A casi 36 años de su fundación, el Mocase enfrenta un nuevo ciclo de desalojos, bandas armadas y un proyecto de ley que amenaza los territorios campesinos e indígenas. José “Guina” Cuellar, referente de la zona norte del movimiento, repasó en Informe de Pájaros los desafíos del presente, la defensa de las semillas criollas y la invitación a las tradicionales pasantías vivenciales.
Desde algún punto del norte santiagueño, con la línea telefónica algo entrecortada pero la voz firme, José Cuellar, a quien todos llaman Guina, un apodo que ni él mismo sabe explicar del todo, atiende el llamado de Informe de Pájaros. “Buenas noches, Pablo, buenas noches a toda tu audiencia”, saluda, antes de describir el clima de esos días: “Ha habido unos días de mucho frío, las noches de mucho frío, pero bueno, es el tiempo que nos toca vivir”.
El apodo, cuenta entre risas, es “una costumbre aquí en Santiago, que generalmente casi todas las personas tenemos un apodo”. A él le quedó desde niño, sin que nadie recuerde bien el origen: “No sé ni por qué me dicen así, pero desde muy niño ya me llamaban así nomás. Y quedó”, relata en el comienzo de la charla en Radio con Aguante.
Guina es referente de la zona norte del Mocase, el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, que el año pasado cumplió 35 años de historia. Casi cuatro décadas de organización territorial que, dice, siguen sosteniéndose con la misma lógica de siempre: formación, militancia y comunidad.
Un cumpleaños que también es trinchera
El 4 de agosto es la fecha que el Mocase celebra como su aniversario, y este año se repite el ritual: actividades, formación y el encuentro de las familias campesinas y urbanas que militan en la organización, junto a quienes llegan de otros lugares para conocer la experiencia. “Es un lindo momento de formación, festejo y formación para nuestras familias campesinas y urbanas también, que militan dentro de nuestra organización”, resume.
Pero detrás del festejo hay un contexto que Guina no elude. Consultado sobre el momento actual del movimiento frente a un gobierno nacional que buena parte del arco social define como colonizador y con un fuerte componente de extranjerización de la tierra y la economía, la respuesta es directa: “Nuestro mayor desafío es muy similar al que vive todo el país, con este gobierno con el que una de las cosas con las que nos ataca es, por ejemplo, el hambre, la injusticia también”.
Lo describe como un gobierno que impone decisiones antes que construirlas: “Es un gobierno muy autoritario en muchas decisiones que toma para el rumbo de este país. Muchas son decisiones impuestas para nuestra ciudadanía”. Frente a eso, dice, la tarea militante se vuelve doble: sostener la lucha propia y, a la vez, “contener también a toda la sociedad”.
Hay, sin embargo, un dato que Guina destaca con cierto alivio: en Santiago del Estero, el proyecto libertario “todavía no ganó elecciones”, y en la última instancia electoral perdió “por más del 70%”. Lo atribuye a un trabajo territorial sostenido: “Por un trabajo que el movimiento viene haciendo en la provincia, el sector político, el gobierno santiagueño también hace un trabajo bastante fuerte para contrarrestar a esta fuerza”.
La caracteriza sin rodeos: “Esta derecha es bastante autoritaria, bastante violenta. Como se manejan verbalmente, y bueno, físicamente también son bastante violentos”.

El regreso de las bandas armadas
La conversación se desliza hacia uno de los puntos más sensibles: el recrudecimiento de los ataques sobre los territorios campesinos. Guina describe un escenario de avance de capitales que no son locales: “Hay nuevamente un ataque de muchas empresas extranjeras, o de otras provincias como Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires, que ven la posibilidad de poder de nuevo atacar con desalojos y con bandas armadas”.
Y marca una diferencia con otros momentos históricos de conflicto: “Antes, por ahí en otros momentos, no se veía tanto el tema de las bandas armadas que se meten en los campos de las familias”.
El riesgo, subraya, no es abstracto: en esas comunidades viven niños y ancianos. “Corre un peligro cuando hay bandas armadas, con gente de otro lado que no sabemos quiénes son”.
El Mocase tiene antecedentes dolorosos en esta materia, desalojos violentos y asesinatos de referentes campesinos marcan su historia, y Guina reconoce sin eufemismos el mecanismo que muchas veces se repite: “Lo que por ahí muchas veces hacen los empresarios es agarrar alguna familia, o aprovecharse de la situación y contratar como tipo sicario. Y pasan estas cosas por ahí”.
Frente a ese escenario, la respuesta organizativa sigue siendo la misma que sostienen desde hace décadas. “Nosotros como movimiento venimos trabajando eso para que no pase. Nosotros siempre vamos al diálogo, siempre hemos ido a resolver las cosas a través del diálogo”.
