El libro colectivo “Dangerous Justice”, publicado por CESNUR, reúne investigaciones de especialistas, abogados, académicos y periodistas que cuestionan aspectos del proceso contra Konstantin Rudnev y advierten sobre problemas estructurales de la Justicia argentina. La obra también incorpora el testimonio de Elena Makarova, señalada por la fiscalía como víctima, y una mirada más cautelosa sobre el expediente.
El caso de Konstantin Rudnev, el ciudadano ruso detenido en Bariloche en marzo de 2025, volvió a tomar dimensión internacional a partir de una denuncia sobre el alcance de la desinformación rusa presentada ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
En ese contexto, la publicación de Dangerous Justice: Argentina’s Criminal System in the Mirror of the Rudnev Case —Justicia peligrosa: el sistema penal argentino en el espejo del caso Rudnev— propone una lectura que excede el expediente judicial y pone el foco en el funcionamiento del sistema penal argentino.
Editado por Massimo Introvigne y María Vardé, y publicado por el Centro de Estudios sobre Nuevas Religiones (CESNUR), en 2026, el volumen reúne trabajos de sociólogos, antropólogos, juristas, abogados, funcionarios judiciales, periodistas y otros especialistas. La introducción está a cargo del sociólogo estadounidense James T. Richardson.
El libro puede descargarse gratuitamente y toma el caso Rudnev como punto de partida para examinar dos problemas que sus autores consideran relacionados: los prejuicios que pueden activarse cuando una persona es presentada como líder de una “secta” y las deficiencias estructurales de la Justicia penal argentina.
Rudnev fue detenido en el aeropuerto de Bariloche en marzo de 2025. Días después quedó alojado en una cárcel de máxima seguridad de Rawson, en Chubut. La acusación lo ubicó al frente de una presunta organización transnacional dedicada a la trata de personas y le atribuyó delitos que incluían trata agravada, reducción a la servidumbre, privación ilegal de la libertad y tráfico de estupefacientes.
Según la reconstrucción que presenta el libro, más de un año después de su arresto, las sustancias inicialmente señaladas como drogas fueron identificadas como pastillas para dormir y hongos alucinógenos.
Rudnev continúa bajo prisión preventiva y, de acuerdo con los autores, perdió 53 kilos durante su detención, en un contexto de grave deterioro de su salud.

La obra sostiene que la descripción del acusado como supuesto “líder de una secta maligna” condicionó la interpretación del caso y contribuyó a instalar una narrativa que, según sus colaboradores, no siempre se correspondió con las pruebas disponibles.
En paralelo, advierte que el expediente permite observar cuestiones que no son exclusivas de esta investigación: el alcance de la legislación contra la trata de personas, el uso extendido de la prisión preventiva, la influencia de las campañas mediáticas y políticas sobre las decisiones judiciales y los mecanismos de control sobre la actuación de los fiscales.
La denuncia internacional y la circulación de información
La presentación ante la OSCE se produjo durante la Conferencia de Varsovia sobre la Dimensión Humana, un encuentro internacional organizado bajo el ámbito de la Oficina de Instituciones Democráticas y Derechos Humanos de ese organismo. El 8 de octubre, durante la cuarta sesión plenaria —dedicada a la tolerancia y la no discriminación—, la ONG CAP-LC (Coordinación de Asociaciones y Particulares por la Libertad de Conciencia), acreditada ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, presentó una declaración escrita sobre el caso.
La organización advirtió que narrativas hostiles originadas en Rusia habrían circulado en Montenegro y Argentina, influyendo sobre medios de comunicación y autoridades locales.
La declaración describió esa circulación de información como una forma de represión transnacional: un mecanismo por el cual un Estado puede extender su influencia más allá de sus fronteras mediante la difusión de información engañosa y el daño reputacional contra personas consideradas disidentes. CAP-LC pidió a Rusia que cesara esas prácticas y exhortó a los Estados participantes de la OSCE a examinar con especial cautela los materiales procedentes de ese país cuando se refieran a disidentes políticos o espirituales.
La intervención fue realizada por una organización de la sociedad civil en el marco de la conferencia; no se trató de una resolución ni de una condena institucional de la OSCE.
El planteo se conecta con uno de los argumentos centrales de Dangerous Justice: la posibilidad de que acusaciones y estigmatizaciones construidas en otro país sean reproducidas localmente y terminen condicionando la percepción pública y las decisiones institucionales.
