René González: “Si alguien convence a Trump de que el cálculo es positivo, atacarán Cuba”

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René González Sehwerert, uno de los Cinco Héroes cubanos habla sobre Hermanos al Rescate, la acusación a Raúl Castro y la nueva ofensiva de Estados Unidos contra Cuba

  • Entrevista realizada por Norberto Champa Galiotti (Red Continental de Solidaridad con Cuba y Las Causas Justas), Claudia San Martín (Radio Rebelde San Luis, Argentina) y Pablo Mercau (programa Informe de Pájaros, Radio con Aguante, Buenos Aires).

La luz se fue mientras hablaba. René González Sehwerert, uno de los Cinco Héroes Cubanos, tuvo que recurrir a la batería de un pequeño panel solar para seguir con la conversación. “No es gran cosa”, aclaró con el tono de quien ha aprendido a no hacer drama de lo que ya es costumbre en la Isla por estos tiempos. “Pero no todo el mundo tiene eso en Cuba. Hay personas que están viviendo en la oscuridad durante días, cocinando con carbón en el campo, comprando la comida de un día para otro porque no pueden guardarla”.

Ese corte de luz, fugaz pero elocuente, resumió mejor que cualquier estadística lo que está ocurriendo en Cuba en el contexto de la nueva ofensiva de la administración Trump: el bloqueo petrolero de diciembre, las órdenes ejecutivas del 29 de enero y del primero de mayo, y el reciente procesamiento del general de ejército y expresidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, a propósito del derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996.

Parte 1: René González Sehwerert, uno de los Cinco Héroes Cubanos, relata desde adentro la historia de Hermanos al Rescate: cómo se fundó la organización en mayo de 1991, quiénes la integraban, cuál era su verdadero propósito y cómo sus métodos fueron escalando desde la búsqueda de balseros hasta las incursiones sobre La Habana y los planes de sabotaje a la red eléctrica cubana.


Los orígenes: de los balseros a los explosivos contra Cuba

Para entender el derribo de aquellos aviones, René González, un agente de inteligencia cubano infiltrado en Miami con la misión de obtener información vinculada a ataques terroristas, propone comenzar por el principio. Él estuvo ahí desde el primer día.

“El derribo fue el resultado del desarrollo de una operación de guerra de cuarta generación, como se le llama a eso ahora, que comenzó en mayo de 1991 con la pretensión de buscar balseros, y cuyos métodos fueron escalando a lo largo de los años hasta que finalmente provocaron que el gobierno cubano tomara la decisión soberana de defender su territorio”.

El 25 de mayo de 1991, el aeropuerto de Miami fue escenario de la presentación pública de Hermanos al Rescate. Hubo una caravana de aviones, discursos y el primer encuentro de René con José Basulto, el fundador y presidente de la organización. “Me invitó a almorzar y su principal interés consistía en que yo le informara sobre el estado moral de Cuba, qué posibilidades había de que las Fuerzas Armadas cubanas eventualmente tomaran posición contra los hermanos Castro”.

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René González, exespía cubano infiltrado en Estados Unidos en la década de los noventa.

Lo que René descubrió desde adentro era una organización con una genealogía muy precisa. “Hermanos al Rescate fue fundado por miembros de lo que se llamó en Cuba en los años 60 los tines de infiltración, grupos creados por la CIA, entrenados en sabotaje, guerra psicológica, explosivos, guerrilla“, describe.

Basulto mismo lanzó un último mensaje por radio a la CIA antes de la derrota de Bahía de Cochinos (en 1961): ‘Gracias por su maldita invasión.’ Después se refugió en la base de Guantánamo. Tras regresar a Estados Unidos, hizo una temporada en el ejército norteamericano y participó en el Affaire Irán-Contra, todo ese esquema delictivo montado en Centroamérica, antes de regresar a Miami como constructor”.

Basulto fue depurando la organización hasta quedarse con un núcleo manejable: otros miembros de los tines de infiltración, entre ellos su lugarteniente y luego Manuel Iglesias, un elemento muy vinculado a la Fundación Nacional Cubano Americana.

La salvación de balseros fue, en un comienzo, real. Y fue útil. “Se hacían telemaratones, cuando aparecían balseros salían en todos lados. Esta operación consiguió mucha simpatía y convirtió a Basulto en un personaje popular dentro de Miami”.

Pero simultáneamente, el núcleo duro de la organización avanzaba en otra dirección.

Parte 2: René González Sehwerert analiza la acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra el general de ejército Raúl Castro Ruz por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, y la sitúa en el contexto de la nueva ofensiva de la administración Trump contra Cuba: el bloqueo petrolero de diciembre, las órdenes ejecutivas del 29 de enero y del primero de mayo, y el impacto concreto de estas medidas sobre la economía, la energía y el sistema de salud cubano.


