A días de la final del Mundial 2026, Fernando Signorini, histórico preparador físico de Diego Maradona y de la Selección Argentina, habló sobre la mercantilización del fútbol, la precariedad de los pibes en los barrios populares, las muertes silenciadas de jóvenes futbolistas y su intento fallido de que Qatar fuera sancionado por la masacre de obreros en la construcción de los estadios. “A estos mundiales, sinceramente, no les creo”, dijo.
Fernando Signorini, el histórico preparador físico de Diego Maradona y de la Selección Argentina, dialogó con Informe de Pájaros a pocos días de la final del Mundial 2026. Con la voz pausada y filosa de siempre, repasó el torneo, la mercantilización del fútbol, la precariedad de los pibes de los barrios populares y la deuda pendiente que, según él, el fútbol tiene con quienes lo inventaron.
- Fernando Signorini, histórico preparador físico de Diego Maradona y de la Selección Argentina, dialogó con Pablo Mercau, Jorge Kreyness y Solana López en Informe de Pájaros, en Radio con Aguante.
- Una charla sin vueltas sobre el Mundial 2026: la mercantilización del fútbol, una FIFA cuestionada, la precariedad de los pibes en los barrios populares, las muertes silenciadas de jóvenes futbolistas, su gestión fallida para que Qatar fuera sancionado por la muerte de obreros en la construcción de los estadios, y su definición de siempre: “Entrenar antes que nada es educar”.
“A estos mundiales, sinceramente, no les creo”
La charla arrancó por la bandera que los jugadores argentinos desplegaron en la cancha tras el triunfo ante Inglaterra, y por el gesto de no saludar a Donald Trump. Signorini, que reconoció no haber seguido los partidos en vivo, fue contundente: “ese ondear de la bandera, más las declaraciones posteriores de Lionel en el sentido de que en Argentina había gente que la pasaba muy mal y el negarse al saludo con el brutal genocida de Donald Trump por parte de los dos chicos centrales argentinos me parecieron las mejores jugadas del mundial”.
Pero el balance general del torneo ,48 equipos, tres países sede, un calendario extenuante, lo deja lejos del entusiasmo. Cita a César Luis Menotti para explicar el quiebre: “ya desde el principio, con esto de 48 equipos, ya con Menotti hace mucho tiempo había dicho que cuando la pelota saltó de los terrenos de juego al escritorio de los grandes jerarcas, el fútbol cambió para siempre”.
Signorini dice que el fútbol “dejó de ser una expresión cultural para volverse únicamente un argumento para que estos tipos ganen las cantidades ingentes de dinero en base al talento, a la magia de chico que, en su mayoría, porque los jugadores de fútbol salen de barrios muy humildes”.

Fernando Signorini, junto a César Luis Menotti y Diego Maradona, en la etapa de Barcelona (1982-1984).
Y ahí aparece una de las paradojas que más lo indignan: el desprecio y la instrumentalización simultáneos.
“Cuando están en esos lugares no solamente estos tipos que son tan poderosos los ignoran, sino que lo desprecian, pero después, claro, los necesitan porque hasta gracias a los jugadores de fútbol, un tal Berlusconi en Italia fue presidente de la nación, a pesar de ser millonario, no lo conocía nadie, fue presidente del Milan y fue presidente del país. Y acá hubo uno que también, que no podía ser presidente de una comisión de fomento, pero fue presidente de uno de los clubes más representativos de Argentina y llegó también a la presidencia. Es una instrumentalización brutal que se hace de los jugadores”, recuerda.
Para Signorini, la legitimidad de un Mundial se mide de otra forma y afirma que “cada vez los mundiales son menos creíbles porque yo creo que si realmente apuntaran al fútbol, tendría que ser completamente distinto. Alguna vez podrían proponer un mundial de 10 o 12 equipos los más poderosos que jueguen todos contra todos. Entonces sí, ahí le voy a creer al mundial. Mientras sea de esta manera, no, porque el que gana tampoco a veces juega contra los equipos más poderosos”.
