En su testimonio para el documental emitido por los sitios Sumario Noticias y Canal de las Noticias, María Isabel Huala cuestionó al fiscal Fernando Arrigo, cuya fiscalía impulsó la causa que terminó con la condena de su hijo Facundo Jones Huala a cinco años y dos meses mediante un juicio abreviado.
Planteo que lo persiguen “por lo que dicen los poemas” y no por pruebas reales, puso en duda las evidencias de su anterior condena en Chile y denunció que la familia fue vigilada antes de la detención. También describió las condiciones de la cárcel de Rawson: “Las cloacas se rebalsan, hay ventanas rotas, mugre por todos lados”.
María Isabel Huala habla de su hijo como quien recorre una historia larga. En su testimonio para el documental sobre Facundo Jones Huala emitido por los sitios de noticias Sumario Noticias y Canal de las Noticias, la madre del dirigente mapuche sostuvo que la causa que terminó con su condena a cinco años y dos meses no es un hecho aislado sino una nueva etapa de una persecución que, asegura, comenzó cuando Facundo Jones Huala era apenas un adolescente.
“La persecución viene de hace muchos años, cuando él empieza a reconocerse mapuche, a encontrar la identidad”, relató. Recordó los primeros encuentros entre jóvenes en los que comenzaron a hablar del pueblo mapuche como nación y a defender los territorios. “El quite del territorio no viene solamente de la conquista. Nosotros seguimos en la Conquista del Desierto y la Pacificación de la Araucanía. El punto central es quitar la tierra, y la lucha sigue”, afirmó.
Facundo nació en Bariloche y creció entre esa ciudad, Chubut y Buenos Aires, hasta que la familia volvió a la cordillera, donde pasó la mayor parte de su adolescencia. A los 18 años cruzó a Chile ,”a Gulumapu, decimos nosotros”, para conocer comunidades mapuches. Según su madre, desde entonces, y con los comunicados que denunciaban desalojos y atropellos, empezó la persecución, que acompañó conflictos en Esquel, El Bolsón y la defensa del agua.
Las pruebas de la condena en Chile
Isabel Huala cuestionó con dureza la condena que su hijo cumplió en Chile. Contó que fue detenido en la casa de la machi Millaray, adonde había ido a buscar medicina y donde se encontraba como paciente. En el lugar donde dormía apareció un arma, que le atribuyeron por estar allí. “Cuando hacen los análisis, el arma no tenía huellas, no había sido usada, no había pruebas de que era de Facundo”, afirmó.
La otra prueba central, según su relato, fueron unos zapatos. “Los zapatos eran número 40, no se los hicieron probar, y Facundo calza más de 43 desde los 16 años. Entonces nunca pudo haber sido una prueba real”, sostuvo. Con esos elementos, dijo, fue condenado a nueve años de prisión, una pena que cumplió en buena parte en Argentina antes de su extradición.
La madre recordó también que, por un error en el cómputo de las fechas, su hijo permaneció detenido en Chile cerca de un mes más de lo debido, y que viajó hasta la Corte Suprema chilena para lograr su liberación. En ese mismo período murió su otro hijo. Y señaló que, mientras tanto, dirigentes políticos argentinos salieron a decir que no querían a Facundo en el país, pese a que había nacido en Bariloche.
El libro, la vigilancia y la detención de Jones Huala
En su testimonio mostró el libro que desencadenó la causa, Entre rejas, antipoesía incendiaria, que Facundo escribió en prisión. Para su madre, el título fue un gesto de rebeldía y una respuesta política a las acusaciones sobre los incendios en la Patagonia. “Los incendios no los hacen los mapuches, sino los negociados, el capitalismo, las inmobiliarias, porque después esos terrenos que no tienen nativo se pueden vender”, sostuvo. Y planteó la pregunta de fondo: si la persecución responde a lo que dicen los poemas o a pruebas reales.
Según su relato, tras la presentación del libro y la investigación impulsada por la fiscalía dirigida por Fernando Arrigo, Facundo fue detenido en junio de 2025 y señalado como cabeza de la RAM. Antes, el Ministerio de Seguridad encabezado por Patricia Bullrich lo había incluido en el registro de personas vinculadas al terrorismo. Por esa calificación, contó, fue alojado en un módulo junto con detenidos por causas de drogas, “todos caratulados como terroristas”.
Isabel Huala aseguró que la familia fue vigilada durante semanas antes de la detención. Recordó haber visto durante unos diez días a personas extrañas rondando la feria donde trabajan y que, el día que detuvieron a Facundo en El Bolsón, esas mismas personas estaban afuera. “Hacía 15 días que nos estaban investigando”, afirmó, y relató que vecinos de su comunidad vieron un auto blanco con cuatro personas que sacaban fotos e intimidaban a la gente.
Uno de los episodios que más la indignó fue el uso de fotografías de su hija. “A mi hija menor, que era menor, le sacan fotos en la calle y las ponen en la audiencia como prueba de que Facundo no tenía arraigo”, denunció. Explicó que su comunidad está a unos diez kilómetros de la ciudad, sin transporte público, y que en ese momento Facundo trabajaba con ella en la limpieza del territorio, retirando leña muerta.
Relató además un procedimiento en su vivienda con una gran cantidad de vehículos y policías “armados hasta los dientes”, algunos sin patente, que llegó con el único objetivo de secuestrar un celular. Su principal preocupación, contó, fue su madre, de 86 años: “Saqué un vivo diciendo que cualquier cosa que le llegara a pasar a mi madre, la culpa iba a ser del Estado, del Ministerio de Seguridad y del juzgado federal”. Según su relato, cuando apareció una ambulancia, buena parte de los efectivos se retiró.
Las visitas en Rawson
Sobre las visitas a la Unidad 6 de Rawson, a 800 kilómetros de Bariloche, describió un trato que vivió como humillante. No la dejaron entrar con su pollera y tuvo que comprar tela y coser una nueva de color marrón; tampoco con las botas que llevaba, por lo que debió firmar un compromiso para no volver a usarlas. “Te hacen rayos X los cinco días que vas a visitarlo, sin fijarse si es contraproducente para el organismo. Tenés cinco escáneres para entrar a ver a las personas”, relató.
Lo que encontró adentro, dijo, fue aún peor. “Ventanas rotas, mugre por todos lados, las cloacas que se rebalsan, los niños que tiran frazadas en el piso para acostarlos y van al baño y traen todo lo que sale de la rejilla al salón”, describió. Y enumeró mesas y sillas rotas, calefactores que no funcionan en invierno y freezers que pierden agua: “La vida de esa gente que ya está pagando sus culpas no es lo más lindo que hay”.
Consultada sobre el fiscal Arrigo, Isabel Huala dejó en claro que hablaba desde su opinión personal. “Le sirve su sueldo y quedar bien con el gobierno, supongo yo. Es mi pensamiento”, afirmó. “El que está en un lugar y no piensa en la gente piensa solamente en su puesto político o en su sueldito. No sé si tienen sentimientos, parece que los perdieron en el camino“.
Aun así, cerró su testimonio sin rencor declarado. “Cuando este gobierno se vaya, van a tener que seguir viviendo entre nosotros. No le deseo lo mismo que él ha hecho con nosotros, porque soy humana, porque soy mapuche y pienso en el bienestar de la gente, no en el malestar”, concluyó.