El libro reconstruye la trayectoria de Rudnev desde su condena en Rusia, su posterior residencia en Montenegro y su llegada a la Argentina. Según sus autores, las acusaciones difundidas en esos distintos escenarios contribuyeron a consolidar una imagen de peligrosidad que habría sobrevivido incluso cuando sus fundamentos fueron cuestionados.
La discusión sobre la desinformación, sin embargo, exige contemplar también otros antecedentes. En febrero de 2026, OpenAI informó que había desarticulado una operación de influencia denominada “Trolling Stone”, vinculada con cuentas que utilizaron sus modelos para producir comentarios sobre la detención de Rudnev en Argentina.
La actividad incluyó mensajes tanto de apoyo al acusado como críticas a la cobertura periodística, y parte de los contenidos buscaba generar una apariencia artificial de participación en redes sociales.
Ese antecedente muestra que el caso también fue escenario de operaciones digitales y refuerza la necesidad de verificar la procedencia de los materiales y las campañas que circulan alrededor del expediente.
Los cuestionamientos al sistema penal
La primera parte del libro Dangerous Justice aborda el marco legal e institucional argentino. La fiscal adjunta Marisa Tarantino analiza la evolución de la legislación contra la trata de personas, desde la Ley 26.364 de 2008 hasta su modificación mediante la Ley 26.842, en 2012.
Su capítulo cuestiona el alcance de algunas definiciones legales, en particular la eliminación del requisito de determinados medios comisivos para configurar el delito básico, la irrelevancia del consentimiento y la amplitud de la noción de vulnerabilidad.
A su entender, esa combinación puede facilitar interpretaciones en las que relaciones inicialmente consentidas sean reconstruidas retrospectivamente como situaciones de coerción.

Por su parte, Cecilia Varela y María Vardé estudian la expansión de las políticas contra la trata y la incorporación de categorías provenientes del activismo contra las llamadas sectas. Las investigadoras describen cómo expresiones como “organización coercitiva” y “persuasión coercitiva” ingresaron en documentos estatales, programas de prevención y materiales de capacitación. Uno de los puntos más sensibles de su análisis es la posibilidad de que la negativa de una persona a reconocerse como víctima sea interpretada como una prueba adicional de sometimiento, una lógica que, advierten, puede volver difícil de refutar una hipótesis acusatoria.
El investigador del CONICET y docente de la Universidad Nacional de La Plata Ezequiel Kostenwein aporta una perspectiva más amplia sobre la prisión preventiva. A partir de entrevistas con jueces, fiscales y abogados defensores bonaerenses, examina por qué una medida que debería ser excepcional se convirtió en una práctica habitual.
Entre los factores identifica el peso de la pena en expectativa al evaluar el riesgo de fuga y el llamado “peligro judicial”: el temor de los magistrados a enfrentar consecuencias profesionales o mediáticas si liberan a una persona que luego comete otro delito. Su trabajo no analiza directamente el expediente Rudnev, pero ofrece herramientas para comprender el contexto institucional en el que se desarrolla.
El capítulo de la abogada francesa Patricia Duval vuelve sobre las condiciones de detención del ciudadano ruso. Allí se describen, según la reconstrucción de la autora, el arresto por orden verbal, la falta de acceso inmediato a un abogado, períodos de aislamiento, la administración de medicamentos sin explicaciones comprensibles y el deterioro de su estado de salud, que habría requerido una intervención quirúrgica de urgencia.
Duval cuestiona también la aplicación de normas procesales previstas para investigaciones complejas de carácter transnacional y sostiene que la prisión preventiva habría sido utilizada como herramienta de presión para obtener una confesión mediante un juicio abreviado. Son señalamientos formulados por la autora del capítulo y no deben confundirse con conclusiones judiciales firmes.
Un foro con distintas perspectivas
La segunda parte del volumen reúne un foro con seis intervenciones que abordan el caso desde diferentes disciplinas y posiciones. La exdiplomática Rosita Šorytė analiza la campaña impulsada por el comentarista ruso Mikhail Lidin y la circulación de videos sobre Rudnev, que —según su interpretación— contribuyeron a sostener una narrativa estigmatizante.
El periodista argentino Alejandro Agostinelli, en tanto, presenta una reflexión autocrítica sobre su propia trayectoria y revisa el papel que tuvieron las teorías del “lavado de cerebro” y las campañas contra las sectas en la construcción de prejuicios sociales y mediáticos.