Ni siquiera se salva el recuerdo sagrado del 86 y en ese sentido trae a la conversación que él lo hablaba con Diego Maradona en la línea de que “el Mundial del 86, está bien festejar y todo, pero tampoco es un mundial creíble porque Argentina no jugó ni contra Brasil ni contra Francia, por ejemplo, que eran dos potencias. Entonces, yo a estos mundiales, sinceramente, no les creo. Y mucho menos en este mundial que se jugó en un país que tendría que haber sido sancionado como se sancionó a Rusia por la invasión a Ucrania”.
Para Signorini es una FIFA “en manos del poder yanqui”
El diagnóstico se endurece cuando habla de la organización del fútbol mundial y de episodios puntuales del torneo, como la expulsión sufrida por un árbitro africano en el partido de Irán.
“La FIFA, que ahora está en manos, obviamente, del poder yanqui porque a través del FBI se han hecho de la Federación, en un país que además tuvieron la desvergüenza de hacer lo que hicieron con la delegación de Irán, con el árbitro que fue hecho afuera, siendo que era el mejor del continente africano, con la tarjeta roja que este miserable ordenó a su lacayo de turno, que hizo un papelón infantil”, explica Signorini.
Su conclusión apunta directo a una salida de fondo, la misma que, dice, soñaba Maradona: “por eso, si los jugadores no dan un paso adelante y hacen realidad aquel sueño de Diego de formar un gran sindicato mundial para que el fútbol sea de los jugadores, ¿para qué necesitan de estos tipos? ¿Para qué necesitan de los jeques árabes?”.
Agerga que falta tiempo todavía, “se tendrán que organizar, preparar, decidir y tomar las riendas del fútbol. Porque si no, esto cada vez va a ser. Ya no es más una excusa para ser feliz, no es más una creación de las clases populares porque ahora es un deporte elitista. ¿Cuánto cuesta ir a Estados Unidos y gastar la cantidad de dinero que se necesita? Las clases populares, de donde salió el fútbol, hoy los inventores ni siquiera pueden ver a su invento”.

“Nadie protesta”: la Copa Argentina como espejo
Consultado sobre si queda algún refugio para el “verdadero fútbol”, los torneos locales, los clubes de barrio, Signorini no encuentra demasiado consuelo tampoco puertas adentro de la Argentina.
Ejemplifica que “podés ver, para no ir tan lejos, el torneo Argentina, ahora, ¿por qué 30 equipos? Juegan la Copa Argentina y, por ejemplo, Sarmiento de Junín contra, no sé, Santamarina de Tandil, y lo mandan a jugar a Salta. Es una cosa que no se puede creer. Y lo que no se puede creer es lo dócil y lo sumisos que son. Debe haber algo para repartir, porque eso no se explica, que nadie proteste. Y tampoco los jugadores”.
Las muertes que nadie investiga
Uno de los tramos más duros de la charla fue cuando Signorini enumeró, sin vueltas, una serie de tragedias silenciadas del fútbol argentino: desde la muerte de un joven futbolista, Emanuel Ortega, por un golpe en la cabeza contra un objeto que, según las reglamentaciones, debería haber estado a una distancia segura, hasta los suicidios de jóvenes jugadores tras quedar afuera de convocatorias.
“Yo digo que esto es un gran descalabro. Fíjate que nadie, absolutamente nadie, dijo más nada de la investigación por la muerte, por culpa de la negligencia y la responsabilidad gerencial, de un chico que golpeó su cabeza contra un objeto contundente que tendría que estar a cinco metros y estaba a dos”.
Y siguió con los casos de chicos que, al no ser convocados, no soportaron la presión de haber quedado afuera.
