Pablo Torres, psicólogo y dirigente de CICOP, trazó un diagnóstico brutal del estado de la salud pública en Argentina: recortes, colapso de la demanda, emergencia en salud mental y un sistema fragmentado que necesita ser refundado.
Cuando se le pidió que se imaginara explicándole la situación a alguien que volvió al país después de un largo tiempo desconectado, Torres no dudó. La respuesta salió ordenada, sin rodeos, con la experiencia de quien lleva años pensando el mismo problema desde adentro.
“La provincia de Buenos Aires tiene sus particularidades en este momento, pero no está exenta de lo que está ocurriendo a nivel país. Las políticas del gobierno nacional de manera directa o indirecta atacan la salud pública en su conjunto.”
Lo directo, enumeró Torres, tiene nombre y apellido: el cierre de programas, los intentos de cerrar el Hospital Bonaparte, el desmantelamiento, al menos parcial, de Remediar, el retiro de medicamentos gratuitos a los jubilados, los intentos de reformar regresivamente la Ley de Salud Mental. “La lista es extensa”, dijo en la entrevista con el programa Informe de Pájaros, por Radio con Aguante.
Pero hay también un daño más silencioso, estructural, que opera por vía indirecta: una política económica recesiva que golpea la recaudación de provincias y municipios y, por lo tanto, contrae los presupuestos sanitarios. En el caso de la provincia de Buenos Aires, Torres fue más preciso: “Tenemos un pie puesto sobre el cuello de la provincia para asfixiarla, que también repercute en la situación sanitaria”.
Reconoció, en ese punto, que el gobierno de Axel Kicillof hace esfuerzos para morigerar el impacto. Pero enseguida relativizó el mérito: “Como venimos de una situación previa ya complicada, siempre los esfuerzos son insuficientes.”
El escándalo de la mortalidad infantil
En otro flanco de la conversación se habló de cómo la crisis económica no solo destruye presupuestos, sino que enferma cuerpos. Torres tomó el hilo y lo llevó a un dato que definió como “escandaloso”.
“La mortalidad infantil venía bajando de forma sistemática en la Argentina con distintos gobiernos, incluso con gobiernos neoliberales venía bajando. La novedad es que está empezando a subir”.
Para él, eso no es un accidente estadístico. Es la consecuencia previsible de un combo: abandono del suministro de medicamentos, cierre de programas, y el deterioro generalizado de las condiciones de vida de los sectores populares. En ese punto recurrió a Ramón Carrillo, el mítico sanitarista peronista: “Frente a la miseria y la pobreza, las bacterias como causa de enfermedad son unas pobres causas”.
La frase no era decorativa. Torres la usó para instalar una idea que atravesó toda la charla: la salud no se decide solamente en los hospitales. “La salud no solo depende de lo que se haga en los hospitales, eso no quiere decir que no sea muy importante. Pero además hay un deterioro en el ambiente, en la alimentación, en lo que tiene que ver con la salud mental, porque obviamente una persona que pierde su empleo tiene también un impacto sobre su propia salud mental y sobre su grupo familiar”.
La salud mental: una emergencia dentro de la emergencia
En torno a la pregunta sobre salud mental Torres la recibió con una aclaración inicial que sonó casi como una advertencia: antes de hablar del presente, hay que entender que el punto de partida ya era malo.
La Ley Nacional de Salud Mental, dijo, fue un avance conceptual genuino. El reconocimiento del padecimiento mental como categoría, la apuesta por la desmanicomialización, el respeto de los derechos de los pacientes: todo eso marcó un cambio de paradigma. El problema está en otro lado.
“La ley preveía una asignación presupuestaria para el área de salud mental. Creo que era el 10% del presupuesto de salud, si no me equivoco, y estamos por abajo del 2%”.
La brecha entre lo que la ley prometía y lo que el presupuesto habilita es, según Torres, el nudo del problema. La norma planteaba desarrollar mecanismos alternativos al manicomio: salas de internación breve en hospitales generales, dispositivos de atención cerca de los lugares de residencia, hogares de día para quienes los necesitaran, procesos de inserción laboral y social para los pacientes. Nada de eso pudo desplegarse con la intensidad necesaria.
“Pensemos que si hoy para una persona sin padecimientos mentales graves ya está difícil tener un trabajo que permita llegar a fin de mes, ¿qué pasa con quien además carga con un padecimiento?”
Sobre si ya estamos ante una emergencia en salud mental, Torres no esquivó: sí. Y describió una situación que se agrava en capas. Faltan guardias de psiquiatría, psicología y servicio social en los hospitales generales. Falta personal de enfermería especializado, “no es lo mismo atender un paciente de clínica médica que un paciente con un padecimiento mental”. Hay problemas crónicos en el suministro de medicación psicotrópica. Y todo eso preexistía al gobierno de Milei.
A ese cuadro se le suma, dijo Torres, el clima social: “Toda esta cosa violenta que irradia desde el gobierno para abajo, el tema de la liberalización en el uso y la portación de armas de fuego. Ya hemos tenido lamentablemente algunos episodios en escuelas de este tipo que nos hacen recordar lo que pasa en Estados Unidos, donde estos episodios son cotidianos”.
