Alimentos: la presión internacional vuelve a ponerle un piso más alto a la inflación argentina

alimentos

Las principales consultoras estiman que el IPC de septiembre rondó el 2%, por encima del 1,7% de agosto. El incremento de los alimentos aparece como uno de los principales factores detrás de la aceleración. A nivel global, la FAO advirtió por el impacto de las guerras, las restricciones logísticas y los fenómenos climáticos sobre cereales, aceites y azúcar.

La desaceleración de la inflación argentina encontró en septiembre un nuevo obstáculo: el aumento de los precios de los alimentos. Después de registrar en agosto un IPC del 1,7%, el menor nivel en 14 meses, las principales consultoras privadas estimaron que la inflación del noveno mes del año volvió a ubicarse cerca del 2%, impulsada especialmente por alimentos y bebidas.

El fenómeno no ocurre en forma aislada. A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registró en septiembre un incremento del índice mundial de precios de los alimentos del 5,8% interanual, en un escenario atravesado por las guerras en Ucrania e Irán, las restricciones sobre rutas marítimas estratégicas y el impacto de fenómenos climáticos sobre las cosechas.

El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, advirtió sobre una acumulación cada vez más generalizada de los precios de los productos básicos. Según explicó, las disrupciones en el estrecho de Ormuz y el mar Negro se combinan con los shocks climáticos y presionan sobre energía, transporte y productos alimentarios clave.

El riesgo, señaló, es que ese incremento termine trasladándose a los precios que pagan los consumidores, especialmente en los países que dependen de las importaciones de alimentos y energía.

Los alimentos vuelven a empujar el IPC argentino

Las mediciones privadas coinciden en señalar que septiembre interrumpió la tendencia de desaceleración que había mostrado la inflación durante buena parte del año.

La consultora LCG registró un aumento del 1,7% en los bienes básicos de alimentación durante la última semana de septiembre. En las cuatro semanas acumuladas, el incremento alcanzó el 2,7%, en una categoría que tiene un peso significativo dentro del índice general.

La Fundación Libertad y Progreso proyectó una inflación del 2% para septiembre y señaló a alimentos y bebidas no alcohólicas como el principal motor de la aceleración, con una suba estimada del 3,2% mensual.

En la misma línea, Eco Go calculó un avance del 2% en los precios minoristas. Según su análisis, un componente estacional habría liderado las subas y colocado al índice general 0,3 puntos porcentuales por encima del registro de agosto.

Por su parte, C&T Asesores Económicos estimó una inflación del 1,9%. En su medición, alimentos y bebidas mostraron el mayor ritmo de aumento desde mayo, con una variación del 2%, impulsada especialmente por las verduras, que aumentaron 11%, y la carne, con una suba del 2,1%.

Analytica también proyectó una inflación general del 2%. La consultora detectó un aumento del 0,8% en alimentos y bebidas durante la última semana de septiembre, mientras que la variación acumulada en cuatro semanas llegó al 2,8%.

Así, aun antes de la publicación de los datos oficiales, las distintas mediciones privadas coincidían en un punto: el precio de la comida volvió a convertirse en uno de los principales factores de presión sobre la inflación.

Una presión que también llega desde afuera

El escenario internacional agrega incertidumbre a esa dinámica.

Según la FAO, el índice de precios de los cereales aumentó 5,1% en septiembre respecto de agosto y quedó 17,2% por encima del nivel registrado un año atrás.

El trigo tuvo una suba mundial del 6,3%, como consecuencia de las limitaciones logísticas en el mar Negro y la sequía registrada en algunas zonas de América del Norte antes de la siembra. El maíz, por su parte, aumentó 5,6%, debido a las preocupaciones sobre los rendimientos en Estados Unidos, una menor disponibilidad exportable de Brasil y las dificultades en las rutas del mar Negro.

También aumentaron los aceites vegetales, cuyo índice avanzó 0,9%, principalmente por el incremento del aceite de palma y las preocupaciones relacionadas con la sequía en el sudeste asiático.

El azúcar presentó una de las mayores subas: 6,1% en un solo mes, ante las expectativas de una oferta mundial más ajustada para la temporada 2026/27. Entre los factores mencionados aparecen una menor producción prevista en Tailandia, lluvias inferiores a las habituales en zonas agrícolas de India, el fortalecimiento de El Niño, fuertes precipitaciones en el centro-sur de Brasil y una reducción del área destinada a remolacha azucarera en la Unión Europea.

No todos los alimentos siguieron la misma tendencia. El índice de precios de la carne cayó 1,1%, debido principalmente a la baja de los valores de la carne porcina y aviar, en un contexto de abundante oferta exportable. Sin embargo, las cotizaciones de la carne bovina brasileña aumentaron por una mayor demanda de importaciones de Estados Unidos.

Los productos lácteos, en tanto, registraron una baja marginal del 0,1%.

Menos producción y mayores costos logísticos

Las perspectivas de la FAO tampoco permiten descartar nuevas presiones.

El organismo proyecta que la producción mundial de cereales caerá 2,1% en 2026 respecto de 2025, hasta alcanzar unas 2.979 millones de toneladas. Aunque sería la segunda mayor cosecha de la historia, el comercio mundial de cereales también disminuiría un 3,5%, hasta 505,8 millones de toneladas, debido principalmente a las restricciones en las rutas marítimas del mar Negro.

A esto se suman las mayores tarifas de flete, un mercado de fertilizantes más firme y las disrupciones logísticas.

El fenómeno de El Niño agrega otro factor de incertidumbre, especialmente para el arroz producido en el sur y sudeste asiático, donde los rendimientos suelen ubicarse hasta 1,5% por debajo de su tendencia esperada durante estos episodios climáticos.

Para la Argentina, el escenario combina entonces factores internos y externos. Mientras las mediciones privadas ubican nuevamente la inflación cerca del 2%, los alimentos aparecen como uno de sus principales motores, al mismo tiempo que el mercado internacional enfrenta un contexto de guerras, clima adverso, restricciones comerciales y mayores costos de transporte.

El dato resulta especialmente relevante porque el precio de los alimentos no sólo impacta en la inflación medida por el IPC: también condiciona el consumo cotidiano y aumenta los costos de toda la cadena que comienza en la producción y termina en la mesa de los consumidores.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *