La mujer señalada por la fiscalía como presunta víctima de trata negó todo en una entrevista explosiva. “Nunca conocí a Rudnev”, afirmó Elena Makarova, y denunció haber sido tratada “como una prisionera” tras dar a luz en Bariloche
El caso contra Konstantin Rudnev sumó un nuevo capítulo que podría cambiar el rumbo de la causa. La protagonista es Elena Makarova, la única mujer señalada por la fiscalía como víctima de trata. En una entrevista difundida por el programa Tiempo de Policiales, la joven rusa fue contundente. “No soy víctima de nadie”, afirmó. Sus declaraciones impactan directamente en el corazón de la acusación. Y vuelven a poner en discusión la solidez de la investigación judicial.
El testimonio no solo niega el delito, sino que también desarma la figura central del expediente. Makarova fue clara al referirse a su vínculo con el principal acusado. “No conocía a Konstantin Rudnev, ni personalmente ni de ninguna otra manera”, aseguró. Y reforzó: “Nunca me encontré con él ni en Argentina ni en Rusia”. La frase no deja margen para interpretaciones. Si no hay vínculo, la hipótesis de captación se debilita de forma directa.
Pero el testimonio va aún más lejos. La joven también cuestionó el accionar judicial desde su propia experiencia. “Considero que la fiscalía actuó de manera injusta con todos nosotros”, sostuvo. Incluso denunció su propia detención tras dar a luz. “Me detuvieron a mí y a mi bebé durante tres meses sin explicar la razón”, relató. Esa situación, según dijo, fue traumática.
En ese sentido, Makarova describió condiciones que contradicen el trato esperado hacia una presunta víctima. “Nos mantuvieron en la incertidumbre sobre lo que estaba ocurriendo”, explicó. Y agregó una frase impactante: “Los primeros tres meses de vida de mi bebé transcurrieron en cautiverio”.
La joven también detalló las condiciones en las que vivió durante ese período. “No tenía agua, no tenía alimentación adecuada, no podía salir a tomar aire fresco”, afirmó. Según su relato, no podía llevar una vida normal. Tampoco contaba con los elementos básicos para cuidar a su hijo recién nacido. Esto abre interrogantes sobre el tratamiento que recibió por parte de las autoridades. Y pone en discusión el concepto de protección a la víctima.
Makarova: “Fue el mejor momento de mi vida, hasta que todo cambió”
Antes del episodio judicial, Makarova aseguró haber tenido una experiencia completamente distinta en Argentina. Su llegada al país estuvo motivada por una situación personal compleja. “En Rusia tenía una relación tóxica y quería proteger a mi bebé”, explicó. Buscaba tranquilidad y un entorno seguro. Y en Bariloche, según relató, encontró justamente eso.
De hecho, describió su vida previa al parto en términos muy positivos. “Mi vida en Bariloche era simplemente maravillosa”, afirmó. Caminaba, hablaba con su familia, tejía ropa para su bebé. “No tenía ninguna restricción de movimiento”, agregó. Incluso aseguró que fue “el mejor momento de mi vida”. Una afirmación que contrasta fuertemente con la hipótesis de explotación.
También dejó en claro que tenía plena autonomía. “Era libre en mis movimientos, libre en mis decisiones”, sostuvo. Podía comunicarse con sus padres y amigos sin problemas. Tenía su teléfono, sus documentos y su dinero. No había control ni coerción. Todo esto contradice uno de los pilares de la acusación por trata de personas.
El momento que lo cambió todo
El quiebre, según su relato, ocurrió en el hospital. Allí denunció un episodio de violencia obstétrica. “Intentaron inducirme el parto sin mi consentimiento”, afirmó. Dijo que había rechazado esa intervención previamente. Pero que igual se llevó adelante sin su autorización. Esto generó miedo, confusión y una reacción inmediata.
“Me asusté y pedí ayuda”, relató. Sus acompañantes intervinieron y abandonaron el hospital. Pero el conflicto no terminó ahí. Según su testimonio, las autoridades comenzaron a intervenir poco después. Y la situación cambió de manera drástica.
El momento del parto fue el punto más crítico. “Yo no entendía lo que estaba pasando”, recordó. Afirmó que le sacaron el teléfono y que nadie le explicaba nada. “Estaba sola con mi bebé recién nacido”, dijo. La falta de información fue total.
Minutos después, aparecieron policías y fiscales. “Me llamaron víctima, pero no me explicaron de qué”, relató. Esa contradicción marcó todo el proceso. “No sabía qué iba a pasar conmigo”, agregó. Y sostuvo que nunca recibió una explicación clara.
Un testimonio desgarrador: “lo que vivimos fue lo más horrible que podía pasar”
El relato final de Makarova resume el impacto de toda la experiencia. “Lo que pasó durante esos tres meses fue lo más horrible que podía haber sucedido”, afirmóTambién cuestiona directamente el accionar del sistema judicial. Y deja abierta una pregunta clave: ¿cómo se construyó esta causa?
“¿Por qué tuvimos que vivir algo así?”, se preguntó. La joven no solo habló de sí misma, sino también de su hijo. “Mi bebé debería haber conocido el mundo con una sonrisa, no encerrado”, expresó.
Sus declaraciones llegan en un momento clave. Con la prisión domiciliaria de Rudnev ya otorgada, el foco está en la solidez de la acusación. Y este testimonio aparece como un elemento central. Porque no solo niega el delito. También cuestiona todo el proceso desde adentro.