El pluriempleo y el aumento de la demanda
Hay un dato que Torres deslizó casi al pasar y que dibuja, con precisión quirúrgica, la magnitud del desajuste: el 70% de los profesionales de la salud tiene dos o tres empleos para redondear un ingreso digno. El pluriempleo no es una elección; es una necesidad impuesta por salarios deteriorados.
Al mismo tiempo, la demanda en el sector público creció de manera sostenida. La razón es directa: cuando aumenta la desocupación, la gente pierde la cobertura de su obra social y termina recurriendo al hospital público o al centro de salud estatal. “Algunos estiman el 40% el aumento de la demanda que ha habido en el sector público cuando simultáneamente se reducen los presupuestos. Es terrible la situación”.
Más demanda, menos recursos, profesionales agotados por el multiempleo. El combo que describió Torres no es metafórico.
CICOP y la gestión Kicillof: avances insuficientes
Mercau preguntó por la actividad gremial de CICOP en este contexto y Torres hizo una distinción que consideró necesaria: la provincia de Buenos Aires no es el gobierno nacional.
“En el gobierno de María Eugenia Vidal, los ingresos de personal a la planta profesional de los hospitales fueron prácticamente cero. Con Kicillof tuvo un importante incremento durante la pandemia, y se sostuvo después.”
También mencionó un proceso de precarización laboral que él mismo vivió desde su época de residente. Recordó que durante la residencia no había aportes jubilatorios, era una beca, no una relación laboral formal, lo que dejaba a los profesionales con años enteros sin cobertura previsional. Y que, al terminar la residencia, la provincia había capacitado a esa persona, pero no le garantizaba inserción en el sistema: “Era como en el juego de la oca cuando te sacaban y volvías al punto de partida.”
Eso, dijo, está cambiando. Pero la vara de comparación importa: “Venimos de tan atrás que siempre es insuficiente”.
La propuesta: un sistema único, financiado y democratizado
El último tramo de la charla llegó con la pregunta más estructural: ¿qué políticas faltan para que la salud sea un derecho real? Torres ordenó la respuesta en tres ejes.
El primero es el financiamiento. Y lo ligó inmediatamente a un ejemplo concreto: los medicamentos representan alrededor del 30% del presupuesto de salud. Si existiera una política robusta de producción pública de medicamentos, sueros y vacunas, “tenemos capacidades para hacerlo”, ese gasto se reduciría sustancialmente y los recursos liberados podrían ir a recursos humanos mejores pagos.
El segundo eje es la fragmentación del sistema. Torres describió un mapa complejo: el sistema está partido entre lo estatal, las obras sociales y el sector privado. Pero incluso dentro de cada uno de esos segmentos hay fragmentación. En el caso de las obras sociales, no es lo mismo pertenecer a un sindicato poderoso que a uno pequeño, ni tener cobertura en el AMBA que en el norte del país. En el caso del sistema público, la provincia de Buenos Aires no tiene uno sino 136 sistemas: el provincial y los 135 municipales, que “hacen lo que quieren, o lo que pueden, o una combinación de ambas cosas”.
Desde esa diagnosis, Torres fue claro sobre su horizonte: “Mi ideal es un sistema único de salud. Como tiene Inglaterra. No hace falta ni siquiera hacer la revolución socialista: como tiene Brasil. Con problemas, con dificultades, bajo ataque ambos sistemas porque el capitalismo busca destruirlos. Pero está demostrado que los países que tienen sistemas únicos de salud tienen mejores índices sanitarios.”
Sobre las obras sociales vinculadas a los sindicatos, Torres fue directo. Recordó el célebre cantito de la era Macri, “poné la fecha”, para ilustrar cómo el financiamiento estatal a las obras sociales sindicales funcionaba históricamente como palanca de control sobre la conflictividad: “Cada vez que había que poner una fecha venía una plata del Estado para las obras sociales sindicales y se acababa la fecha.” Y agregó que el sistema, además de fragmentado, “es solidario fundamentalmente con el sector privado, que lo ha parasitado, y por eso también en buena medida la crisis que tiene el sistema de obras sociales”.
El tercer eje, que Torres guardó para el final y que se destacó como el más novedoso, es la democratización del sistema. No alcanza con que participen los trabajadores del sector en las decisiones. Hace falta incorporar a la comunidad de una manera que vaya más allá de los promotores de salud, que hoy, dijo, funcionan como “mano de obra barata o gratuita” convocados para campañas puntuales.
“Necesitamos otro tipo de participación de la comunidad. Como tiene Brasil, por ejemplo: consejos populares de salud en todos los niveles, a nivel de cada establecimiento, a nivel de los municipios, a nivel de la provincia y a nivel nacional”.
Mercau lo comparó con el cogobierno universitario: trabajadores, profesionales y comunidad como parte de la conducción del proceso de salud. Torres asintió.
Al cerrar, Torres mencionó que CICOP acababa de ratificar a su conducción en elecciones con el 73% de los votos. Lo dijo con satisfacción, pero sin perder el tono de quien sabe que los festejos duran poco cuando el sistema al que le dedican la vida, sigue en llamas.
Informe de Pájaros
- Martes | 20 a 22 en Radio con Aguante
- Con Pablo Mercau, Solana López, Jorge Kreyness y Luana Haiht.
- #ElVueloContinúa