Uno de los aportes más relevantes por su enfoque es el de Liliana Eva Cucurullo, defensora pública de la provincia de Buenos Aires y docente de la Universidad de Buenos Aires. Su capítulo adopta una posición más cautelosa: reconoce que existen elementos objetivos que justificaron la apertura de una investigación, pero advierte que el nivel de prueba debe elevarse a medida que avanza el proceso.
También plantea interrogantes sobre la manera en que se evaluó la situación de la persona identificada como víctima y señala un problema central: si toda declaración que contradice la hipótesis de la fiscalía es interpretada como una prueba de sometimiento, esa hipótesis se vuelve prácticamente imposible de refutar.
A continuación, Elena Makarova ofrece su propio testimonio. La mujer, a quien la fiscalía identifica como víctima en la causa, afirma que nunca conoció a Rudnev y niega haber sido captada, explotada o sometida por él. Según su relato, el origen de la acusación estuvo relacionado con una fotocopia de su pasaporte obtenida en el hospital donde dio a luz. También sostiene que fue presionada por funcionarios y que recibió amenazas vinculadas con la posibilidad de perder a su hijo.
El libro señala que las pruebas de ADN descartaron que Rudnev fuera el padre del bebé. Makarova afirma, además, que presentó una denuncia contra los fiscales. Su versión constituye un testimonio incorporado a la publicación y debe distinguirse de la valoración que pueda realizar la Justicia sobre los hechos.
Los últimos capítulos incluyen el análisis del abogado especializado en derechos humanos Alessandro Amicarelli, quien compara el uso de la prisión preventiva en Argentina con estándares establecidos por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Su planteo se concentra en tres exigencias: que la detención no se prolongue más allá de un plazo razonable, que las investigaciones avancen con diligencia y que se consideren alternativas efectivas a la privación de libertad.
Para ilustrar el alcance del problema, también menciona el caso de Franco Casco, en el que policías permanecieron seis años en prisión preventiva. Finalmente, el politólogo Michele Olzi examina los límites de la intervención estatal sobre la autonomía individual y cuestiona que una persona adulta sea considerada víctima contra su propia voluntad.
Dangerous Justice: más allá de un expediente
En conjunto, Dangerous Justice propone leer el caso Rudnev como una ventana hacia problemas que, de acuerdo con sus autores, exceden la situación de un solo acusado. La prisión preventiva, las interpretaciones de la legislación contra la trata, la construcción mediática de las acusaciones, los prejuicios hacia las minorías religiosas y los controles sobre la actuación de los fiscales aparecen como dimensiones de una discusión más amplia sobre las garantías procesales y el Estado de derecho.
La publicación no presenta una mirada completamente uniforme. Sus propios editores reconocen que los colaboradores no llegan a las mismas conclusiones e incorporan deliberadamente voces que examinan el expediente con mayor cautela.
Esa diversidad permite que el libro no se limite a una defensa cerrada de Rudnev, sino que abra interrogantes sobre cómo investigar delitos graves sin debilitar la presunción de inocencia, cómo proteger a quienes efectivamente sufren explotación y cómo garantizar que la voz de las personas involucradas sea escuchada.
La denuncia presentada por CAP-LC ante la OSCE suma una dimensión internacional a esa discusión: la circulación transfronteriza de información, la posibilidad de que campañas de desprestigio condicionen investigaciones y la responsabilidad de los Estados y los medios de comunicación frente a materiales cuya procedencia y veracidad deben ser examinadas.
El planteo también interpela al periodismo, especialmente cuando las acusaciones de alto impacto se reproducen sin contrastar fuentes ni distinguir entre sospechas, imputaciones y hechos probados.
El libro puede leerse, así, como una intervención crítica sobre el caso Rudnev y, al mismo tiempo, como una invitación a revisar prácticas institucionales que afectan a muchas otras personas sometidas a procesos penales. Su pregunta de fondo es cómo evitar que la búsqueda de justicia termine debilitando las garantías que deberían sostenerla.
Para ampliar: el artículo original de Massimo Introvigne sobre la presentación de CAP-LC ante la OSCE puede leerse en Bitter Winter: “Konstantin Rudnev: The Reach of Russian Disinformation Denounced at the OSCE”. Bitter Winter+1