Aunque reconoce los límites de esa estrategia,“muchas veces no alcanza con el diálogo”, insiste en que la voluntad no cambia: “Nosotros nunca vamos a decir que no cuando nos llamen a dialogar, para poder resolver un problema y que salgamos beneficiados todos”.
La ley que amenaza los territorios
Uno de los ejes más urgentes de la entrevista es el debate parlamentario en torno al proyecto que el gobierno nacional denomina de “inviolabilidad de la propiedad privada” y la eventual modificación de la Ley de Tierras. Para Guina, se trata de “un ataque más a nuestro campo”, que se suma a una historia larga de disputa jurídica por el territorio.
Recuerda el antecedente clave: la Ley 26.160, de reserva y relevamiento de territorios de comunidades indígenas, que, explica, “le reconoce nuestra existencia en los territorios”. El nuevo proyecto, advierte, apunta en sentido contrario: “Es un claro ataque a eso, a poder desvalorizar eso que ya lo venían intentando muchas veces: poder sacar la personalidad jurídica, poder criminalizar la lucha también de las comunidades”.
El diagnóstico es contundente. Frente a una ley que hoy impide desalojos y venta de tierras en los territorios protegidos, Guina no tiene dudas sobre el sentido de la reforma: “Sabemos cómo termina esto, el tema de cambiar las leyes, de poner decretos. Es el intento de poder hacer el saqueo de los bienes naturales que nosotros en todos estos años venimos defendiendo: el monte, el agua, los ríos. Todo lo que nosotros llamamos parte del territorio”.
Y cierra la idea sin matices: “Este gobierno siempre va a poner leyes o va a hacer el decreto donde puedan vender y saquear nuestros territorios”.
Semillas criollas, comedores y el costo de producir
La entrevista también recorre la dimensión productiva del Mocase, un rasgo central de su identidad. Guina describe la diversidad geográfica de Santiago del Estero: en el sur, la cría de cabras y cabritos que abastece a localidades cordobesas como Villa Carlos Paz; en el centro, en Herrera, la producción de alfalfa, sandía y zapallo; y en el norte, donde él vive, la producción vacuna, que llega a las carnicerías de los pueblos.
Pero esa economía campesina enfrenta trabas que Guina identifica con precisión: normativas nacionales pensadas para la exportación de carne que terminan complicando la comercialización local. “Hay algunas cláusulas que por ahí muchas veces nos impiden poder ir vendiendo los animales, que realmente son costosas, como el tema de las caravanas, el tema de las dosis de vacuna, con el argumento de que exportamos carne. Entonces, muchas veces no pueden llegar los alimentos a las zonas urbanas, que es donde hace falta”.
Ese circuito, explica, funciona también como red de contención social: “lo que no se vende se destina a los comedores comunitarios de los pueblos. Nosotros generalmente nos manejamos así: sostenernos entre todos”.
Y ese equilibrio, advierte, está en riesgo por otro frente: el de las semillas. El Mocase trabaja con semilla criolla, y la eventual imposición de restricciones pondría en jaque ese modelo. “Si no nos permiten eso, por ahí estamos también en peligro, porque después andá a comprar una semilla transgénica, que te la venden carísima. Y si después perdés la cosecha, quedás perdiendo”.
La conclusión es económica y política a la vez: “Es un impedimento de poder producir, porque los costos son los que suben muchas veces”, define.
Una invitación abierta desde el Mocase
Hacia el final de la charla, Guina retoma un rasgo que atraviesa la historia del movimiento desde hace más de 25 años: las pasantías vivenciales que organizan cada invierno. Este año, entre el 25 de julio y el 5 de agosto, fechas que incluyen el festejo por el aniversario del Mocase, más de sesenta jóvenes de Buenos Aires, Córdoba y Santiago capital llegarán a convivir con las familias campesinas.
“Los chicos vienen y se quedan todos esos diez días viviendo en los ranchos campesinos con la familia, haciendo el día a día con las familias campesinas”, describe. Para Guina, esa experiencia es también una herramienta política: un intercambio que construye lazos entre organizaciones urbanas y rurales, y que sostiene la visibilidad del movimiento. “Es algo muy importante, que dio mucho fruto a la militancia”.
Y remata con una frase que funciona como carta de presentación de todo el Mocase: “Siempre nosotros aquí somos muy hospitalarios, y nos brindamos abiertamente para que nos conozcan, para que vengan y compartan con nosotros”.
Informe de Pájaros
- Martes | 20 a 22 en Radio con Aguante
- Pablo Mercau, Solana López, Jorge Kreyness y Luana Haiht.