“Yo recuerdo que él me consultó con un mapa de la red eléctrica cubana para explorar la posibilidad de aterrizar en un avión ligero y poner explosivos en algunas torres de alta tensión, de modo que se cortara el sistema eléctrico del país”.

Era agosto de 1992. La organización tenía apenas quince meses de vida.

Esa acción finalmente no se concretó, pero la escalada continuó. Para 1993 y 1994 comenzaron los intentos de vincularse directamente con sectores de las Fuerzas Armadas cubanas.

Basulto exploró la posibilidad de comprar aviones militares dados de baja, un L-39 y un MiG-23. Y el 17 de abril de 1994, fecha elegida no casualmente para evocar Bahía de Cochinos, se produjo la primera gran incursión publicitada sobre La Habana.

“Ese día entramos a las aguas territoriales de Cuba, volamos a unas dos o tres millas del Malecón, lanzando bengalas, granadas de humo, haciendo un espectáculo frente a La Habana”, recuerda René González.

“En ese momento se inauguró lo que vendría siendo el esquema de la payasada: quién venía y hacía más payasadas a Cuba para después regresar a Miami y ser el héroe del día”.

Siguieron incursiones el 15 de julio de 1995, en noviembre de 1995, otra por Guantánamo. Y antes del derribo definitivo, otro episodio que René describe con particular cuidado: la organización, que para entonces había incorporado a Juan Pablo Roque, otro infiltrado cubano, realizó pruebas de armas antipersonal pensadas para ser lanzadas sobre Cuba en caso de producirse motines o manifestaciones masivas.

“De modo que esas armas, utilizadas en manos de los amotinados, crearía una situación humanitaria terrible dentro del país y eventualmente implicaría la intervención de Estados Unidos en Cuba”, relata.

Expliqué todo esto, dice René “para que se entienda cuál es la evolución que llevó desde la fundación de una organización supuestamente humanitaria al derribo de dos de sus aviones en el año 96”.

El esquema tenía una lógica que René sintetiza con precisión: “Cuando ellos entraban a Cuba, eran cubanos libres que estaban ejerciendo el derecho de entrar a su país. Cuando Cuba reaccionaba, regresaban a Estados Unidos y le exigían al gobierno americano que hiciera algo porque ellos eran americanos. Eso es un esquema que viene desde que yo tenía cinco años y no cambia”.

La acusación a Raúl: política disfrazada de justicia

Treinta años después de aquel 24 de febrero, el Departamento de Justicia de la administración Trump presentó cargos contra Raúl Castro Ruz.

La acusación se apoya, entre otras piezas, en un audio atribuido a Raúl. René lo conoce y ofrece su lectura. “El audio, sí, pareciera ser real. Pero lo mejor que tiene ese audio es que es exculpatorio. Porque todo lo que está hablándose en ese audio tiene que ver con la violación de la soberanía del país. Lo que Raúl está diciendo es que tengan cuidado, que no lo derriben sobre tierra, porque si derriban un avión sobre el Malecón de La Habana puede caer en el Hotel Nacional. Y lo que está diciendo es que lo derriben sobre el agua, sobre la parte territorial conformada por el mar. No se habla de irlos a buscar en aguas internacionales. Al contrario, se insiste en que Cuba está defendiendo su soberanía y que no va a permitir más que se siga entrando al territorio impunemente”.


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Raúl Castro, emblema de la Revolución Cubana, cumple 95 años este 3 de junio.


René agrega que “el audio me causa risa porque es inculpatorio desde el punto de vista de la legalidad. No implica ninguna culpabilidad en absoluto. Muy por el contrario, implica a un Jefe de Ejército que está cumpliendo con el deber de proteger las aguas territoriales del país”.

La debilidad jurídica del caso, sin embargo, no es el punto central para René. “Hay que entender que a ellos no les importa mucho la justicia. Ni les importa tampoco ni la ley internacional ni la suya propia. Tienen un presidente ilegalmente preso en Nueva York en este momento. ¿Cuál es el que hace la lista de países terroristas? El país que durante 60 años ha estado cometiendo actos terroristas contra Cuba. Si realmente en este planeta existiera la justicia, aquí en Cuba estarían presos todos los presidentes de Estados Unidos desde el 59”.

El objetivo real de la acusación, según René, es otro: “Lo que están tratando ellos, en el contexto de esta situación en la que Trump además es un desquiciado, un sociópata que puede hacer cualquier cosa, es que el encauzamiento a Raúl incremente el peso de la variante más salvaje, más bestial, que sería una invasión a Cuba. Ellos están tratando de añadir a esa fórmula una variable que ponga a Trump en la disyuntiva de hacer algo. Analizando la conducta de Trump, ellos ven como continuidad lógica de este paso que Trump opte por alguna medida contra Cuba”.

Hermanos al Rescate aspiraba a eso desde el principio, recuerda René. “Lo que todo el esquema de provocaciones en los años 90 buscaba era exactamente eso: la invasión que no les entregaron en el año 61. Esa espina clavada según la cual Kennedy no invadió a Cuba cuando ellos esperaron que lo hicieran”.

René traza una línea de continuidad histórica que explica por qué nada de esto le resulta nuevo. “Pareciera que cada 30 años se alinean las estrellas y se crean las condiciones para caer en una situación como esta. En el año 61, Cuba luchando por su supervivencia, Estados Unidos tratando de asesinar a la revolución en la cuna. En los años 90, el campo socialista derrumbado, Cuba sola tratando de construir el socialismo. La situación económica muy complicada. Y viene la Ley Torricelli, luego la Ley Helms-Burton, y Estados Unidos aprieta el bloqueo. Ahora estamos en una situación similar. Es como que vuelve a repetirse la historia”.

El golpe de enero y sus consecuencias concretas

El 3 de enero de este año, con el secuestro del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, marcó un punto de inflexión. René enumera sus consecuencias con la precisión de quien las vive y también las analiza.

“Vamos a pensar no solamente en el tema del petróleo y la energía, que ya de por sí pudiera poner de rodillas a cualquier sociedad. Es la cantidad de turistas que han dejado de venir en la alta temporada y a los que hubo que devolverles el dinero. Es cómo se ha reducido la capacidad productiva del país. Este golpe nos ha costado varios miles de millones de dólares. Posiblemente en este momento, si nos dejaran comprar petróleo, no podríamos ni comprarlo porque no tenemos el dinero”, grafica René González.

A eso se suman los efectos sobre las misiones médicas. “Han presionado a un montón de gobiernos para que retiren a los médicos de Cuba. Ese dinero era para poder mantener el sistema de salud universal que tenemos. Y ha sido golpeado su corazón, haciendo que varios países actúen en contra de su propia población para privar a Cuba de un ingreso”.

La conexión entre el presente y la vieja aspiración de Hermanos al Rescate de cortar la red eléctrica cubana no se le escapa. “En el año 92, Basulto me consultaba sobre la posibilidad de poner explosivos en torres de alta tensión. Ahora el gobierno norteamericano está haciendo lo mismo, haciéndola peor a través del bloqueo. Han tomado medidas quirúrgicas dirigidas al corazón de las actividades que nos permiten mantener el país viviendo, funcionando”.

“Si viene, nos vamos a defender”

Frente a los rumores de intervención militar, incluidas declaraciones de la gobernadora colonial de Puerto Rico adelantando un posible ataque, René González combina el análisis frío con la honestidad sobre el estado de ánimo popular.

“Yo pienso que a lo mejor Trump esperaba que para este momento ya hubiera existido el colapso. Ellos siempre han subestimado la resistencia de los cubanos. No deja de ser cierto que la gente está inconforme, que la gente está molesta. Muchas veces criticamos al gobierno por políticas que pudieron haber sido más efectivas”, describe.

Pero también afirma que “hay mucha conciencia aquí en Cuba de quiénes son los verdaderos responsables. Que todos los días se levantan pensando en cómo nos dañan. Y para la mayor parte de los cubanos, es un problema de elemental dignidad no admitir que venga a salvarte el que te ha estado agrediendo durante 60 años”.

Sobre las declaraciones Jenniffer González-Colón, la gobernadora de Puerto Rico, señala que “esa señora es irrelevante. Pero el uso de tipos como ella también forma parte de la guerra psicológica”.

Y luego, con una franqueza que sorprende: “Aquí a veces nosotros nos ponemos a conversar y decimos: ‘Bueno, que acaben de llegar ya y entrarnos a tiro, ¿cuál es el problema?’ Porque hay veces que me levanto por la mañana pensando en mis trabajadores que no están trabajando porque no hay combustible. Y no están ganando el dinero que pueden ganar. Y de verdad que a veces tengo el deseo de que vengan y coger un fusil y acabar de resolver el problema. Después se me quita, porque la guerra es una salvajada. Pero no deja de ser un elemento que gravita sobre la población”.

La evaluación estratégica es igualmente descarnada. “Lo único que inhibe a Trump en este momento es el cálculo de cuánto le costaría. Él puede levantarse un día y, si los archivos de Epstein se resolvieron un poco, decidir meterle mano a Cuba para que la gente no piense en los archivos de Epstein. O puede tener un problema con Melania y meterle mano a Cuba. Esa es la realidad. Es un tipo que actúa así”.

Pero si ocurre, dice René, la respuesta está clara. “Nosotros tenemos una concepción de guerra que es la guerra de todo el pueblo. Estamos conscientes de que en las fases originales de un conflicto con Estados Unidos ellos van a avanzar lanzando misiles, con la aviación que tienen, con mucha tecnología. Pero también estamos preparados para hacerles daño desde el principio”.

De todos modos, enfatiza que Estados Unidos tiene un talón de Aquiles. Para René “sus guerras son cada vez más inmorales y el pueblo americano se opone más a recibir muertos. El síndrome de Vietnam no los ha abandonado del todo. Si realmente quieren influir en lo que va a pasar aquí, tendrán que poner la bota en el país. Y la doctrina de la guerra de todo el pueblo es cada cubano que quiera luchar con un fusil en la mano. Cuando ellos pongan el pie en tierra, va a haber unos cuantos miles de norteamericanos que van a perder la vida”.

“Es tan obvio que sería tan beneficioso para ambos países sentarse, ponerse de acuerdo y tener una relación normal, que a veces es inconcebible que haya quien no piense que esa es la solución

René González Sehwerert

“Yo no quisiera tener que dispararle a ningún joven americano, que no tiene nada que ver conmigo. Yo quisiera recibirlo aquí como turista, como amigo, como deportista de la aviación que soy. Pero si se produce esa agresión, vamos a defender”.

Humanismo total, en palabras del Héroe de un país que exporta médicos frente a una potencia que siembra guerras.

La solidaridad internacional: insuficiente

René González no tiene reparos en decir lo que piensa sobre la respuesta de la comunidad internacional.

“Creo que hace falta más. Yo estuve en Chile hace unos meses, de hecho, el 3 de enero estaba en Chile, y les decía a los compañeros que necesitamos solidaridad preventiva. Que la gente siembre conciencia acerca del hecho de que realmente puede pasar, de que no es un juego, de que no es una barrabasada de Trump. Si a él alguien lo convence de que el cálculo es positivo en términos de costo-beneficio, él lo hace. Tiene las características personales para cometer cualquier crimen. Y muy fácilmente, aunque después lo pague con su presidencia”, dice René González.

Sobre los gobiernos del mundo remarca que “me da pena cómo se ha asumido como natural la prerrogativa de este señor de decidir quién gobierna en cualquier país. Y esto lo dice alguien que en su propio país impugnó las elecciones y decidió que él tenía que seguir gobernando. Hay mucha cobardía moral en el mundo, mucha gente que piensa solamente en su salario. El periodismo se ha prostituido completamente. El mismo genocidio de Gaza: ¿cuántos millones de personas no han salido a las calles a protestar? Y los gobiernos se hacen los ciegos”.

La conclusión es amarga, pero sin autoengaño: “Cuba ha dado mucha solidaridad y ha ayudado mucho. No estoy tan seguro de que vayamos a recibir de vuelta ni siquiera la mitad de esa solidaridad. Lo digo como cubano. Tenemos que prepararnos para defendernos, para ser nosotros quienes le dejemos pagar ese costo a Trump si se decide lanzar esa aventura. Tendremos que hacerlo y después darnos golpes en el pecho de que fuimos los que lo hicimos solos. Es una pena. A excepción, por ejemplo, del gobierno de México, que ha sido ejemplar en la conducta que ha tenido, la reacción en términos de lo que llaman la comunidad internacional es bastante tibia”.

Termina con lo que podría ser el resumen de toda la conversación: “Es tan obvio, tan obvio, que sería tan beneficioso para ambos países sentarse, ponerse de acuerdo y tener una relación normal, que a veces es inconcebible que haya quien no piense que esa es la solución. Y que haya gente que esté empujando por la guerra. Que va a ser mala para ambas partes. Cuando ellos pudieran venir aquí a hacer negocios con nosotros, traer turistas, invertir, hacer lo que quieran. Sin necesidad de acudir a esa salvajada. Pero desgraciadamente el mundo no es como uno quiere”.

La luz siguió yendo y viniendo en La Habana mientras René González Sehwerert hablaba. Una señal que habla de la intermitencia que genera la crisis acelerada por el bloqueo de Estados Unidos, que lleva más de 6 décadas.

Pero también de como la fuerza de un pueblo es capaz de emerger, luminosa y contagiosa, cada vez que la oscuridad parece terminar con todo.


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