“Pasó después, por ejemplo, lo de estos chicos de Aldosivi y de Mar del Plata que, al quedar fuera de la convocatoria, y ante esa presión que se ejerce de todos lados, también desde los medios, cuando algún miserable dice que hay que ganar de cualquier manera, que el segundo es el primero de los perdedores, perdieron… su fracaso y decidieron poner fin a su vida con un disparo. Lo mismo le pasó a este chico de Colón de Santa Fe. Tenemos el caso del Morro García antes, también de este chico de San Lorenzo, Mirko Saric, y otros casos que no salen a la luz”.
Para Signorini, esa violencia, física y simbólica, tiene una raíz común con el fanatismo de las tribunas y reflexiona que “estamos encerrados o encajados en un momento adolescente en el que el fútbol mismo, a través de esa pasión que no es pasión, es un fanatismo desenfrenado. Cuando estamos acá en Argentina, el de Boca se pelea con el de River, el de Sarandí con el de Huracán, el de Independiente contra. Ahora, después juega la Selección y son todos amigos, estamos todos juntos”.
“Entrenar antes que nada es educar”
Frente a ese panorama, Signorini vuelve a una idea que lo acompaña desde siempre: el fútbol como herramienta educativa, no como fin en sí mismo.
Propone dar un paso adelante. El fútbol, dice, es otro y “tiene que servir para otra cosa, como argumento fantástico para ayudar a los padres, a los profesores, a los maestros, a guiar al niño camino del mejor individuo posible para la sociedad que los espera, que los merece, que los necesita”.
Y define su propio oficio de un modo que ya es célebre: “para mí, entrenar antes que nada es educar, porque si son buenos no necesitan de nadie, van a ser buenos, listo, y se acabó el problema. Te tenés que equivocar mucho para estropearlo. Porque entrenar a estos jugadores, como alguna vez yo dije, entrenar a Diego para jugar al fútbol es como entrenar un gato para cazar ratones, salvo que uno sea muy vanidoso y se crea que tuvo algo que ver”.

Las pensiones y la fábrica de promesas
Sobre las divisiones inferiores y las pensiones de clubes, donde muchos chicos son vistos como una futura venta millonaria, Signorini fue tajante en la descripción del panorama de los clubes argentinos.
“No les interesa absolutamente nada de nada, porque acá en Argentina los chicos, la mayoría, sale de condiciones sociales muy humildes, muy precarias, de los barrios populares. Hay unos 5500 barrios populares aproximadamente, para una cantidad de casi 6 millones de habitantes”.
Y llevó esa precariedad hasta el límite: “en esos lugares los chicos muchas veces no tienen para comer, muchas veces no tienen sus padres para un medicamento, y allá donde se juega, a lo mejor hay 30 o 40 pibes jugando sin ningún control médico, sin algún desfibrilador que, bien usado en un momento determinado, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Sin embargo, ¿a quién le importa?”.

Recordó también, con particular bronca, que la noche en que velaban a uno de esos chicos se jugó igual un Boca–River: “Ese día lo recuerdo perfectamente, cuando su familia lo estaba velando, a la noche se jugó el partido por Copa Libertadores de 2015, que terminó con el gas pimienta. Entonces, el circo debía seguir”.
Su reclamo apunta al Estado: “Si el fútbol es un hecho cultural, algo lo tendrían que decir. La gente que está a cargo del Ministerio de Cultura, y también del de Salud Pública y del deporte. Pero si el deporte fuera tan importante, no sería secretaría. Sería ministerio, y a cargo tendría que estar alguien que realmente se interese, que sepa”.
Qatar, la memoria y los valores que no se negocian
Consultado sobre dónde encuentra él, personalmente, una luz en medio de este panorama, Signorini contó un episodio poco conocido: su gestión, antes del Mundial de Qatar 2022, para intentar que el país sede fuera sancionado por la muerte de obreros migrantes en la construcción de los estadios.
“Por culpa, entre comillas, de José Luis Lanao, que siempre me manda cada semana sus artículos, a un año del comienzo del Mundial de Qatar recibí un montón de informes que él me envió, donde hablaba de la masacre de los obreros que estaban trabajando en la construcción de los estadios. Entonces me dije que yo, como tipo del deporte, algo tenía que hacer. Pero ¿qué hago? Hasta que se me ocurrió llamar al espacio de la memoria y pedir una reunión con Horacio Pietragalla, que era el director del organismo, y me la concedieron”.
