Lada Abdullina, de nacionalidad rusa, denunció detención arbitraria, maltratos y falta de pruebas en la causa contra Konstantin Rudnev. Asegura que llegó al país como turista y que nunca tuvo vínculo con la presunta organización investigada.
Una de las mujeres imputadas en la causa conocida Konstantin Rudnev rompió el silencio y relató cómo fue su detención en Argentina, en un caso que investiga presunta trata de personas.
Se trata de Lada Abdullina, una ciudadana rusa que asegura haber llegado al país en enero con fines turísticos y que niega cualquier vínculo con los hechos que investiga la Justicia.
“Vine a descansar, a conocer Bariloche porque me dijeron que era un lugar muy lindo. Mi plan era quedarme unos días y después seguir viaje”, explicó. Según su testimonio, su itinerario incluía luego viajar a Brasil, donde tenía contactos personales esperándola.
El episodio que derivó en su detención ocurrió en un estacionamiento mientras realizaba compras. “Se acercaron un hombre y una mujer, me pidieron el teléfono y me dijeron que tenía que ir a la comisaría. Nadie me explicó qué estaba pasando”, sostuvo. La mujer remarcó que en ningún momento le informaron los motivos del procedimiento ni le exhibieron documentación oficial.
De acuerdo a su relato, el operativo se extendió durante varias horas y estuvo marcado por situaciones de extrema tensión. “Durante cinco horas nos gritaron, nos amenazaron y nos trataron muy mal. Incluso nos desnudaron en el estacionamiento”, denunció. La imputada describió ese momento como “un abuso total” y aseguró que aún hoy le genera consecuencias emocionales.
Luego, fue trasladada esposada por distintos puntos de Bariloche antes de ser llevada a una dependencia policial. “Nos paseaban por la ciudad y nos sacaban fotos como si fuéramos criminales peligrosas”, afirmó. Según indicó, esa exposición pública fue parte de un procedimiento que considera “excesivo e injustificado”.
La detención por su supuesto vínculo con Rudnev
Una vez en la comisaría, describió condiciones de detención precarias. “Las celdas eran muy pequeñas, oscuras, sucias y con mal olor. No había condiciones básicas para estar ahí”, sostuvo. Además, señaló que no se les permitía comunicarse entre ellas ni con familiares.
La mujer también cuestionó el desarrollo del proceso judicial. “Nos hicieron firmar documentos sin traductor, sin entender lo que decían. Eso no puede ser válido”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que su derecho a defensa fue limitado desde el inicio. “Solo pude decir una vez que soy inocente y después nadie más me escuchó”, agregó.
Respecto a la acusación de integrar una organización de trata vinculada a Konstantin Rudnev, fue contundente: “Es una total tontería. En ese momento estaban deteniendo a todos los rusos y yo quedé entre esas personas”. Incluso, planteó que su nacionalidad pudo haber influido en el procedimiento.
Además, aseguró que no conocía a la presunta víctima del caso ni tuvo relación con ella. “Nunca escuché de esa persona. No tengo nada que ver con esa historia”, remarcó.
También negó haber tenido contacto previo con Rudnev o su entorno.
En cuanto a su situación actual, describió un escenario complejo. “Soy diseñadora, una persona creativa, pero hoy dependo de mi familia para sobrevivir. Mi abuela me manda parte de su pensión”, contó. La falta de documentación, explicó, le impide trabajar o incluso trasladarse con normalidad dentro del país.
Finalmente, envió un mensaje a la Justicia argentina en medio del avance de la causa. “Que miren las pruebas, que no tengan miedo de ver la verdad. No hay pruebas de lo que dicen”, expresó.
Y cerró con una frase que resume su postura: “Solo pido que liberen a las personas inocentes”.

