuro es también el futuro de sus organizaciones y del país”, concluye Méndez Ribas.
Fundación Cimientos trabaja desde 1997 en todo el país para favorecer la permanencia escolar, el egreso, la continuidad en estudios superiores y la inserción laboral de adolescentes y jóvenes en contextos vulnerables. Sus programas combinan tutorías personalizadas, becas y capacitación docente y apuntan al desarrollo de habilidades socioemocionales para la construcción de un proyecto de vida. Durante 2025, sus programas y redes alcanzaron a más de 8.000 estudiantes en 460 escuelas de todo el país.
En un escenario donde los resultados educativos vuelven a mostrar cuánto pesa el lugar de origen, la experiencia del Konex buscó poner el foco en aquello que los porcentajes no siempre cuentan: los jóvenes concretos, las decisiones que pueden tomar y las condiciones de acompañamiento que pueden ampliar las posibilidades de lo que sucede después de la escuela.