Se refiere a José Luis Lanao, campeón mundial juvenil en Japón 1979, donde compartió equipo con Maradona y fue dirigido por Menotti. Lanao publica sus columnas de opinión en Página/12.
La idea era que le generó la serie de informes era clara: una proclama internacional para evitar que Qatar fuera “premiado” pese a esas muertes, sumando al sindicato de la UOCRA por tratarse de compañeros de oficio. Pietragalla se mostró de acuerdo, pero el trámite nunca prosperó:
“Me llamó a las tres semanas y me dijo que no, que no iba a haber tiempo, así que me pidió disculpas. Nos saludamos y yo entonces dije: bueno, yo hice lo que tenía que hacer, él también. Pero después dije: no, algo más voy a hacer. Ahora, el Mundial de Qatar a mí no me interesa para nada, porque yo no quiero ser oveja del cerrado rebaño, porque a mí me educaron en otros valores y yo de ninguna manera voy a renunciar a ellos, porque ya decidí que son los mejores”, recordó.
Esos valores, dice, se los debe en gran parte a Maradona: “basados en la nobleza, en el compromiso social, en la solidaridad, en la honestidad, en el respeto. Porque yo, que soy más o menos alto, rubio y de ojos celestes, aunque tengo glaucoma de ángulo abierto y veo muy poco, necesité de un negrito villero para verme una vida que ni en los mejores sueños me hubiera imaginado”.
“El sistema los quiere frívolos, los quiere vulgares”
Signorini insistió en que formar mejores futbolistas exige, primero, formar mejores personas, y que eso requiere un trabajo intelectual y sensible que hoy no está garantizado.
Sostiene que hay que recurrir a los recursos ligados al intelecto, o al desarrollo fundamentalmente de la sensibilidad, que “creo que es la mejor de las virtudes de los seres humanos: que sea sensible, que sea respetuoso, que sea noble, que sea honesto. Y eso se encuentra en los mejores libros con profundo contenido humanista, en mucha poesía, porque vamos a estar a cargo de seres humanos”.
Refuerza la idea con el señalamiento acerca de estar, al menos desde el punto de vista de la formación, “muy por arriba de la media para poder ayudarlos, porque si no, esto no cambia más. Porque el sistema los quiere frívolos, los quiere groseros, los quiere vulgares. Cuanto más estúpido, mejor: así los manejan. Y no, esto tiene que terminar. El deporte tiene que servir para hacerlos mejores”.
Sobre el final, no esquivó la incomodidad que le generan ciertas exposiciones publicitarias de los jugadores, ni la utilización de la imagen de Maradona recreada con inteligencia artificial
“Ya de por sí esta selección en Argentina gana mucha guita donde juegan y están todos recontra salvados. ¿Qué necesidad tienen de ser la cara de casas de apuestas, por ejemplo?. Hay que ver si son buenas para la preparación física las hamburguesas esas que muestran por la tele en los avisos. Por eso te digo, es por eso, porque nadie los educa. Y después sí, tienen mucho dinero, tienen ropa de marca, tienen coche de alta gama, pero nadie los ayuda a que decidan ser lo que quieren ser. No, son lo que el sistema quiere y cómo el sistema quiere”, repasa sobre una de las marcas distintivas de estos tiempos, las publicidades con jugadores,
Al cierre, agradecido por la charla, Signorini dejó una frase prestada de un tal Ernesto Guevara para no aflojar en la pelea de fondo, la que, insiste, excede al resultado de una final: “Un paso atrás, solo para tomar impulso”.
Informe de Pájaros
- Martes | 20 a 22 en Radio con Aguante
- Con Pablo Mercau, Solana López, Jorge Kreyness y Luana Haiht.
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